El ‘Negro jefe’ del ‘Maracanazo’

El inolvidable capitán uruguayo Obdulio Varela, que llevó a su selección a lo más alto en el Mundial de Brasil 1950.
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Montevideo, Uruguay / Efdeportes  / Agencias

El gran Obdulio Varela nació en 1917 en la ciudad de Montevideo, Uruguay. Se crió en un barrio de personas económicamente humildes y apenas fue pocos años a la escuela primaria. Era un chico asmático e hijo de padres separados. Comenzó a jugar al fútbol en los potreros de su barrio, luego en el club Deportivo Juventud, y en 1937 pasó a ser un jugador semiprofesional en el legendario Club Montevideo Wanderers. En 1943 lo adquirió el Club Atlético Peñarol, institución que lo contó en sus filas hasta su retiro, en 1955. Debutó en el seleccionado uruguayo en 1939 y en 1942 fue campeón sudamericano.
¿Cómo era Obdulio Varela desde el punto de vista técnico? Ocupaba lo que ahora se designa como ‘volante’, pero que en aquellas épocas se designaba como ‘centre hall’. Su rendimiento técnico era nada más que aceptable, o quizás solamente bueno. No era muy veloz al correr, tampoco corpulento, dominaba los distintos recursos técnicos dentro de lo que se esperaría normalmente de un jugador de primera división y nada más. 
En ese aspecto no sobresalía. Pero ¿en dónde estribaba entonces el hecho de que se haya convertido en un personaje futbolístico que llegó a trascender a través de la historia deportiva del mundo? En su personalidad. Ello significó ganarse el apodo de ‘Negro jefe’. Sin gritos y sin histerias sabía poner en vereda con severidad a sus compañeros de equipo cuando éstos no hacían las cosas como debían; bastaban unas pocas palabras, o quizás una mirada llena de rigor como la de un padre severo con sus hijos para darse cuenta de que se tenía que poner mayor empeño en el juego. 
Asimismo, fue muy respetado por sus rivales ocasionales, los cuales sabían que con este “gran negro” no era conveniente buscar problemas. Aunque Obdulio Varela fue un jugador del tipo recio, siempre fue partidario del juego limpio, sin mañas, desdeñando la brutalidad.
En cierta ocasión, como capitán del conjunto de Peñarol, un adversario golpeó brutalmente y con toda alevosía a uno de sus compañeros. La agresividad de ese contrario ameritaba la expulsión inmediata del juego, ello era evidente. Pero de forma inexplicable, esa falta se sancionó como una simple contingencia del juego. Obdulio Varela tomó de inmediato el balón, se dirigió al juez y de manera respetuosa le observó que si en algún momento algún jugador de su equipo (Peñarol) cometía semejante acto de brutalidad, le pedía por favor que lo expulsara de la cancha, puesto que él, como capitán, no podría tolerar que uno de los suyos realizara semejante acto tan desdeñable.
Pero la gran personalidad de Obdulio Varela se pudo plasmar con nitidez en lo ocurrido en julio del año 1950, en ocasión del IV Campeonato Mundial de Fútbol disputado en la ciudad de Rio de Janeiro. Su actuación en dicho torneo fue lo que lo catapultó a la gran historia del mundo futbolístico.
Aquí se pudo palpar por parte de este hombre sus recursos psicoemocionales, la verdadera astucia, el conocimiento o la perspicacia para llegar a percibir las virtudes y también el “talón de Aquiles” de los adversarios.

EL ‘MARACANAZO’ DE 1950
Brasil se presentaba como favorito indiscutible en el Mundial de 1950, conformando un equipo de grandes jugadores, muy bien entrenados, los cuales tenían tras de sí a una “torcida” (hinchas) de más de cien millones de habitantes. Todo Brasil palpitaba y esperaba que su equipo obtuviera el título máximo: la copa de oro Jules Rimet. 
Es cierto que los países europeos no estaban en su mejor momento, dado que hacía apenas cinco años que habían salido de los horrores de la II Guerra Mundial.
En dicho evento participaron, además de los locales, México, Yugoslavia, Suiza, Inglaterra, Chile, España, Estados Unidos, Suecia, Italia, Paraguay, Bolivia y Uruguay. Como dato anecdótico con respecto a los partidos preliminares en Brasil, se puede mencionar que Estados Unidos ganó sólo un partido: ... a Inglaterra (1-0).
Para la rueda final quedaron cuatro equipos: Brasil, Suecia, España y Uruguay. Los uruguayos, que tenían un equipo bastante bueno, tuvieron en su serie sólo a un adversario, Bolivia, a la cual derrotaron en forma contundente: 8-0. La característica de los partidos finales fue que todos tenían que jugar contra todos, es decir, no había eliminatorias.
Aquí fue cuando Brasil mostró su gran envergadura como equipo. El 9 de julio, Brasil se enfrentó a Suecia; victoria contundente: 7 -1. En la misma fecha Uruguay se enfrentó a España en Belho Horizonte. Los españoles se imponían 2-1, pero los uruguayos se recuperaron, y hasta jugando con desesperación lograron emparejar el tanteador. El gol lo hizo precisamente Obdulio Varela, lo cual sorprendió a muchos puesto que el ‘Negro jefe’ nunca había sido goleador.
En su segundo encuentro, el 16, Brasil enfrentó a España. Los brasileños fueron una ‘aplanadora’, vencieron 6-1. 
Los uruguayos, por su lado, tuvieron como rival a Suecia en San Pablo. Los suecos ganaban 2-1. El panorama era desesperante para los ‘orientales’, pero con gran esfuerzo y entrega física, empataron el juego y faltando poco para la finalización del encuentro convirtieron un gol de ‘oro’, revirtiendo el tanteador: 3-2.
Así llegó la final entre Brasil y Uruguay. Los jugadores brasileños mostraron la gran contundencia que se esperaba de ellos: 13 goles en dos partidos y sólo dos en contra; los uruguayos, cinco a favor y cuatro en contra. Las perspectivas estaban a favor de Brasil; de los uruguayos se esperaba, como máximo, una actuación honrosa en la final. Brasil, por su parte, con sólo empatar se coronaba campeón del mundo. El partido final se desarrolló el día 16 de julio.

