Crisis humanitaria de inmigración

Patricio Zamorano / Telesur

Trump “bombardeó” sin piedad en recientes días a un grupo de cientos de inmigrantes, hombres, mujeres y niños, quienes desde Guatemala, El Salvador y Honduras caminaron cientos de kilómetros para alcanzar la frontera de Estados Unidos. La caravana es mitad simbólica y mitad concreta: sólo algunos intentarán finalmente cruzar irregularmente la frontera. No fueron necesarios misiles Tomahawk del Ejército de EEUU, pues Trump tomó esta caravana como blanco de sus fuertes ataques por Twitter y en voz directa, caminata que se organiza cada año para denunciar la crisis humanitaria de Centroamérica.

Hay un punto fundamental que Trump no consideró en sus ataques a los inmigrantes, y prácticamente ningún medio de comunicación anglo o latino en EEUU. Antes de profundizar en eso, hay que recordar que a Trump le gustan las causalidades simplificadas. Su forma de ver el mundo es el factor medular para mantener el apoyo de sus admiradores, grupo que se ha achicado drásticamente desde las elecciones. Por ejemplo, critica fuertemente el hecho de que los jugadores de fútbol americano se arrodillen durante la entonación del Himno Nacional de EEUU, pero no critica la brutalidad policial contra los afroestadounidenses que provoca ese gesto de protesta pacífica. 

Hay ataques sangrientos con armas militares en las escuelas, entonces en vez de prohibir esas armas de alto calibre, Trump quiere armar a los profesores. La esposa de su asesor presidencial Rob Porter denunció los golpes de su exesposo, tema que el FBI documentó, moretones faciales que terminaron con la carrera del funcionario en la Casa Blanca. Como respuesta, Trump se negó en primera instancia a denunciar la violencia doméstica y en cambio defendió a Porter aclarando que “él dice que es inocente”. Trump tiene una lógica que no admite complejidades valóricas. Si le hacemos caso a los miles de tuits que ha enviado, y las miles de frases lanzadas en campaña y como presidente, Trump parece pensar solo brevemente y lanzar con urgencia exabruptos amorales, dentro de su propia racionalidad, que curiosamente parece tener lógica en sí mismo.

El punto es que Trump debiera usar esa misma lógica, que subyace en su delirante discurso, en el hecho de que el problema de la inmigración, desde Guatemala, El Salvador, y especialmente Honduras, es de directa responsabilidad de EEUU. ¿Consideraría Trump ese análisis dentro de su lógica de causalidades directas? Estos tres países están sumergidos en una vorágine de violencia generada directamente desde el consumo y altísima demanda de drogas ilegales en Estados Unidos. El dato es dramático considerando el caso de Honduras: EEUU tiene ahí la base militar más grande de América Central, Palmerola. EEUU ha enviado ayuda monetaria a Honduras equivalente a 1.200 millones de dólares en la última década. Tiene programas de entrenamiento a policías y militares hondureños. Tiene tecnología de punta en esa base, aviones, radares, toda una parafernalia de rastreo telefónico, electrónico, satelital. Expertos en seguridad, de la DEA, de la CIA, del Comando Sur, visitan Honduras o residen en el país en largas misiones. Sin embargo, con todo este despliegue militar y de seguridad, Honduras se hunde en el índice de violencia y de asesinatos por 100 mil habitantes más alto del mundo, mientras la droga transita en paz. ¿De qué sirve toda esta inversión de seguridad en Honduras? ¿Por qué no se presiona al Gobierno de Honduras, a sus instituciones de seguridad para que expliquen por qué no hay resultados? El Gobierno de ese país liderado por el presidente Juan Orlando Hernández acaba de reinstalarse en el poder tras un fraude electoral, declarado por la propia OEA. La esperanza de un cambio se ve lejana.

Otro caso simbólico es Colombia. Si hay otro país donde EEUU tiene presencia militar es la nación sudamericana, donde el Gobierno estadounidense ha gastado 10 mil millones de dólares en el polémico Plan Colombia, desde 2000. Tras toda esa presencia militar y fondos millonarios gastados, aún un 90% de la cocaína que se vende en las calles de EEUU proviene de Colombia, según un reporte del propio Departamento de Estado. ¿Hay alguna explicación posible sobre el hecho de que el gran mercado y tránsito de drogas ilegales viene precisamente de zonas fuertemente militarizadas por EEUU en América Latina?