Vil y desquiciado ataque imperialista contra Siria

Delfín Arias Vargas (*)

“Hace un momento he ordenado a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos lanzar ataques de precisión contra objetivos asociados a las capacidades de armamento químico del dictador sirio, Bashar al Asad”, dijo el sábado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una comparecencia desde la Casa Blanca para justificar la agresión armada.

“Una operación conjunta con las Fuerzas Armadas de Francia y el Reino Unido está en marcha en estos momentos”, agregó minutos más tarde. De la acometida imperial participaron bombarderos B-1 y buques guerra.

Y mientras las bombas todavía caían sobre Duma, muy cerca de Damasco, desde la ciudad de Lima —sede de la VIII Cumbre de las Américas— el presidente Evo Morales Ayma asumió la voz de los pueblos que luchan contra el imperialismo.

“En 2003, Bush inventó inexistentes armas de destrucción masiva para justificar la invasión de EEUU a Irak. Lo que buscaba era adueñarse del petróleo. Ahora, Trump repite vil agresión imperialista contra el hermano pueblo de Siria, también para adueñarse de RRNN de otro país”, denunció el Jefe de Estado en su cuenta de Twitter.

“Con la fuerza de la dignidad, la defensa de la paz, de los pueblos del mundo, condenamos enérgicamente el ataque desquiciado de Trump contra el hermano pueblo de Siria. Ayer, inventaron irreales armas de destrucción masiva para invadir Irak, hoy lanzan misiles con excusa parecida”, agregó Morales en un segundo tuit.

El ataque contra Siria fue una acción unilateral que vulneró el derecho internacional, ignoró la Carta de las Naciones Unidas y las atribuciones del Consejo de Seguridad, y ni siquiera contó con la aprobación del Congreso estadounidense.

Y tal como sostiene Evo, con esa acción contra un Estado soberano se confirmó que la principal amenaza contra la Madre Tierra, la paz, la democracia, la libertad y el multilateralismo es Estados Unidos.

En ese contexto, a la protesta del Presidente boliviano pronto se sumaron otras voces de líderes que condenaron la nueva agresión a un pueblo soberano que desde hace siete años es asediado por el terrorismo islamista, financiado y entrenado por el imperialismo.

Estados Unidos y sus aliados lanzaron tres ataques sobre Siria y sin ninguna prueba, y antes de que la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas adoptara una posición, han llevado a cabo una acción militar ilegal y unilateral. 

Ahora bien, Estados Unidos ya había atacado con misiles antes a Siria, también bajo el pretexto del presunto uso de armas químicas del gobierno de Al Asad contra la población civil. Ocurrió el 7 de abril de 2017, actuó en solitario y aseguró haber destruido entonces el 20% de la flota militar aérea de Siria. 

En esa ocasión, según 20 minutos.es, Washington notificó del ataque con antelación a Rusia, que mantiene tropas que combaten a los terroristas del Daesh (Estado Islámico) junto a las fuerzas gubernamentales sirias. Esta vez, Estados Unidos no tuvo comunicación con Moscú y Trump, de hecho, culpó en parte a Rusia de su ofensiva del sábado y le instó a que abandone su apoyo a Al Asad, un mensaje que trasladó a Irán.

Los hechos señalan que el ataque del 13 de abril fue la burda puesta en escena de un guión militarista que ni el más conspicuo seguidor del imperio podría explicar, menos aprobar, porque sencillamente el mentado ataque químico del Ejército sirio en contra de su población civil en Duma, en las afueras de Damasco, jamás ocurrió. 

Aunque voluntarios y activistas de los cascos blancos habían sostenido que con el presunto ataque químico del 7 de abril “el Gobierno sirio mató a más de 40 personas en Duma”, diversas fuentes negaron este extremo.

El portavoz del Ministerio de Defensa ruso, general Igor Konashenkov, sostuvo que las imágenes de las ‘víctimas’ del ‘ataque químico’ —que dieron vuelta al mundo— eran en realidad un montaje armado y apuntó a la participación de Gran Bretaña.

