El retorno de Bolivia al mar será un acto de justicia

Delfín Arias Vargas (*)

La mañana del 14 de febrero de 1879 y sin declaración de guerra alguna, tropas chilenas tomaron por asalto el puerto boliviano de Antofagasta, ocuparon los principales edificios públicos, impusieron nuevas autoridades y tras violentar la soberanía nacional iniciaron la Guerra del Pacífico.

El conflicto bélico cercenó 120 mil kilómetros cuadrados de la heredad patria y privó a Bolivia de un acceso libre y soberano al océano Pacífico. 

La historia señala que la ambición chilena sobre el Litoral boliviano despertó en 1842, luego de descubrirse las guaneras de Mejillones, el auge del salitre y la explotación del cobre y la plata en el extenso territorio de Atacama. 

Aunque algunos historiadores señalan que el entonces prefecto del departamento del Litoral, Severino Zapata y medio centenar de policías mal armados resistieron el asalto a Antofagasta, lo cierto es que en poco tiempo los invasores asumieron el control del puerto boliviano y el primer episodio de la agresión chilena para apoderarse del rico Litoral boliviano, planificada con apoyo del imperio británico, se había consumado. 

El historiador Roberto Querejazu, en Guano, salitre, sangre: historia de la Guerra del Pacífico, detalla que dos años antes Antofagasta y otros puertos bolivianos habían sido arrasados por un terremoto que dejó varios inmuebles públicos destruidos. 

Para reconstruirlos, el gobierno de Hilarión Daza y la Asamblea Constituyente de 1877 determinó un impuesto de 10 centavos por cada quintal de salitre explotado, medida que se convirtió en Ley el 14 de febrero de 1878.

La promulgación soberana de esa norma fue rechazada por el consorcio chileno–británico Compañía de Salitres Antofagasta. Fue el pretexto perfecto para que Chile consumara su felonía contra Bolivia.

Ninguna controversia internacional o conflagración bélica que afrontó Bolivia en su historia ocasionó una pérdida tan importante como la Guerra del Pacífico, ya que la misma la privó de su soberanía marítima y su presencia en el océano Pacífico, un escenario geopolítico y económico fundamental.

La Guerra del Pacífico no sólo privó a Bolivia de una salida libre y soberana al mar, sino que le impuso una pesada cruz que desde entonces frena su desarrollo; mientras que con la explotación de las riquezas naturales en el extenso territorio que fue boliviano, Chile afianzó su desarrollo.  

El Libro del Mar precisa que Atacama era un territorio boliviano rico en depósitos de guano, que adquirió un importante valor comercial a causa de sus grandes cualidades como fertilizante natural. El auge de su explotación duró hasta finales del siglo XIX cuando fue sustituido por el salitre en el marco de la revolución industrial.

Chile se convirtió rápidamente en el primer productor mundial de salitre, monopolizó su explotación y comercialización durante los siguientes 40 años. Esta situación le permitió multiplicar sus ingresos y sentar las bases de su posterior desarrollo económico y consolidación política. 

En el Litoral boliviano se había descubierto la mina de plata de Caracoles que atrajo la atención de una gran cantidad de migrantes chilenos.

A mediados del siglo XIX, las riquezas argentíferas de Caracoles eran un 30% superior a la producción de plata del Cerro Rico de Potosí en ese mismo periodo. Este auge continuó luego de la invasión y benefició a Chile de manera directa durante varias décadas.

Además, en ese territorio se conocía y explotaba el cobre en pequeña escala, pero a principios del siglo XX Chile descubrió en esa región una de las reservas más grandes de cobre del  mundo: Chuquicamata (en las cercanías de Calama), la mina a cielo abierto más grande del mundo. 

Su explotación se hizo masiva en el siglo pasado y continúa hoy. Esta situación motivó que el ex presidente chileno, Salvador Allende, afirmara que el cobre es “el sueldo de Chile”.

Según datos de la estatal chilena Codelco, basta citar que entre 1960 y 2000, en un periodo de 40 años, Chile ha recibido 218.000 millones de dólares (cifra no indexada a precios de hoy) por la exportación de cobre.

De acuerdo con el Banco Central de Chile, entre 2003 y 2013 ese país recibió 346.216 millones de dólares (cifra no indexada a precios de hoy). Esta realidad indica que a precios de hoy Chile ha recibido mucho más de 900.000 millones de dólares por el cobre extraído de lo que fue territorio boliviano. Chile se beneficia actualmente de otro recurso natural que extrae de lo que fue territorio boliviano: el litio, que tiene una alta demanda en el mercado internacional. Su precio se incrementó de 1.760 dólares por tonelada en 1999 y 6.000 dólares en 2008, a 11.000 dólares en 2015. 

Chile es el primer productor de litio. En 2010, su producción representó el 43% del total mundial. Aunque Bolivia posee también este valioso recurso, no podrá beneficiarse de él de manera equivalente, porque la falta de un acceso soberano al mar encarecerá su comercialización internacional.

Por si fuera poco, producto de la carencia de un acceso soberano al mar, Bolivia fue despojada de la riqueza ictiológica existente en su espacio marítimo, por lo que perdió la oportunidad de beneficiarse de la explotación de esos recursos.

Desde el fin de la Guerra del Pacífico, varios presidentes y cancilleres chilenos comprendieron que Bolivia no podía quedarse encerrada para siempre y se comprometieron a negociar un acceso soberano al mar. Por eso Bolivia pide al más Alto Tribunal de Justicia de las Naciones Unidas que obligue a Chile a honrar esos compromisos.

La promesa chilena de restituir a Bolivia una salida soberana al mar proviene de Domingo Santa María, canciller de Chile en el gobierno de Aníbal Pinto durante la Guerra del Pacífico y luego presidente de su país.

“No olvidemos por un instante que no podemos ahogar a Bolivia... Privada de Antofagasta y de todo el Litoral que antes poseía hasta el Loa, debemos proporcionarle por alguna parte un puerto suyo, una puerta de calle que le permita entrar al interior sin zozobra, sin pedir venia. No podemos ni debemos matar a Bolivia…”, sostuvo el 26 de noviembre de 1879, en plena Guerra del Pacífico.

El 23 de abril de 2013, el gobierno del presidente Evo Morales demandó a Chile ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Es decir, pide una solución pacífica a su injusto enclaustramiento que bloquea su desarrollo y obstaculiza la integración latinoamericana.

En el petitorio de su demanda, Bolivia solicita a la Corte Internacional de Justicia que “juzgue” y “declare” que: 

a) Chile tiene la obligación de negociar con Bolivia con el fin de alcanzar un acuerdo que otorgue a Bolivia una salida plenamente soberana al océano Pacífico; b) Chile ha incumplido dicha obligación; c) Chile debe cumplir dicha obligación de buena fe, pronta y formalmente, en un plazo razonable y de manera efectiva, a fin de otorgar a Bolivia una salida plenamente soberana al océano Pacífico.

En ese contexto, si la demanda marítima boliviana ante La Haya es un grito al mundo para que se restituyan sus derechos históricamente conculcados por Chile desde hace 138 años, su retorno soberano al mar será un acto de justicia.

(*) Comunicador social y periodista. Fue profesor universitario.