El nadaísmo que se resiste a morir

En su V versión, la Semana Internacional de la Poesía dedicó un homenaje al nadaísmo, un movimiento poético del siglo XX surgido en Colombia hace 60 años y que tuvo entre sus fundadores a Jotamario Arbeláez, ganador, entre otros reconocimientos, del premio de poesía “Víctor Valera Mora”.

 

Jackeline Rojas Heredia

Jotamario Arbeláez, poeta colombiano nacido en Cali, integrante del movimiento llamado nadaísmo que surgió en Colombia hace 60 años y que fue conformado en su mayoría por jóvenes de 17 y 18 años, a excepción del fundador Gonzalo Arango, que entonces tendría entre 27 y 28 años. Arbeláez visitó Bolivia por primera vez, concretamente Santa Cruz de la Sierra.

¿Cómo surge y qué es el nadaísmo?
JA: Fue un movimiento que surgió en las provincias, no en la capital de la República. Está integrado por muchachos de clase media baja y de provincia, una cosa que no había sucedido nunca en Colombia. Nos propusimos poner el mundo patas arriba, primero fue enfrentarnos al establecimiento en sus cuestiones políticas, legislativas, a la academia, a la familia, a la religión, al trabajo.

¿Cómo se fortaleció y creció el movimiento?
JA: Nunca trabajamos de una manera muy formal y de pronto tuvimos ‘adictos’ en todos los pueblos de Colombia donde llegábamos de gira; entonces, fue una conmoción. Antes no se había tenido antecedentes porque la juventud nunca había tenido acceso digamos a los periódicos, a las páginas culturales, para conocer.

La descripción que hacen sobre ustedes es que fue un grupo de advenedizos, irreverentes y anarquistas, ¿tiene algo de veracidad tal concepto?
JA: Lo que nosotros hicimos fue enfrentarnos a la literatura que se consumía entonces. 
No fue fácil, pero lo logramos gracias a los escándalos que permanentemente generábamos como: hacer el amor en los cementerios, sabotear congresos de escritores, incluso hacer un sacrilegio en una iglesia de curas españoles que llegaron a Medellín a catequizar, lo cual hacía que muchas veces los autores de la protesta terminemos en la cárcel. 
De eso han pasado 60 años y la belleza es que ahora esos personajes que éramos, considerados los ‘enemigos públicos número uno’, somos casi un mito y la juventud y las redes sociales han ampliado un poco los grupos como apéndice, y han creado otras corrientes como el neonadaísmo y cosas por el estilo, nos sentimos muy contentos. (suspira) 
La gran mayoría de los integrantes ya están muertos. 
Pero los que quedamos, como mi caso, tenemos la satisfacción de dar giras por los países nórdicos de Europa, que nos invitaron para hacer un recuento homenaje a los 60 años del nadaísmo.
Y otro hecho que me pone feliz es participar en este festival de la poesía que se hace en Santa Cruz. 
Yo creo que gracias a la poesía hemos logrado la difusión de un pensamiento tenaz de la juventud. 

¿Qué motivó la corriente?
JA: Hacíamos una literatura de vanguardia, la literatura nunca había llegado a Colombia, ahí siempre estábamos bajo el influjo de la poesía española, que tenía cierto clasicismo (desde luego que estaba en boga el existencialismo), pero nosotros fuimos buscando las fuentes del nadaísmo y del surrealismo.
Entonces, esa literatura  supuestamente “sin lógica” la asumimos, pero eso fue para crear una conmoción en la literatura en comparación con la que había, pero en lo ideológico, porque muy pronto tuvimos columnas en la prensa, la que nos abrió sus puertas en vista de que éramos unos ‘aparecidos’ pero muy originales, ingeniosos, graciosos; nos dieron acceso a columnas de prensa en las cuales hacíamos escritos con mucha más irreverencia que los izquierdistas de la época. 
Denunciamos la vulneración de los derechos humanos que hay en Colombia, ya que hemos tenido más de 50 años de guerra civil no declarada y ahora están terminando, pero intentan no dejar que eso prospere, y quien lo logró después de tres años de conversación en La Habana fue Humberto de La Calle Lombana, escritor nadaísta y actualmente candidato a la presidencia de la República; para que vea las vueltas que da la vida y la poesía.

¿Qué le da la poesía a usted?
JA: Primero que todo, me ha dado grandes amores; por lo general, esas aproximaciones galantes, eróticas provienen de aproximaciones a través de la poesía. Por otra parte, recibí varios premios literarios más o menos generosos, como el premio Víctor Valera Mora de una fundación venezolana, el premio Vida y Obra de la Universidad de Zacatecas y tres premios nacionales en Colombia (incluso el de Venezuela fue 100 mil dólares). 
Eso también ayuda a salir un poco del estrés y, por otra parte, me ha conducido a sitios como la China, India y países de Europa; frente a eso ninguna otra profesión me habría dado esa opción y por eso me inclino ante la musa de la poesía.

¿Lee poesía?
JA: De manera permanente, y me dedico a conocer nuevos valores en cada país donde voy. Ya no circulan revistas de poesía con tanta intensidad como durante los 60-70, ahora estamos suplantados por las redes sociales y, como sabemos que nuestra propuesta tiene tanta chispa, la juventud se identifica con el movimiento, y los poetas que quedamos de éste nos resistimos a colgar la lira.

¿Cuáles han sido las fuentes de su inspiración, imaginamos que gran parte de los amores a los que hizo referencia?
JA: Por lo general, uno tiene amores a primera vista que duran la vida entera y amores eternos que no duran nada, de ambos me he nutrido y ambos me han insuflado para desarrollar mis libros; ahora hago poesía narrativa, que es muy confesional, autobiográfica.
 Viene en 12 tomos que se llama Los días contados, cada tomo es un tema: la familia, la adolescencia, los poetas amigos, las elegías a los amigos muertos, los viajes, los libros de las bibliotecas; la relación con la guerrilla, la lucha armada, desde lo hippie: ​la conexión con la droga, la marihuana, los hongos, el LSB; de modo que la literatura me ha servido como etiqueta para presentarme al mundo, aunque es muy difícil vivir de ella cuando no se es un escritor de mucha venta. 
Pero sí nuestro movimiento tiene mucha chispa ingeniosa, mucha originalidad y en nuestras entrevistas de prensa siempre usábamos frases impactantes, como “El cigarrillo produce cáncer y la marihuana lo cura”. Y gracias a eso estuve trabajando en publicidad mucho tiempo. Al nadaísmo no le dieron carta de ciudadanía respetable, pero nunca se ha detenido.