Crónica de mi visita a Bolivia

Eugen Gomringer*

En la aventura de mi vida, la Poesía Concreta ha resultado ser uno de los pilares más significativos de las relaciones culturales entre Suiza y Bolivia. En este tema, el año 2015 es uno de los más importantes con respecto a décadas y a generaciones, esto por las coincidencias de varias iniciativas que se dieron ese año. 
Históricamente, los suizos han tenido su papel como emigrantes en el mundo y en Bolivia, en particular durante la época de la explotación del caucho, junto a la presencia de otros extranjeros, en un territorio de naturaleza salvaje como es la amazonia. Recientemente, el interés por la renovación poética vino del lado boliviano y hemos analizado nuestra propia contribución cultural en hechos muy notables. Primero hablemos de diferencias que parecen llamar la atención en una visión superficial de estos dos países: por un lado actúan las condiciones topográficas, así como la oposición común entre las peculiaridades de tierras bajas y altas propias de cada país y las etnográficas en ambas naciones. Por otra parte en Suiza todo es a pequeña escala y en Bolivia todo es a gran escala.
Después de años de intenso intercambio entre mis amigos escritores se dispuso la celebración de mi cumpleaños en Bolivia, mi país de nacimiento. Lo organizó mi colega y amigo Marcelo Arduz Ruiz, escritor y poeta, compañero de mis primeros viajes en Bolivia. Esas veces él me contactó con la prensa y en 2015 arregló mi regreso al Beni. En los preparativos se cuidó el significado internacional de la poesía concreta y las posibles raíces en el culto que se tiene en Bolivia. Fui al Beni para ser galardonado con un doctorado honorario de la Universidad Autónoma, homenaje que se llevó a cabo en la ciudad de Trinidad. Todo se desarrolló intensamente en dos semanas, tanto los grandes como los pequeños actos en honor. La patria de nacimiento me ganó de nuevo con personalidades muy humanas y de una gran cultura.
Después de veinte años fue mi reencuentro con Santa Cruz de la Sierra, una Boomtown, ciudad de rápido crecimiento, fue la puerta de entrada de mi llegada a Bolivia, la ruta del sur americano. No es extraño que, de hecho, el Papa argentino hubiera elegido previamente a esta ciudad para su viaje a Bolivia. Significativamente más caliente que otras ciudades. Días después las celebraciones se realizaron en Trinidad. Se había anunciado algunas sorpresas. La primera se produjo inmediatamente después de mi arribo a Santa Cruz, donde me aguardaba la edición recién impresa de la Antología de la poesía del siglo veinte en Bolivia, publicada por editorial Visor de España, que incluye poemas de mi autoría. La edición de esta antología estuvo a cargo del poeta Homero Carvalho, una de las figuras principales de la cultura de su país, quien me entregó un ejemplar. Carvalho también me entregó dos libros de poemas suyos publicados en 2015, que necesariamente deben ser considerados como sorpresas en su campo. Mientras que uno de ellos, La luna entre las sábanas, es de frases breves, como aprendió en la escuela de la poesía concreta, se satisface con un gran conocimiento erótico y sensual de una extraña manufactura. 
En el otro libro, con la misma rigurosidad como constante, actualiza poéticamente los Quipus andinos como un nudo central de la cultura andina. Carvalho es conocedor de la cultura del altiplano, no solamente tiene acceso a las tradiciones, sino también conoce los rituales y los enlaza con la historia de las revoluciones de su país; así el enlace, el nudo y la socialización van, en su poemario Quipus, como la suma de los códigos de números a una lengua literaria enigmática. Tal vez los poetas son los más adecuados para interpretarlos y, posiblemente, de visualizar lo concreto con gran ingenio. En este libro la poesía y la cultura tienen un insondable “punto de fricción”.
Fueron muchas las sorpresas en los días cálidos del mes de octubre —días de primavera—. La obsesión de ir y ver por todos los lados. Mi visita se planteaba como una misión con la ayuda de la memoria y la poesía concreta. 
El vórtice permanente a su centro se interrumpe repentinamente en una comunicación. Resulta que yo había sido destinatario de un mensaje durante algún tiempo por parte de Lorena Córdoba, una atractiva y agradable doctora de Antropología, de la Universidad de Buenos Aires, quien me hizo una breve presentación de la publicación de su libro Dos suizos en la selva, que son historias en la amazonia boliviana durante el auge de la producción de caucho en el este de Bolivia. El libro es la traducción de las experiencias de dos expatriados suizos y unidas en un solo volumen. Fue en el momento histórico en el área alrededor de Cachuela Esperanza, mi lugar de nacimiento; así como también yo sabía que los manuscritos originales estaban en el idioma del país donde me crié. Hasta ese momento, los dos libros existían como documentos por separado y los habían leído probablemente algunos pocos investigadores de la emigración suiza a América del Sur. 
El primer libro, de Franz Ritz, Cazadores de caucho en la selva, (OrellFüssliVerlag), publicado en 1934, y el otro, de mi padrino Ernst Leutenegger, La gente en la selva, (ms Metz Zurich), apareció en 1940. Se trata de reminiscencias del pasado de la “Colonización cauchera que pertenece casi por completo al olvido y a partir de estos libros la vista otra vez se extiende a este período”. Sin embargo, los informes no sólo ganaron cierto interés en Suiza, otros investigadores ambiciosos de las cuencas de Bolivia como el alemán Hans JoachimWirtz también lo hicieron y siempre están presente los intereses individuales. 
El riesgo de la aventura atrajo a muchos. El informe de Franz Ritz comienza con la frase: “En las venas de los suizos fluye sangre aventurera”, y Ernst Leutenegger dice “en los viajes a Bolivia soy libre, con unos cientos de francos en el bolsillo y un buen trabajo en una gran casa de la exportación de caucho”. 

*Poeta boliviano considerado ‘Padre de la poesía concreta’.