La historia sobre la construcción de una patria

Carlos Salazar Mostajo
Fotos sobre Warisata en miniatura

 

El libro escrito y publicado por Elizardo Pérez en 1962 ha sido reeditado y presentado en 2017 por su hija María Victoria Pérez Oropeza.

Las imágenes muestran cómo se combinó la enseñanza pedagógica con el cuidado de la Madre Tierra.

Jackeline Rojas Heredia

En la Alasita de este año se ha estrenado la exposición fotográfica en miniatura histórica, única y especial Warisatita, acompañada de leyendas, también en pequeñito, que resumen parte de la historia de Bolivia, un trozo de una vivencia de amor que ha influido a toda América Latina. Sin embargo, es una historia conocida por pocos.
La minimuestrita ‘Ch’iti imágenes’ es llevada adelante por la Campaña Boliviana por el Derecho a la Educación (CBDE), dirigida por David Aruquipa, y con el apoyo de la Secretaría de Culturas del municipio y de otras instituciones. La exposición de las fotografías, como un conjunto de obras artísticas, se realizó el año pasado en el Museo Nacional de Arte con la presentación del libro El despertar de las conciencias, de Elizardo Pérez, fundador, director y maestro de la escuela ayllu Warisata. La autoría de las fotos corresponde a Carlos Salazar Mostajo, quien también fue maestro en la escuela ayllu.
La reciente edición del mencionado libro fue llevada adelante por María Victoria Pérez Oropeza, hija de Elizardo, quien además complementa la obra con su valioso aporte producto de años de investigación.
Bolivia cuenta a partir de 2010 con la Ley 070 de Educación Avelino Siñani y Elizardo Pérez, pero poco se ha difundido sobre la vida y el aporte de los personajes cuyos nombres figuran en esa norma.
El registro de las imágenes tomadas por Salazar Mostajo se constituye en prueba vital sobre ese período que apenas duró casi una década (1931-1940). La muestra original se estrenará en pocos días en el Centro Pedagógico Cultural Simón I. Patiño de la ciudad de Cochabamba. Mientras su réplica en miniatura es visitada por quienes se dan unos minutos durante su recorrido por la Alasita.
Como guía para aquellos visitantes, resumiremos algunos pasajes de aquella historia. Elizardo Pérez, un joven maestro, conoció a Avelino Siñani en 1917. En ese primer encuentro quedó admirado por el espíritu del noble aymara que con escasos recursos y a escondidas de los gamonales se daba modos para enseñar el alfabeto a los niños indígenas.
Ya entonces, Pérez ayudó a ese propósito con material escolar. Años después y con Daniel Sánchez Bustamante como ministro de Educación en el país, se creó la Escuela Normal Indigenal en el barrio de Miraflores, donde Pérez es designado como director. Sin embargo, él se da cuenta que la creación de una escuela fuera del contexto real de los habitantes indígenas no lograría el fin para el que fue creada, por lo que renuncia al cargo y pide trasladarse a fundar una escuela en la región indígena.
El proyecto es aceptado por el Ministerio de Educación y le permite encontrar otra vez a Avelino Siñani. Luego de muchos afanes y de visitar varias comunidades más sujetas al dominio gamonal se decidió la construcción de la escuela en Warisata.
Pérez rememora lo difícil que fue convencer a las comunidades sobre la autenticidad del proyecto. Atormentados por esa modalidad esclavizante de los patrones terratenientes y el racismo permanente, los aymaras no cedieron fácilmente su confianza a Elizardo, quien sin embargo no se rindió, su tenacidad fue socorrida por Siñani y posteriormente toda la comunidad se dedicó a la construcción colectiva de lo que fue la primera escuela ayllu indígena del país y de América Latina. El proyecto fue ampliamente defendido por el escritor, filósofo y periodista peruano Arturo Pablo Peralta Miranda, más conocido como Gamaliel Churata, y por varios intelectuales de la época.
La escuela se proyectó rápidamente al mundo por las características que presentó y por la convivencia entre maestros, estudiantes y comunidad entera. Su modelo se replicó en otras comunidades y fue muy elogiado y estudiado por pedagogos mexicanos y más.
Como lo explica Elizardo Pérez en su libro La escuela ayllu, puso en práctica el paradigma de la lógica andina sustentado en los principios  de liberación, solidaridad, reciprocidad, complementariedad, intercambio cultural entre lo rural y urbano, producción comunal sustentable en armonía con la Madre Tierra, revalorización de la identidad cultural y la organización comunal a través del parlamento amauta”. El parlamento fue el ente rector encargado de vigilar el normal desenvolvimiento de la escuela, el lugar para cubrir sus necesidades y de protegerla ante los peligros que no se dejaron esperar.
La educación indígena fue algo que siempre asustó primero a los patrones terratenientes, usurpadores de enormes espacios de tierra que trataban al indígena como esclavo y vivían a costa de su fuerza de trabajo. Posteriormente a empresarios y políticos, por todo ello, Elizardo Pérez y Avelino Siñani fueron constantemente atacados y perseguidos, difamados, acusados. Warisata fue objeto de muchas maldades, como la de quitarles el acceso al agua y más.
Jamás desfallecieron, lucharon con mayor perseverancia, sus armas fueron los libros, las tizas y sus conocimientos, hasta que los intereses de los poderosos terminaron por acabar con el proyecto y por supuesto con la vida ya agotada de Avelino Siñani, quien falleció poco después de la destrucción de Warisata.
Es por lo señalado, de manera resumida, que se habla de una historia de amor, del intento por construir una patria sin racismo ni discriminación, de una lucha, no de armas y violencia, una lucha por la educación y el intercambio cultural; los niños y los jóvenes aymaras amaron aún más sus raíces, su idioma y su identidad sin dejar de aprender el castellano y de conocer y comprender esos conocimientos que entonces sólo eran destinados a las escuelas urbanas citadinas. Es la historia de dos héroes cuya nobleza traspasó las fronteras bolivianas. ¿Para héroes de ese talante será suficiente honrarlos con una ley que lleva sus nombres?
Al menos existen las fotografías, trabajo de quien no fue menos amado hijo y maestro de Warisata, Carlos Salazar Mostajo, al menos a través de esas imágenes en tamaño artístico o en miniatura el público conocerá el proyecto y los rostros de quienes convivieron entre el frío árido del altiplano y el calor del trabajo y la enseñanza comunitaria.