Quiñuales de abril

Alimento milenario de la cultura boliviana tan importante como la sal y el agua.

Luis Mérida Coímbra*

En abriles tallan tornasoladas los quiñuales del sol, el grano de oro que nace en los Andes para gracia de dios y del mundo.
Las campiñas de la quinua parecen engalanadas wiphalas, el altiplano se viste festivo, conmovedor. Las quiñuales entrañan colores delirantes. 
Las quinuas, reales, pajizas, altas, tienen colores rojos, unas son verdes, moradas, otras de encendidos colores bermellones o encarnados amarillos. Señalan que el origen de este grano está en las tierras volcánicas del salar de Uyuni,  junto al dios Thunupa, volcán apagado, tan lleno de esbeltez, misticismo, como de leyendas de la quinua y el salar. La quinua es hija del fuego y la sal.
Cuando llega la cosecha esperada de abril, las llamas,  los campanarios,  los campesinos, todos están colmados de paz, de  armonía, de fragancia; todo parece esplendor.
Los campos transportan a la evocación, la contemplación: ver esta gramínea solar, salar, cultural. Este paisajismo brinda refulgencia pictórica, abreviación fotográfica de los Girasoles de Van Gogh. 
Cerca de los quiñuales están las gráciles vicuñas que pastan en silencio andino, hay vizcachas que juegan con las pajas bravas, bandadas de aves danzan en lagunas bermejas, verdes, coloradas, son las hermosas pariguanas; parientes del flamenco, rosáceas, circenses, se paran en una pata, saben volar rasantes. 
La fe de bautismo de la quinua es de 5.000 años, es alimento milenario de nuestra cultura, tan importante como la sal y el agua. La quinua es recurso natural, cultural de la humanidad. Rico en proteínas, en nutrientes que prestan su evidencia y dan sentido a su esplendor. 

*Cineasta y poeta