LA GRAN FINAL
El estadio Maracaná se llenó desde tempranas horas de la mañana, dado que para los brasileños la final del Mundial se convirtió en una fiesta nacional. Tenían todas las de ganar porque su escuadra había demostrando una eficiencia de primerísimo nivel.
En el vestuario de los ‘orientales’, previo a su salida a la cancha, uno de los dirigentes entró para alentar a los jugadores y les expresó que “perdiendo por menos de cuatro goles de diferencia se salvaba el honor”. Rápidamente, Obdulio Varela salió al cruce y respondió con verdadera autoridad: “¿Perder?... ¡Nosotros vamos a ganar este partido!”. También de ese ambiente salió una famosa frase: “Los de afuera son de palo”. Algunos se la han atribuido a Obdulio Varela, mientras que otros a uno de los marcadores de punta, el recordado Schubert Gambeta (1920-1991). En realidad no importa de quién se originó dicha frase, pero ése era el espíritu de todo el conjunto uruguayo al salir a la cancha: “¡Los de afuera son de palo!”. Obdulio Varela agregó algo muy importante antes de salir al campo: “Muchachos, si los respetamos a los brasileños, nos caminan por arriba... ¡Vamos a salir a ganar el partido!”.

LA SALIDA A LA CANCHA
El mismo Varela reconoció años más tarde que estaba muy consciente de lo que sería salir al campo de juego, de enfrentarse a esa “olla caliente” del estadio de Maracaná ocupada por casi 200 mil personas, el estadio más grande del mundo en esa época, y en el cual prácticamente no habría partidarios para el conjunto uruguayo.
Teniendo esto en cuenta, Varela, que obviamente era el capitán del equipo, los reunió poco antes de entrar al túnel que los conduciría a la cancha y con toda claridad les dio la siguiente instrucción: “Salgan tranquilos, no miren para arriba. Nunca miren a la tribuna. El partido se juega abajo”. 
Con estas directivas del gran capitán, el equipo salió a la cancha, incluso lo hicieron despacio, caminando, como dando a entender que estaban muy, pero muy tranquilos. Obviamente la entrada de los locales fue verdaderamente apoteósica, ello se pudo percibir por las distintas estaciones radiales que transmitían el partido tanto para Brasil como para Uruguay, y en las que apenas se podía escuchar las palabras de los locutores debido al ruido ensordecedor que emanaba desde las tribunas.

VINO LO INESPERADO
Brasil dominaba el juego, pero no había gol. El primer tiempo terminó 0-0, lo que le otorgaba la Copa Jules Rimet a los locales: con sólo empatar ya eran campeones.
En el segundo tiempo, a los dos minutos Brasil anotó y todo el país estaba radiante, eufórico, ¡ya podían comenzar a festejar!
Pero a los 17 minutos Juan Alberto Schiaffino produjo el empate. Los brasileños no lo podían creer, ¡les habían igualado en el marcador!
Sin embargo, 10 minutos antes del final del partido se produjo la catástrofe brasileña. El puntero derecho uruguayo Alcides Edgardo Ghiggia entró por derecha y registró el histórico 2-1 y el famoso ‘Maracanazo’ en medio de un silencio sepulcral.

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78 años

Obdulio Jacinto Muiños Varela nació en Montevideo, Uruguay, el 20 de septiembre de 1917. Murió en 1996.

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Obdulio optó por el apellido de su madre

Obdulio Jacinto Muiños Varela nació en el barrio montevideano de La Teja.​ Optó por el apellido de su madre, Juana Varela, quien lo crió. Era de ascendencia africana y española. Se casó en 1946 con la húngara Catalina Keppel.​ Como capitán de la selección uruguaya, antes del comienzo de la final del Mundial de Brasil 1950, levantó el ánimo a sus compañeros cuando vio que éstos se acongojaban en el túnel de vestuarios ante 203.850 espectadores.

