El zapatazo en Ecuador

Soledad Antelo

Cuando en Bolivia se puso en evidencia que el caso Zapata había sido un extraordinario y exitoso invento que forma parte de las actuales estrategias de la guerra de cuarta generación y la verdad fue reparada, era ya tarde. El  resultado del referendo, que resultó adverso al presidente Evo Morales por un estrechísimo margen, fue el producto deseado de aquel experimento “made in USA”.

Con base en ello, los poderes imperiales apuntaron al otro blanco. Esta vez, con una inenarrable traición de por medio, la víctima tiene el nombre de Rafael Correa. El emblemático presidente ecuatoriano que transformó su país en pocos años y que puso en evidencia el criminal atentado contra el medio ambiente perpetrado por la Exxon en las selvas amazónicas de su país, tenía la condena redactada.

Con la misma laboriosidad del caso Zapata, la gran prensa y las así llamadas redes sociales, se dieron a la tarea de fabricar una gigantesca mentira, tocando un valor sensible para todo pueblo: la lucha contra la corrupción. Acusación infundada y sin pruebas mediante, el electo presidente Moreno —hechura, por lo demás, del propio Correa que lo eligió equivocadamente como a su sucesor— se deshizo primero del vicepresidente Jorge Glass, elegido también por la Alianza PAIS, la organización política de la Revolución Ciudadana en Ecuador.

A título de profundizar ese proceso, pronto empezó la campaña que apuntaba al verdadero enemigo de las transnacionales y símbolo de lucha antiimperialista en América Latina. La estrategia se cumplió al pie de la letra, quitándole luego la sigla y la organización partidaria, para postular en nombre de esa Alianza, la defenestración de Correa. Apenas semanas antes del plebiscito, el correísmo tuvo que improvisar una nueva sigla e iniciar la campaña de esclarecimiento.

Enfrentados a los poderes fácticos de la gran prensa y un aparato estatal cómplice, fue una lucha titánica contra la impostura. El propio Rafael Correa se puso a la cabeza de la campaña, puerta a puerta, recorriendo Ecuador para detener lo indetenible. Como en Bolivia y el “zapatazo”, el tiempo se hizo corto y no hubo forma de contrarrestar la confusión.

A ello se sumó la acción de la prensa “libre”. Como muestra, un bochornoso botón. Debía Rafael Correa trasladarse a un extremo alejado del país, en media campaña, y lo hizo en un helicóptero. La noticia corrió como reguero de pólvora, amplificada en todas las pantallas de televisión: había sido rescatado de iracundos vecinos que lo habían atacado con huevos, pero la oportuna aparición de la aeronave impidió cosas peores… mentira recién aclarada cuando el daño ya estaba hecho.

¿Qué se votó, entre las muchas preguntas que entregaba la papeleta en las urnas? Una torcida pregunta que ahora, plasmada en votos, prohíbe de por vida a Rafael Correa volver a ser candidato a la Presidencia de Ecuador, en nombre de la alternabilidad y la democracia. ¿No suena eso conocido? 

Recuerdo que mamá, hábil psicóloga con título académico obtenido en la universidad de la vida, solía saldar las desobediencias a la hora de ir a dormir, imponiéndonos la temprana acostada a los muy rebeldes, preguntándonos si queríamos hacerlo con el osito o con el libro de cuentos. Por angas y por mangas, igual íbamos a la cama. Así se votó en Ecuador.

La algazara de los triunfantes no puede ocultar, sin embargo, algunos hechos esperanzadores. El propio Lenin Moreno triunfó en primera vuelta con algo menos del 36% de los votos; porcentaje superado en estas elecciones por Rafael Correa y su nuevo Movimiento de la Revolución Ciudadana. Es la primera fuerza política individual de Ecuador. Rafael es el líder confirmado de la oposición. 

Quienes creen que se trató de una carrera de cien metros planos, se equivocan. Es una maratón que recién empieza. Y hay Rafael Correa para largo.