El 10M y una oposición perdida en su laberinto

La multitudinaria adhesión a la demanda marítima en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, expresada por decenas de miles de bolivianas y bolivianos que desplegaron el sábado la gigantesca bandera de la reivindicación marítima, desveló a un grupo de políticos que sin empacho alguno cuestionó la legitimidad de una inédita protesta nacional que denunció al mundo el infausto enclaustramiento de la patria.Cobijados en corrientes políticas que en el ejercicio del poder jamás implementaron políticas con bases sólidas para recuperar un acceso libre y soberano a las costas del océano Pacífico, hoy lanzan consignas ajenas a los intereses supremos de Bolivia.

Sin embargo, el pueblo —al que subestiman— los tiene identificados y sabe perfectamente quiénes son, qué intereses defienden e incluso para quién o quiénes gobernaron cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo.

El hecho de que a rajatabla intenten vincular la política marítima de Estado que asumió el Gobierno con una supuesta intención de ‘eternizar’ en el cargo al presidente Evo Morales es una interpretación a la medida del cálculo político de una oposición sin respaldo popular ni liderazgo y carente de una oferta electoral que dé certidumbre a la población.

En ese sentido, sus argumentos caen por su propio peso porque no es creíble una presunta ‘manipulación’ electoral de la causa marítima a favor de Evo Morales y menos que le quite ‘legitimidad’ a la demanda boliviana en la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Lo propio ocurre cuando sostienen que la otra cuestión es una supuesta lectura política de la causa marítima por parte del MAS, que sumada a su ‘capacidad de movilización’ borraría del imaginario colectivo ‘la derrota del 21F’.

Ahora bien, si por asomo lo que dice una oposición sin argumentos verisímiles fuera cierto, cómo se explicaría que la estrategia marítima —como nunca había ocurrido— sea respaldada por una abrumadora mayoría dentro y fuera de nuestras fronteras y tenga altísimas probabilidades de que La Haya falle a favor de Bolivia.

En ese contexto, los cuestionamientos al exitoso ‘banderazo’ del ya histórico 10M no son sino pataleos de ahogado de una oposición desesperada.