El bullying, otro gran desafío para prevenir

Tcnl. DEAP Dr. Adrián J. Álvarez Arismendi

Al inicio de la nueva gestión escolar en nuestro Estado Plurinacional, los escolares pasan a su segunda semana de estudios, excepto donde se registraron inundaciones producto de las intensas lluvias y otros casos especiales. En ese contexto y en el marco siempre de la prevención, es oportuno hacer llegar una serie de recomendaciones a los padres, profesores y estudiantes en torno al bullying, que en nuestro medio es más conocido como “acoso escolar”. Para ser más precisos: “bully” quiere decir “peleador” e “ing” “fácil”, esta última palabra haciendo énfasis en la víctima.  

Durante las últimas décadas se vinieron denunciando miles de casos de abusos que someten algunos escolares (en general de mayor curso) a otros que suelen ser muy tímidos o cuidadosos. Esta violencia conocida con el nombre de bullying se manifiesta en el maltrato físico y/o psicológico deliberado y continuado que recibe un niño por parte de otro u otros, que se comportan con él cruelmente con el objetivo de asustarlo, con vistas a obtener algún resultado favorable o simplemente de satisfacer la necesidad de agredir y destruir. Este “acoso escolar” implica una repetición continuada de las burlas o las agresiones que puede provocar la exclusión social de la víctima, sea varón o mujer.

Dentro del perfil del acosador se establece que suele ser una persona físicamente fuerte y dominante, con una necesidad importante de sentirse superior a los demás y con una alta autoestima, pero con poca capacidad de autocrítica. Pueden enfadarse con facilidad por su fuerte temperamento e impulsos a falta de contar con herramientas que regulen sus emociones de manera racional. Según estudiosos en la materia, es por lo general el reflejo de una persona que imita el comportamiento de otras personas violentas como sus propios padres o hermanos, provocada por una frustración de ver dichos episodios al interior de su hogar.   

En el caso del menor que es presa del abuso y la burla, es por lo general, por considerarse una persona físicamente débil, con poca facilidad para las actividades físicas y tienden a ser solitarios. Siente vergüenza y culpa por lo que le ocurre en el colegio, aislado con muy pocos amigos ya que no es popular en el grupo, relacionándose mejor con aquellos que son menores. Contrarios a los agresores, las víctimas del bullying vieron frustraciones al interior de su hogar más que todo de tipo económico y social, no así violento. 

En cada caso, es responsabilidad de todos, especialmente de los padres y profesores, el reducir el abuso y mejorar la autoestima de los estudiantes para que a esa edad ya asuman conciencia de manera respetuosa y responsable, que la convivencia en sociedad nos exige respetar los derechos de los demás, aceptándolos tal y como son, sin discriminación alguna.

Para hacer frente a este nuevo problema escolar y colegial, que tiende a crecer y lamentablemente ser más violento sobre todo en adolescentes, es necesaria la participación conjunta de padres de familia, profesores y estudiantes. Para ello la recomendación es al interior de cada hogar, de no impartir violencia e impedir que otro lo haga es imprescindible. Los padres tienen la mayor obligación de orientar a sus hijos, no solamente se debe exigir resultados en los estudios, sino de debe enseñar valores y virtudes como el respeto, la tolerancia y una convivencia escolar pacífica. 

Debe hacerse entender continuamente que la violencia es mala desde cualquier punto de vista, que la amistad y el compañerismo ayudan al estudiante a mejorar su comportamiento y también su conducta en la escuela. Que, a futuro, esas conductas de bienestar serán elementos primordiales para su buena formación académica. 

En los niños o jóvenes que sufren de la “burla” darles mucha confianza para que confíen en los padres, quienes deben conocer si sus hijos son víctimas de acoso escolar, para abordar de manera inmediata el problema con la participación de las autoridades de la Unidad Educativa. De persistir el “bullying” a pesar de la intervención de los padres y de las autoridades educativas, la Policía Boliviana cuenta con Unidades Especializadas para atender cada caso en particular, donde deberá acudirse para sentar la denuncia y así proteger la integridad no sólo física sino también psicológica de los menores. 

Así el problema será parte del conjunto de los actores para que pongan límites al abuso y quede un mensaje por el bien y el futuro de ellos (niños y adolescentes) que hay reglas obligatorias de respeto mutuo, sin humillar, sin discriminar y sin burlarse del otro. Hagamos el ejercicio desde el hogar. 

* Magister en resolución de conflictos