Los rituales personales tras los sueños en la Alasita

David Aruquipa

Muchos son los actores que integran esta fiesta, muchos fueron también los protagonistas que se esmeraron en su postulación, entre ellos el gobierno municipal en transición.

Jackeline Rojas Heredia

¡Qué ojos tan grandes y qué inmensa panza tiene!, solía pensar de niña cada vez que miraba la figura del Ekeko. Lo veía fuerte por cargar tanta cosa que se me hacía pesada y alegre por andar con la barriga llena. Entonces desconocía de quién se trataba y todo el mito e historia detrás de él. Este enero, mes especial, muchos, sobre todo en la ciudad de La Paz, aguardan la llegada del día 24, la llegada de la Alasita con el llamado Dios de la Abundancia, Ekeko.
Hoy se ha hecho más importante e involucra con mayor ímpetu a todos y todas. Las Alasitas, sea en plural como se usó en el siglo XX o en singular, como se dice se usó durante el siglo XIX, realiza por unos días el milagro, integra las diferencias, une a todos en distintos anhelos, pero  en un sueño, permite el diálogo, el contacto pacífico, la alegría y rememora que todos sin distinción somos hijos e hijas de esta tierra, Bolivia.
Éste es un trozo de la historia de cómo se proyectó su reconocimiento mundial, de cómo integró a las autoridades opositoras u oficiales, a las instituciones, a los maestros de la artesanía en miniatura, los comerciantes de la federación de artesanos de Navidad y Alasita (Fenaena), y es el resumen de cómo los paceños participan y dan su autorización para dicha postulación.
No analizaremos los elementos prehispánicos con los que nace y se desarrolla (illas, isphallas, todos ellos están en la historia de las naciones indígenas, sobre todo la de aymaras y quechuas, y no fue lo que la Unesco tomó en cuenta, aunque se debe dejar en claro que toda esa historia, cosmovisión compartida con los habitantes de lo que fue el Alto Perú son la base, pilar central, cimiento de lo que hoy es patrimonio de la humanidad.
Tampoco vamos ‘aguar’ (arruinar) la fiesta aludiendo a quienes hicieron más y quienes sólo fueron a cosechar los aplausos o quienes pregonan en publicaciones y espacios de tránsito una autoría que no les pertenece porque la Alasita (definición académica) o las Alasitas (uso común de los actores sociales) le pertenece a la población paceña y hoy a toda la humanidad.
A los paceños porque el reconocimiento de la Unesco es a todos esos rituales que cada persona en la ciudad de La Paz realiza el 24 de enero, cuando la urbe más tensa y bulliciosa se paraliza y se mueve en torno a los sueños, a la fe. Un hecho que sólo sucede en La Paz. 
“Nos referimos a las decisiones individuales, colectivas o intelectuales que toman los individuos al momento de ir a la Alasita. ¿Por dónde van a comenzar? ¿Qué rituales van a seguir?”, explicó Carmen Beatriz Loza, profesional de la Unidad de Arqueología y Museos del Ministerio de Culturas y Turismo, responsable de trabajar el último expediente aprobado por la Unesco el 6 de diciembre de 2017.
“En una familia, la abuela puede empezar por ir a la misa de la Virgen del Carmen, que es la patrona de la ciudad de La Paz y que está vinculada a la fiesta de la Alasita míticamente por el cerco protagonizado por Tupac Katari. Y va y hace bendecir sus miniaturas. La hija puede ir a comprar la canastita con todos los víveres y hacer sahumar con los ritualistas andinos; el nieto puede entrar por el ámbito lúdico y entrar a las canchitas y todos confluyen a almorzar conjuntamente el plato paceño. Entonces no hay una imposición de generación en generación de que ésta es la manera de ejercer la Alasita y de asumirla, sino que es un espacio libertario, el cual se expresa en que los individuos toman las decisiones  que les son útiles para ellos y profundamente importantes, como comprar el título profesional, adquirir las maletitas para los viajes, regalar billetes a sus amigos que tienen deudas en los bancos. Es un acto de liberación, de reciprocidad”, dijo.
Loza afirmó que la ritualidad de la Alasita tiene múltiples facetas y no hay un solo itinerario que siguen los individuos. “La Unesco ha valorado la dimensión de la creatividad humana, poder crear estas miniaturas y pensarlas para los individuos, plasmar físicamente y materialmente esos deseos para que se hagan realidad, bajar las tensiones de los individuos y de los grupos, estas tensiones de los paceños de encontrarse en esta fecha hace siglos. Ha valorado también el hecho de que es la sociedad civil paceña la que ha mantenido la Alasita por siglos, el patrimonio es  la ritualidad. La feria es parte, es el espacio donde se desarrolla. Los actores son múltiples, los feriantes que elaboran las miniaturas y están todos esos días ofreciéndolas, los paceños que asisten ininterrumpidamente y muchas veces durante la semana, la Iglesia Católica, que ha abierto las puertas de la catedral y otras iglesias para bendecir las miniaturas, los ritualistas que leen en plomo, en cartas, coca que sahúman con millu y otras plantas aromáticas, esos son los actores, no hay un solo actor”, remarcó.
