EL TÍO

Carlos F Toranzos Soria*

Los sacerdotes en la tierra habían decidido que para servir mejor a Wirakocha era menester hacer algunos sacrificios y organizar algunos rituales. Se reunieron una tarde y empezaron a pensar todos. Fue una reunión larga. Hablaba uno, hablaba otro, hablaba un tercero. No podían decidir nada. Les faltaba ideas y les faltaba iluminación. 
Una sacerdotisa que pasaba por ahí les preguntó qué hacían. Uno de ellos, el más viejo, le dijo que estaban tratando de comunicarse mejor con Wirakocha y que para eso tendrían que ver la manera de hacer sacrificios y ofrendas, pero que no tenían idea de cómo hacerlo.
La sacerdotisa les dijo que quizá no estaban muy iluminados, que antes de dedicarse a esos menesteres era necesario iluminarse y pedir a los dioses que les ayuden a buscar maneras de agradecer o solicitar sus servicios.
El sacerdote viejo dijo que sí, que tenía razón y si por favor pudiera ayudarles; que ellos no sabían muy bien cómo hacerlo. 
Ella les pidió que se sentaran en un círculo y tomados de las manos rezaran a los apus.
Estaban rezando e implorando a los apus poder comunicarse con el dios mayor Wirakocha.
“Apu. Apu, uyariway, Apu uyariway, Tata Inti Kanchaway. (Apu, por favor óyenos por favor Dios Inti, ilumínanos). 
Repitieron el llamado tres veces y guardaron mucho silencio. Pasaron algunos minutos, quizá 10. 
Debajo de los pies de la sacerdotisa, sacó la cabeza la diosa Katari. ¿Imata munanki Inti wawas, Killa wawas (¿Qué quieren, hijos del sol y de la luna?)
Queremos saber cómo hablar con Wirakocha, cómo hacer para que su voluntad nunca nos abandone y para hacer mejor uso de todo lo que nos ha dado.
Katari les dijo que lo que tenían que hacer primero era proteger todo, bosques, ríos, lagos montañas, todo lo que Wirakocha había hecho; segundo, utilizar todo de manera justa y equitativa, y tercero, nunca mentir (ama khella) ni ser flojos (ama llulla) ni ser ladrones (ama sua), también les dijo no ser adulones (ama llunku) ni abusivos (ama manqaq). 
Son los mandamientos que nos dio Wirakocha y que yo los cuido desde adentro de la tierra, el puma desde los bosques y los mares y los ríos, y desde los apus el cóndor. Nosotros somos los que llevamos los mensajes al cóndor y él se los lleva a Wirakocha. 
Así está establecido y así tiene que ser. 
¿Entonces cómo podemos demostrar a Wirakocha que estamos felices, cuidando su obra y cumpliendo sus mandamientos?
Katari les dijo: “A Wirakocha le gusta mucho ver a los humanos trabajando y cultivando la tierra, y le gusta que le hagan ofrendas de sus comidas y den sus frutos, también le gusta verlos vestidos con aguayos de colores y pendientes de oro y plata. Wirakocha se siente muy feliz de verlos unidos, cantando y bailando. Desde ahí se ve cómo Wirakocha con Tata Inti y Mama Killa los miran sonriendo. 
Pero, dijo la sacerdotisa: “No tenemos cómo hacer brillar nuestras orejas ni nuestros aguayos”. 
Katari les dijo: Yo, que entro dentro de la tierra, he visto que hay un metal que brilla como el Dios Inti, y otro que brilla como la Diosa Killa. Ustedes pueden entrar y buscarlos, pero yo he dejado un cuidador, a quien le tienen que pedir permiso para entrar y sacar los minerales. Él es el Tío. Él es mi representante y el cuidador de esos metales que se parecen a los dioses que viven en el Hanan Pacha (el universo estelar).
Pueden entrar y darle ofrendas, a veces sacrificios de una llama negra o blanca. Pero fundamentalmente tienen que pedir permiso y decirle que van a coger minerales para adornar sus ropas para ofrendar a Wirakocha. 
El Tío los dejará entrar y les mostrará el camino. El Tío es muy feo, como no ve la luz, no se ve en el espejo. El Tío es muy fuerte y tiene un miembro grande que es con lo que alimenta las vetas. Por eso es importante hablarle, pedir permiso y ofrecerle, comida hojas de coca y tabaco. Y si se porta muy bien, una vez al año una llama.
Gracias Katari le dijeron los sacerdotes y sacerdotisas, muchas gracias. Hablaremos con todos y les diremos lo que tú nos has dicho. 
Katari estuvo muy contenta y se fue a contarle al puma, el puma estuvo muy contento y se fue a contarle al cóndor. 
El cóndor estuvo muy feliz de llevar tan buena nueva a los dioses.
Así es como los humanos encontraron el oro y la plata, y los sacan para adornar sus casas, ropas y orejas.
Pero siempre pidiendo permiso al Tío y siempre siendo amables con él y con los que entran o salen de las minas.