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Jules Rimet quiso entregar el trofeo a los brasileños en 1950

Terminada la final, el presidente de la FIFA debía entregar la Copa al campeón. Era el trofeo Jules Rimet (1873-1955), el mismo que presidía entonces la entidad.
“Al término del partido yo debía entregar la Copa al capitán del equipo campeón. Una vistosa guardia de honor se formaría desde el túnel hasta el centro del campo de juego, donde estaría esperándome el capitán del equipo vencedor. Preparé mi discurso y me fui a los vestuarios pocos minutos antes de finalizar el partido (estaban empatando 1 a 1 y el empate clasificaba campeón al equipo local). Pero cuando caminaba por los pasillos se interrumpió el griterío infernal. A la salida del túnel, un silencio desolador dominaba el estadio. Ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso ni entrega solemne. Me encontré solo, con la Copa en mis brazos y sin saber qué hacer. En el tumulto terminé por descubrir al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y casi a escondidas le entregué la estatuilla de oro, estrechándole la mano y me retiré sin poder decirle una sola palabra de felicitación para su equipo... “, contó Rimet.
Es que el presidente de la FIFA estaba preparado para un protocolo específico, pero se encontró sorpresivamente ante un libreto completamente cambiado, diferente. Obdulo Varela se dio cuenta de que Rimet estuvo por darle la Copa al capitán de los brasileños. El presidente de la FIFA no se había enterado de que los dos equipos iban a estar en un podio que se instalaría ni bien finalizara el encuentro. Dadas las inesperadas circunstancias, éste no se instaló ni tampoco se tocó himno alguno. El cuerpo de custodia que acompañó a Jules Rimet a la cancha lo hizo prácticamente llorando. Éste fue pues el desenlace final del partido.

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Datos

Fue internacional con la selección de fútbol de Uruguay en 45 oportunidades, en las que marcó nueve goles. Con su selección conquistó el campeonato sudamericano en 1942. 
Debutó en la selección en 1939 por la Copa América ante Chile (3–2). Fue capitán del equipo uruguayo que ganó la Copa Mundial de 1950 ante Brasil, en el ‘Maracanazo’.

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Varela sabía cómo ‘enfriar’ el juego de Brasil en la final

Cuando Algino Cardoso Friaca anotó el primer gol de Brasil, cuando este equipo dominaba el juego en la final, sucedió algo inaudito. Algo que nadie imaginaba.
Obdulio Varela tomó la pelota y, sin desprenderse de ella, se dirigió al juez, George Harris (de Inglaterra), para quejarse porque para él debía anularse, porque había sido marcador en “off side”. 
El ‘Negro jefe’ hizo su reclamo en español, pero como el árbitro no entendía se tuvo que llamar a un intérprete; éste tardó en llegar, el tiempo pasando y la reanudación del juego se demoraba...
Años después, Varela contó: “Yo vi al juez de línea levantar la bandera, pero la bajó enseguida porque si no lo mataban… A mí me insultaba el estadio entero, pero no me asusté. Ahí me di cuenta de que si no enfriábamos el juego, si no lo aquietábamos, esa máquina de jugar al fútbol nos iba a demoler. Lo que hice fue demorar la reanudación del juego, nada más. Esos tigres nos comían si les servíamos el bocado muy rápido”.
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Pasajes que no se olvidan

Es necesario destacar el elemento ético de Obdulio Varela ante la vida y, según fue pasando el tiempo, hasta su fallecimiento. 
Se retiró en 1955 para dedicarse a su esposa y su familia. Durante el resto de su vida fue muy requerido por la prensa. Casi siempre la rehusó. 
En muy pocas ocasiones se pudo conversar con él para algún reportaje. Dentro de esa gran personalidad, vital en todo sentido, de postura firme, sólida, se ocultaba también un hombre humilde que nunca quiso que lo endiosaran dado que también reconocía sus limitados alcances como ser humano. 
Es indudable que detrás de todas aquellas personalidades que buscan el primer plano a cualquier costo, la necesidad imperiosa de ser reconocidos, de ser entrevistados, mostrados, existe alguna debilidad emocional, búsqueda de afirmación de la personalidad. Sin ésta se encuentran como “vacíos”, desprotegidos, débiles y aparentemente sin asidero en la vida. 
Obdulio Varela no necesitaba de estos “puntos de apoyo” debido a que se encontraba muy por encima de todas esas carencias. Su propia persona, sus seres queridos y sus pocos amigos de la intimidad eran suficientes para encontrar la dicha en la vida. Sin embargo, este hombre que hasta podía asustar al mismísimo diablo cuando se ponía serio, era también de una personalidad muy sensible y sencilla. 
En 1996 falleció el gran amor de su vida, su esposa Catalina. Varela no pudo soportar la pérdida y a los pocos meses, el 2 de agosto del mismo año, él también sucumbió ante la muerte. 
El presidente de la República, en ese momento Julio María Sanguinetti, dispuso que se le tributaran honores especiales. Prácticamente todo Uruguay estuvo de duelo y lloró por la pérdida del famoso ‘Negro jefe’.