David Aruquipa, director de la campaña por el Derecho a la Educación en Bolivia, fue también una de las personas que impulsó la postulación, la que se inició en 2008, cuando él ocupó el cargo de director general de Cultura en la gestión de Pablo Groux.
“La tarea, liderada por el Ministerio de Culturas, logró un quiebre vital e importante porque replantea la Alasita desde una reproducción anual en el marco de un mito sobre la abundancia, sobre la base del histórico cerco ocurrido en La Paz, donde hubo hambruna y lucha, y para que nunca más estemos desabastecidos y tengamos siempre alimentos, la provisión”, expresó.
Aruquipa compartió su experiencia de niño.  “A mí me transmitieron esa importancia de primero adquirir alimentos, entonces yo iba con mi canasta a comprar esos alimentos, ésa era mi ruta, en la que uno va puesto por puesto hasta llegar al momento de la bendición, de la ch’alla a la comida porque es todo un ritual que se da.  Uno puede comprar lo principal, primero que son los alimentos, luego lo que ya uno desea y pasa por las comidas y por los elementos de goce, de disfrute, hasta llegar al momento de descanso, y eso se conecta también con esa mirada religiosa. El dar esa mirada ocurre acá y para mí ha sido el quiebre que ha hecho que la Alasita sea reconocida por la humanidad”, compartió.
Fredy Butrón, secretario ejecutivo de Fenaena, que es la Federación Nacional de Expositores de Navidad y Alasita tanto en el interior como exterior de Bolivia, comentó que son “los expositores herederos de quienes han estado hace dos siglos, luego de la hambruna del cerco y el tiempo de escasez de comida. Un diminuto hombre llamado Juanito es el  Ekeko que daba de comer a la familia de Sebastián Segurola, entonces al inicio se celebraba a las illas y a las isphallas cada 21 de diciembre y el 20 de octubre a la fundación a La Paz y a la virgen Nuestra Señora de La Paz, ambas fiestas se unieron y se celebraron juntas el 24 de enero”, dijo.  Contó que la Alasita se instaló “primero en la plaza Murillo, luego se recorrió a la Terminal de Buses, Montes, donde antes funcionaba el polvorín, y luego nos trasladaron a la Tejada Sorzano, y nos quedamos ahora en el exparque zoológico, que es el campo ferial”, dijo.  
Butrón recordó que cuando su madre vendía “los autitos en miniatura” a la entrada de la Comercio, el lugar era invadido por mucha gente. “La idea era comprar un autito, una casita y hacer bendecir a mediodía en la catedral. Era un gran triunfo si lograbas entrar. Todos  se esforzaban por eso y luego fue creciendo a San Pedro y se extendió a otros lugares. No hay una feria que paralice la ciudad como lo hace la Alasita”, afirmó.
Hugo Brañes, maestro en el moldeado de objetos en yeso para Alasita, y quien trabaja en ese ámbito hace más de 40 años, dijo: “De niño viví la Alasita, pero jamás pensé que sería uno más de la feria y uno más en la promoción de este evento, esto se realiza mucho en las fronteras, en Villazón y mucha gente argentina adopta la creencia. Para mí es una tradición y una cultura grande, siempre he comprado los productos con ese deseo y me sale.
 Yo creo en sueños que se hacen realidad. Es así, es así, yo lo práctico y lo vivo, creo que todos los sueños se pueden conseguir. Mis hijos se han comprado sus títulos de lo que deseaban estudiar y hoy son profesionales, ¿lo ve?, lo lograron”, un brillo en sus ojos y una sonrisa acompañan su conclusión.

¿Plural o singular? los debates ortográficos

Carmen Beatriz Loza sostiene que se debería recuperar el lenguaje de los actores sociales y usar Alasitas, en plural, como comúnmente se usa. El artista Ernesto Cavour es también partidario de hablar de Alasitas. Sin embargo, en el expediente para la postulación se usó Alasita.
Loza sostiene: “Tenemos que hablar con su nombre primigenio, la alasita o alasitas y no anteponer feria, fiesta o festividad, nada de eso. ¿La cuestión es recuperar el lenguaje de los actores sociales o dejamos que se imponga un lenguaje académico formal?”, cuestionó.
Fredy Butrón prefiere que se use en singular. “En aymara quiere decir cómprame y no vas a decir comprames”, dijo.