A 139 años de la invasión y asalto a Antofagasta

El Batallón Olañeta de Chuquisaca, en 1879.
Tapa libro “Memoria del Cnl. Ezequiel Apodaca”

Fernando del Carpio Zerain

A 139 años de conmemorarse uno de los episodios más negros de la historia, que significó la pérdida del Litoral, historiadores bolivianos coinciden en manifestar que Chile siempre ambicionó el guano, el salitre, la plata y luego el cobre que había en esa región. 

Para concretar ese asalto contaron con la complicidad de espías, así como de algunos “chilenófilos y antipatrias”, como refiere el general en retiro del Ejército e historiador Edwin De la Fuente Jeria.

El director del Museo Histórico Naval, capitán José Andrés Zurita Eguino, afirma que Diego Portales fue uno de los ideólogos de la invasión chilena porque consideraba que era un riesgo que sus dos vecinos se unan como alentaba el Mariscal Andrés de Santa Cruz con la Confederación Perú-Boliviana.

Los 10 centavos
La razón de la invasión fue su política de expansión hacia el norte, a costa de Bolivia y Perú, según el historiador Fernando Cajías de la Vega, y “el pretexto fue el  impuesto de los 10 centavos por quintal de salitre exportado que debía pagar la empresa anglochilena que explotaba el salitre”. 

Sin embargo, “una vez que Chile se apropió del territorio boliviano cobró el impuesto a la empresa con beneplácito de empresarios y el gobierno”, según escribió Cajías e indica que la invasión al puerto de Antofagasta fue alentada por la oligarquía chilena y los intereses ingleses.

Bolivia en 1879 se encontraba en una situación muy difícil “por la hambruna y peste que se vivió, sobre todo en los valles, y por el terremoto, maremoto, que se produjo en la costa boliviana en 1877, que destruyó Cobija, el principal puerto boliviano y afectó a otros puertos, motivo por el cual los diputados bolivianos del Litoral pidieron fondos para la reconstrucción, la principal razón para que se aplique el impuesto a la explotación del salitre”. 

Cajías reconoce que las autoridades bolivianas de esa época no prestaron la atención necesaria a esa rica región de nuestro territorio, en guano y salitre.  

“Especialmente no se contó con una guarnición medianamente poderosa, tampoco con una escuadra y ni el Estado boliviano ni la emergente burguesía de la plata emprendieron una explotación de las riquezas del Litoral; las entregaron a capitales anglochilenos”, rememora.

Espías chilenos
El espionaje chileno a Bolivia fue el resultado del apoyo que diera Mariano Melgarejo al Gobierno de Chile en su guerra contra España en 1866, según el licenciado en Historia y Ciencias Sociales Laureano Chambi Ocaña. 

“Fue en ese conflicto que Chile pudo internar en Bolivia a sus delegados políticos, posteriormente a sus inversores económicas e incluso a sus ciudadanos, los cuales conscientes o no realizarían el espionaje a favor de su gobierno. Así fue que comenzó la Guerra del Pacífico”, dice Chambi. 

El historiador también resalta que el descubrimiento de plata en la mina de Caracoles generó un gran movimiento económico en el departamento del Litoral boliviano, entre ellos muchos inversores chilenos, algunos de los cuales ya tenían inversiones en otras minas importantes dentro del territorio boliviano. 

El general en retiro e  historiador Edwin De la Fuente aborda el tema en el artículo ‘Entre héroes y traidores’, donde afirma: “No fueron casuales los asesinatos del general Isidoro Belzu, coronel Agustín Morales y del mismo general Hilarión Daza y coronel Rufino Carrasco, estos últimos muertos inmediatamente después del conflicto del Pacífico, todos ellos lucharon abiertamente contra los intereses chilenos y lógicamente contra los chilenofilos y antipatrias, en todos los crímenes estuvo envuelta la autoridad diplomática chilena”. 

Identifica en la galería de traidores-chilenófilos a los ricos empresarios mineros Aniceto Arce, Gregorio Pacheco y José María Linares, y a los generales Narciso Campero y Eliodoro Camacho. 

----

Batalla de Canchas Blancas, en 1879

Transcribimos fragmentos del parte enviado por el coronel Lino Morales, desde el campamento de Canchas Blancas el 13 de noviembre de 1879, al general Narciso Campero, comandante de la V División.

“No fue posible salvar la gran cantidad de heridos de gravedad por las bayonetas que atravesaron sus vientres, ni tomar del todo sus parques de munición porque las volaron conforme se retiraban lo que hace presumir que fuera de los soldados que primero llegaron a la aguada había una segunda fuerza detrás que viendo el pánico de la primera división enviada, entró también en igual confusión y temor y prefirió retirarse sin luchar. Las declaraciones de algunos prisioneros moribundos son de gran trascendencia para comprender los objetivos de Chile con esta intentona de tomar Chuquisaca, Potosí y tener frontera con el Brasil y Paraguay, y la literatura capturada denota una gran maniobra destinada a una guerra contra la República Argentina, en la que involucrarían principalmente al Paraguay, y seguramente contaban con arrastrar a Bolivia y tal vez a algún otro país”.

“Nuestros heridos pasan de 300 hasta el momento (...) Como consecuencia de la acción los chilenos dejaron 330 muertos y 400 heridos de mucha gravedad que a cada momento mueren por heridas recibidas en combate de bayoneta”.
 
* Guerra del Pacífico “Memoria del Cnl. Ezequiel Apodaca. Potosí. Cotagaita Camino a Canchas Blancas. 1879-1880”. Edición Ministerio de Defensa 2017