El ‘banderazo’ une a un pueblo en torno al mar

Cuando el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma, convocó a las y los bolivianos a costurar la bandera más larga del mundo en demanda del retorno soberano al océano Pacífico, no faltaron quienes, a través de las redes sociales, en muchos casos escondidos detrás del anonimato, minimizaron la iniciativa del Jefe de Estado e incluso la descalificaron apelando a adjetivos soeces, discriminadores y racistas.

No vale la pena reproducir los exabruptos publicados, porque quedan como simples anécdotas ante el abrumador respaldo popular hacia una iniciativa que recogió el sentimiento sempiterno de justicia de un pueblo que hace más de 139 años fue enclaustrado por una guerra de conquista planificada, fomentada y financiada por el imperialismo británico.

Atrás quedaron las posiciones retrógradas e incluso antinacionales de algunos políticos y de sesudos analistas que cuestionaron un acto único y patriótico que resume los más altos intereses de un pueblo que reclama que Chile repare una centenaria injusticia.

Millones se alinearon detrás de la bandera de reivindicación marítima que será extendida por 200 kilómetros, entre el Casco del Minero de Oruro y la región de la Apacheta, en el departamento de La Paz, muy cerca de El Alto.

Decenas de miles de bolivianas y bolivianos, orgullosos herederos de la libertad que nos legara el libertador Simón Bolívar y los protomártires de nuestra independencia, levantarán en alto y ante el mundo la gigantesca enseña marítima, símbolo inequívoco de la unidad de la patria y de su inquebrantable voluntad para retornar con soberanía al mar.

Ahora bien, la reintegración marítima trasuntada en una gran bandera azul que será desplegada ante los ojos del mundo será un acto de rebeldía y una demanda de justicia, y cuestionará duramente a la sempiterna e inmutable actitud chilena de mantener enclaustrados a 10 millones de seres humanos.

No obstante, hoy Bolivia está gobernada por bolivianas y bolivianos dispuestos a recuperar —mediante la acción de la justicia internacional— el mar con el que hace 193 nació la patria.