Un maremoto interminable: ¡basta de enclaustramiento!

Fue un día de emociones profundas. Inolvidable. Ayer, 10 de marzo, la voz de Bolivia resonó en la Apacheta, departamento de La Paz, y se irradió hacia el resto del mundo exigiendo el fin de un oprobio: el injusto —como perverso— enclaustramiento marítimo boliviano tras la invasión chilena de 1879. A lo largo de los 203 kilómetros, desde La Paz hasta Oruro, miles de bolivianos que ondearon la bandera de la reivindicación marítima y entonaron el Himno Nacional no pudieron contener las lágrimas y desbordaron en un solo grito: “Mar para Bolivia”.

Miles de mujeres y hombres, niños y jóvenes de diferentes sectores sociales confluyeron como un maremoto “impecable, impresionante, interminable” —diría Evo Morales—  en una de las principales vías del país para reafirmar las ansias de todo un pueblo por retornar a las costas del Pacífico con soberanía. 

El acto, que tuvo su punto alto en la Apacheta, fue precedido por la apertura de la jornada en la localidad orureña de Caracollo, donde el presidente Evo, junto con el vicepresidente Álvaro García Linera, compartió el desayuno con una familia humilde del lugar y estuvo en la ceremonia interreligiosa para pedir permiso a la Madre Tierra. 

Luego vendría la fiesta multicolor y la alegría desbordante a los costados de los 196,5 kilómetros de la bandera del mar. Fue un día excepcional, un día histórico, un día que quedará marcado para las futuras generaciones, no cabe duda. 

El 10 de marzo se alza como un hito trascendental en la incesante lucha del pueblo boliviano por recuperar sus costas arrebatadas. La potencia de la manifestación boliviana ocurrida ayer sacude la conciencia mundial respecto a la acción violenta de despojo y sometimiento que vive nuestro país por 139 años. 

El mundo sabe hoy que hay una injusticia por resolver en Sudamérica y que para ello el Gobierno del Estado Plurinacional acudió a la Corte Internacional de Justicia de La Haya para encontrar una salida dialogada y pacífica.

En esa dirección, el presidente Evo fue contundente al cierre del ‘banderazo’: “basta de injusticia, basta de enclaustramiento, basta de humillaciones”. Una voz que las elites chilenas debieran escuchar.