Guerra a la reputación

Denuncia
Emir Sader
Sin argumentos frente al éxito de los modelos económicos y sociales de los gobiernos progresistas latinoamericanos, la derecha de esos países se dedica a atacar la imagen personal de los líderes de la izquierda latinoamericana.
Cada vez más favorito para volver a ser presidente de Brasil, asumiendo la coordinación del gobierno de Dilma Rousseff, Lula es acusado de tener un departamento que nunca fue suyo, en un sitio que nunca le perteneció. Se ha vuelto el político más investigado por sus enemigos en el Poder Judicial y en la Policía Federal, se ha presentado siempre para declarar, sin ningún problema, pero nunca han encontrado nada que lo involucrara.
Lula, después de ser el presidente de más éxito que Brasil jamás tuvo, dentro y fuera del país, volvió a vivir en el mismo departamento de antes, en São Bernardo do Campo, periferia de la industria automotriz de Sao Paulo, donde él había hecho su carrera profesional de tornero mecánico y de líder sindical metalúrgico. Mientras que Cardoso, después de que salió de la presidencia, tiene, entre otros bienes nuevos, un departamento en la Avenue Foch, en el barrio más rico de París.
De la misma manera, Dilma Rousseff tiene un pedido de impeachment encaminado por 38 votos de una comisión parlamentaria, 35 de los cuales están implicados en procesos de corrupción, mientras que nada se ha probado en contra de ella.
Tratan de implicar a Evo Morales en supuestas acciones de favorecimiento de empresa privada, a partir de una relación afectiva que tuvo en el pasado. Y buscan acusar, sin ningún fundamento, a Cristina, en un supuesto caso de lavado de dinero.
Se trata de casos de persecución política promovidos por la alianza entre sectores del Poder Judicial y de los medios, unidos en el combate a la imagen pública de los líderes populares.
Es la confesión de que la derecha no puede competir con esos líderes en la disputa democrática de las elecciones y de las manifestaciones callejeras. Trata entonces de buscar la judicialización de la política, intentando sacar de la vida política a líderes populares de amplio apoyo en la sociedad.
La forma que buscan es la de la descalificación personal. Los gobiernos del PT habrían tenido éxito porque habrían financiado sus elecciones y reelecciones mediante procesos de corrupción. No encuentran ninguna evidencia, pero insisten en esas acusaciones, intentando descalificar todo el proceso de inmensa democratización social que el país ha vivido en esos años.