Erich Fromm y el capitalismo en el diván

[Espacio de Formación Política]

Por Alejo Brignole

En la edición del 25 de junio de 2017 en Democracia Directa publicamos una nota titulada Cuba y el Mundo: Un psicoanálisis, en donde utilizábamos algunos aportes de Erich Fromm, aplicándolos a la Revolución Cubana y al contexto internacional. Esta utilización de Fromm para explicar la política no era casual, pues fue él quien intentó diseccionar desde la órbita psicoanalítica las neurosis y patologías civilizatorias y su sintomatología.

Nacido en 1900 en Frankfurt de Meno, Alemania, en el seno de una familia judía de larga tradición ortodoxa —el mismo Erich contempló convertirse en rabino durante su adolescencia— se graduó en 1922 en sociología en Heidelberg, con una tesis doctoral que versaba sobre el Talmud y la ley judaica. En 1926 contrajo matrimonio con la psicoanalista Frieda Reichmann, también una judía ortodoxa, aunque más tarde ambos abandonaron las prácticas religiosas. Este distanciamiento sería el primer paso en la evolución del pensamiento frommiano, pues Fromm fue, ante todo, un analista de las amarras que sujetan al hombre, de sus condicionantes sociales y culturales. La religión entre ellos.
Adscrito primeramente a las tesis de Sigmund Freud, no tardó en abandonarlas parcialmente bajo una óptica superadora, y hacia 1929 comenzó a tratar a algunos pacientes, aunque no poseía una licencia como psicoterapeuta (como muchos en aquellos años iniciáticos de la nueva y revolucionaria disciplina). Un año después, en 1930, fue invitado por Max Horkheimer a dirigir el Departamento de Psicología del recientemente creado Instituto de Investigación Social en Frankfurt de Meno, y que sería parte de la denominada Escuela de Frankfurt, y de la cual Erich Fromm fue un integrante insoslayable y fundamental.

La irrupción nazi en el escenario político alemán obligó a todos los investigadores del instituto a emigrar para salvar sus vidas y poder continuar sus estudios, que prosiguieron en Estados Unidos. Sin embargo allí surgieron algunas divergencias intelectuales entre Fromm y otros miembros de la institución, especialmente con Herbert Marcuse y Theodor Adorno, quienes trabajaban sobre las analogías existentes entre las tesis marxistas y freudianas.

Para Fromm, el forzamiento unificador entre ambas teorías que llevaba adelante la Escuela de Frankfurt y el denominado freudo-marxismo, impulsado por Marcuse y Adorno, no era el enfoque adecuado para sintetizar ambas teorías, lo que redundó en el alejamiento de Fromm de la institución en 1939, continuando individualmente sus estudios psicoanalíticos aplicados al entorno social.

La década de 1940 no fue por ello menos fecunda para Fromm, pues luego de ese alejamiento produjo obras que hoy son de lectura ineludible para abordar el análisis sociológico del siglo XX.

Separado de su primera esposa en 1931, decide vivir en México a partir de 1950. Allí Erich Fromm enseñó en los claustros de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde fundó la Sección Psicoanalítica de la Escuela de Medicina, además del Instituto Mexicano de Psicoanálisis.

Su segunda esposa fallecería dos años después del aquel traslado al país azteca, y Fromm comienza a participar activamente en los movimientos pacifistas contra la Guerra de Vietnam, a la vez que se iba alejando paulatinamente de las simpatías marxistas alineadas con la Unión Soviética, y mutaba su ideario hacia un socialismo más democrático o de tipo dialéctico-humanista, como él definiría sus nuevas posiciones ideológicas. Algo que —por otra parte– también estaba en sintonía con los debates desarrollados en el seno de la Escuela de Frankfurt que ya había abandonado. La búsqueda de una crítica constructiva al marxismo, aplicado en la era estalinista formaba parte de las discusiones vertebrales de toda una generación de intelectuales marxistas europeos, adscritos o no a la Escuela de Frankfurt. Por entonces ya había redactado una de sus obras fundamentales, El Miedo a la Libertad, de 1941. En 1956 publica El Arte de Amar.

A Erich Fromm le debemos conceptos como el Síndrome de Decadencia —o necrófilo—, y el Síndrome de Crecimiento —o biófilo— de una sociedad, siendo el primero vehiculizador de muerte (el régimen nazi, la carrera armamentista nuclear y la Guerra Fría eran para él excelentes ejemplos de estas dinámicas necrófilas). Mientras que el segundo (los impulsos biófilos) son los que motorizan a una sociedad hacia ideas de justicia colectiva, de ampliación de derechos e instancias de diálogo. Según Fromm, los paradigmas legitimados por el capitalismo (que conducirían en última instancia a desviaciones fascistas) con su legado de destrucción medioambiental, militarismo y marginación social, eran un claro síntoma de una estructura psicosocial prevaleciente de tipo necrófilo, muy interiorizada en la civilización actual.

A esta dinámica necrófila generalizada Fromm la identificaba como una ‘psicopatía del conjunto’, que pasaba inadvertida o era soslayada, precisamente por el carácter colectivo de su naturaleza. Este componente social dificultaría el diagnóstico al ser una patología ‘normativizada’.

Sobre estas desviaciones de la psique social, en 1955 Erich Fromm había publicado su obra Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea (The Sane Society, su título el original inglés) y que está considerada como una extensión analítica de su libro El miedo a la Libertad, de 1941. Sólo que en el segundo ensayo su objeto de estudio se centra más en el análisis de la sociedad capitalista y las formas de sometimiento actuantes en la psique social. Una reflexión además enfocada en la sociedad estadounidense, a la cual consideraba una expresión paroxística y extrema de los paradigmas que regían en todo el occidente rico.

Si bien Freud ya había abordado el psicoanálisis como instrumento de explicación social en sus obras como Totem y Tabú de 1913 y el Malestar de la Cultura, de 1930, entre otras, Sigmund Freud aplicaba a sus análisis un determinismo pulsional (mandato de los instintos), que relegaba la importancia de la cultura y el momento histórico en la conformación psíquica del individuo. Algo que para Fromm resultaba de primer orden en el análisis psicosocial. Muy esquemáticamente podríamos señalar que para Freud los eventos históricos estaban supeditados al psiquismo de sus protagonistas, mientras que para Fromm era a la inversa: el momento histórico (en tanto cultural, económico y social)  moldeaba a cada sujeto y por tanto a la psique colectiva.

A lo largo de su vida Erich Fromm publicó más de 20 títulos que hoy forman parte de la biblioteca ineludible de sociólogos, psicoanalistas y filósofos sociales. Cabría mencionar obras como Las Cadenas de la Ilusión, o Del Tener al Ser y Sobre la Desobediencia. En ellas disecciona el espíritu último del hombre, inserto en la sociedad como víctima y motor de alienaciones sutiles producidas por las herencias verticales religiosas, legales y culturales.

Dueño de la una prosa inteligible y amena, Fromm fue en este aspecto quizás el autor más transparente y accesible de la primera generación de la Escuela de Frankfurt, y uno de los que más ha ayudado a divulgar una mirada crítica a los sistemas imperantes y a una reflexión psicoanalítica de los eventos políticos.

Instalado en Suiza en sus últimos años, Fromm murió en 1980 habiendo dejado un legado de claridad reflexiva para entender los procesos históricos y a la propia humanidad.