Cuba habla claro, hace respetar su soberanía

Cuba ha dado una vez más señales claras al mundo de ser una revolución seria, de ser un país serio, que se respeta a sí y se hace respetar. Hay que recordar —a quienes quieren olvidarlo y pretender desconocerlo— que hace 59 años el territorio cubano dejó de ser una colonia de Estados Unidos y que sus emisarios y agentes de presunto pelaje demócrata no son bienvenidos y nada tienen que hacer en una tierra de hombres libres.

Tal fue la suerte del expresidente Jorge Tuto Quiroga (2001-2002), a quien se le ocurrió viajar a Cuba como si estuviese de visita a su patio trasero y nada más ni nada menos que para hacer una fiesta en contra de los dueños de casa, destilar su ponzoña contra la revolución cubana y sus líderes y atacar a los procesos progresistas en América Latina.

Quiroga iba a recibir un galardón, otorgado por la contrarrevolucionaria Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia, digitada por Rosa María Payá, hija de un connotado anticomunista en la isla caribeña.

Esta red, ligada a la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA), tiene una amplia lista de premiados, todos conservadores de declarada afinidad con Estados Unidos que se ufanan de encarnar la democracia continental, pero se equivocaron y se seguirán equivocando con Cuba. Como amplia y diversa es la lista de galardonados por la contrarrevolución, las provocaciones y agresiones a la tierra de José Martí no han sido pocas. 

Los ‘demócratas’, ahijados de la administración norteamericana, andan sueltos por el mundo en busca de shows mediáticos en nombre de la ‘libertad y la vida’, tal el denominativo del premio que iba a recibir Tuto, como lo pretendía hacer el asalariado del Departamento de Estado y secretario General de la OEA, Luis Almagro.

Quiroga pensó que llegaba a Miami, que lo recibirían con guirnaldas y sones caribeños. Quizás pudo haber tenido éxito en aquella costa atestada de paramilitares y agentes anticomunistas, todo indica que ése era el ambiente natural que lo hubiese ensalzado hasta la saciedad, pero allí, en la Cuba de Fidel, de Raúl y de un pueblo digno, le dijeron muy claro: Tuto go home.