El idioma de los parques

Homero Carvalho Oliva*

Pocos poetas tienen la virtud de elegir títulos poéticos para sus poemarios, por eso mismo lo primero que me llamó la atención del libro de Marisa Russo fue su título: El idioma de los parques. Hermoso, poético. Sabemos que existen muchas definiciones de poesía, ninguna logra dar con la plenitud de su alcance; entre éstas el título de Marisa bien podría comprenderse como una definición, porque la poesía es el idioma de los parques, el que hablan los enamorados en sus bancos, el que se instala en el ocaso, las risas de los niños jugando entre los jardines, los ancianos que caminan lento entre las flores, en fin…
Marisa Russo nació en Buenos Aires, Argentina, en 1969 y es poeta, gestora cultural y docente universitaria radicada en EEUU. Estudió el Master y la Licenciatura de Literatura Hispanoamericana y Peninsular en Hunter College de la City University of New York. Es candidata doctoral de la Universidad de La Salle en Educación con énfasis en mediación pedagógica, Costa Rica. Fundó el movimiento cultural Turrialba Literaria en Costa Rica en 2015. Coordinó el I Summit de Voces de América Latina en Costa Rica, 2017, y el Festival Internacional Grito de Mujer, Sede Turrialba, Costa Rica, 2018. Actualmente es Profesora Adjunta del Departamento de Lenguas Romance, Hunter College (CUNY) y asesora del grupo Rizoma Literario NYC de la Academia Literaria, Hunter College. Corresponsal de EEUU de La Guardarraya Revista Literaria. El libro El idioma de los parques es su primera publicación de poesía. Toda una vida dedicada a la literatura.
El poemario está dividido en cuatro partes de subtítulos también poéticos: “La traducción de los fantasmas”, “Árbol de la extranjera”, “Jazz de las estatuas” y “Álbum de la sensualidad”.
En la primera parte, la poesía seduce a los fantasmas de las palabras y los revela en una indiscreta epifanía. Veamos un poema que nombre esta revelación: “Central Park: Yo no he aprendido la lección del invierno./ La voz del parque separa los rascacielos,/ reclama una mirada al anciano/ que vive frente a mi oficina.// Está desolado porque su nieto no lo ha visitado./ Brindamos con nuestras tazas a través de los olmos.// Tampoco saludé al decorador de la tienda de antigüedades./ Me detengo sólo a ver la máquina de escribir./ Sé que la chica del mostrador es acosada por su jefe./ En la última nevada un vagabundo/ me tendió la mano en Madison Avenue./ La primavera tarda./ Busco la salida de este poema”.
En “Árbol de la extranjera”, su poesía se convierte en un lugar imaginario, con imágenes verdaderas. He aquí una muestra: “Juventud: Un día tomé el avión fuera de la calesita,/ la vida giraba al sentido del reloj./ Ya no usaba dos colitas, ni guardapolvo./ Llegué a Turrialba y me senté en el Parque Quesada Casal.// Escuché el mismo rumor, la misma palabra que significa:/ Cierra los ojos, estoy girando a tu alrededor./ Las raíces me llamaron por mi nombre,/ despertaron al jaguar de piedra junto a la antorcha,/ subí las gradas del quiosco./ Corrí a su alrededor contra el reloj,/ levanté la vista y una guaria me sonreía./ Cerré los ojos, el parque giraba a mi alrededor”.
En “Jazz de las estatuas”, la poeta cumple su misión de mantener el asombro cotidiano, por ejemplo a través de un niño descubriendo el mundo: “Nueva realidad: El niño Jordi recuerda el ruido de las abejas, trata de entender su idioma. Esta tarde en Madrid como único argumento de su discurso le sale una abeja de la boca. El discreto público cree entender la relación entre el vuelo y la zozobra”.
En “Álbum de la sensualidad”, Marisa nos recuerda que la poesía es la verdadera conquista del ser humano y que cuando escribes poesía no sólo debes pensar en las palabras como arte, sino sentirlas como arte, así en el poema “Nahui Olin”, Marisa toma un tema recurrente y lo vuelve único: “El bosque de Chapultepec sabe que Nahui quiere ser, por una noche, otra vez Carmen. Esta mexicana ha abordado un barco hacia Lisboa y no ha vuelto. Nahui anhela entrar a una cantina, conocer a un hombre, beber un tequila, acompañarlo a su hotel, desnudarse. Nahui, sin embargo, carga gatos, abrazos nocturnos, ojos de extrañas miradas. No le alcanzan los óleos para sostener una copa, para desabrocharse el corpiño”.
Y por último este consejo para los que piensan como José Emilio Pacheco que la poesía es una forma de amor que sólo existe en silencio, en este poemario los silencios entre versos, los silencios que nos dejan cada poema para pensarlos y recordarlos en nuestra mente hacen de su lectura una maravillosa experiencia sensorial. El maestro Fernando Pessoa afirma que “la poesía es una música que se hace con ideas y por lo mismo con palabras, de nada sirve el simple ritmo de las palabras si no contiene ideas”, Marisa lo sabe y maneja el ritmo interior de sus poemas con una armonía maravillosa. El idioma de los parques es un poemario para leer y releer.

*Escritor, gestor cultural y poeta