El mar, el carnaval y el país movilizado

A tres días de recordar el desembarco invasor en el puerto de Antofagasta —con el que Chile asestó hace 139 años la puñalada que cercenó el acceso boliviano al Pacífico, privándole no sólo de una costa de 400 kilómetros de longitud y el departamento del Litoral de 120 mil kilómetros cuadrados de superficie, sino del mar territorial, y el suelo y subsuelo marítimos con todos sus recursos—, Bolivia atraviesa nuevamente un carnaval luchando de pie y pala al hombro contra las secuelas de las inundaciones y desastres que acongojan a distintas regiones.

A pie firme, sí, pero también con la mirada altiva y miles de manos en activa costura, con argumentos del alma y de la historia, de una kilométrica bandera que simboliza la unidad nacional, en la certidumbre de que la Corte Internacional de Justicia emitirá en unos meses más un fallo favorable a su demanda marítima planteada en 2013.

Nunca las condiciones fueron tan distintas: del Estado del casi mendigo del siglo XIX a merced del colonialismo interno e incapaz de sufragar el costo de su propio Ejército, armado éste más de valor, corazones y vida que de pertrechos bélicos, saltamos en menos de 140 años al Estado Plurinacional, apto para plantear una demanda de las que el mundo ha visto interponer en La Haya.

Tan sólo ese parangón pinta de cuerpo entero el perfil de la nueva Bolivia capaz de sobreponerse a la crecida de aguas, la pérdida de vidas humanas y los daños materiales que se registran estos días en que el carnaval coincide con inundaciones, pero igualmente con el terco recuerdo del inicio del despojo marítimo, el asalto a las poblaciones del Litoral y la incursión invasora —no guerra— incluso hasta la cordillera nevada, en una rapiña constante que aún en 1962 desvió el río Lauca privando, por ejemplo, a nuestros ancestrales chipayas de agua segura y riego para sus cultivos. 

A 139 años de la mutilación que aún sangra, Bolivia tiene un presidente que celebra el carnaval en pleno trabajo, mientras comparte el dolor de las familias afectadas e instruye seguir con las tareas de prevención y socorro en un gobierno plenamente movilizado ante la emergencia.