Konashenkov publicó declaraciones de médicos del único hospital de Duma, quienes testificaron que un grupo de personas, que portaban cámaras de video, ingresaron al hospital gritando que sus pacientes fueron atacados con armas químicas, rociándolos con agua y causando pánico. 

No obstante, los médicos dijeron que ninguno de los pacientes tenía algún síntoma de envenenamiento químico, y Konashenkov aseguró que el Ejército ruso tiene pruebas de la implicación británica. 

“No encontraron ningún cuerpo de víctimas afectadas; los residentes locales no tienen información sobre posibles lugares donde fueron enterradas. De este modo, el hecho del uso de sarín o cloro en Duma no está confirmado”, corroboró por su parte Vasili Nebenzia, representante de Rusia ante la ONU, según publica la cadena Russia Today (RT).

En ese contexto, el supuesto ataque químico que Trump atribuye al Ejército sirio en Duma es un show belicista montado y orientado para justificar la artera agresión militar contra Siria por parte de Estados Unidos y sus aliados: Francia y el Reino Unido. Además, ¿qué importancia tendría para el presidente sirio Al Assad un ataque químico en contra de su población civil si prácticamente tiene ganada la guerra contra el terrorismo islamista?

Según el general retirado Jonathan Shaw, excomandante de las Fuerzas Armadas del Reino Unido, un ataque químico de ninguna manera era una opción militar para controlar a los últimos terroristas que aún operan en el territorio sirio. Al Asad no tenía ninguna razón para llevarlo a cabo tras los avances significativos en la lucha contra el terrorismo islámico y los grupos radicales. 

“Los sirios están ganando, Al Asad ha ganado esta guerra y tenemos que asumirlo”, declaró antes de ser interrumpido por la presentadora del canal de televisión británico Sky News, sin explicar el motivo.

Ahora bien, ¿por qué Estados Unidos y sus aliados quieren controlar Siria? Desde hace siete años, Siria es víctima de una agresión terrorista alentada por el imperialismo y desde entonces ha pagado una factura muy alta por defender su integridad y su soberanía: más de 500 mil muertos, más de un millón de heridos y millones de desplazados.

El catedrático español José Antonio Egido puso el dedo en la llaga y explicó que entre las razones de la guerra se encuentra la destrucción del panabarismo, un movimiento que busca la integración del pueblo árabe y del cual Siria es cuna.

Estados Unidos y las potencias europeas quieren un mundo árabe dividido para liquidar todo movimiento progresista en la región, y poner fin al gobierno de Bashar al Asad es fulminar los gobiernos de avanzada y antiimperialistas en Oriente Medio.

Otra de las causas de la agresión armada radica en el objetivo de fortalecer a Israel y a las monarquías de Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Bahréin, que son aliadas de las potencias occidentales. El objetivo es mantener su control geopolítico en la región y, por tanto, neutralizar todo movimiento que vaya en contra de sus intereses.

Es más, los intereses imperialistas sobre Siria y sus recursos naturales son de larga data. Ya en 1957, Estados Unidos y Gran Bretaña trataron de controlar el petróleo sirio y desde entonces han actuado en la región porque no han renunciado a ese objetivo. 

Occidente pretende acabar con los focos de resistencia en el mundo árabe. Para Egido, frenar los movimientos en Siria, Irán, Irak y el Líbano con Hezbolá es esencial para fortalecer a las monarquías árabes prooccidentales que se oponen a luchas como la de la causa palestina y la creación de un Estado kurdo.

Además, con el control del mar Mediterráneo el imperialismo busca frenar la influencia de Rusia y de China en Oriente Medio, por eso atacan al Gobierno sirio y porque la participación rusa en la lucha contra el terrorismo y los acuerdos bilaterales han puesto en evidencia el acercamiento entre ambos países, lo que es inaceptable para Estados Unidos y sus aliados.

Otra de las razones es que Siria —pese a la guerra— mantiene una presencia fuerte en Oriente Medio y ha afianzado su relación con Irak e Irán para crear un frente común contra las agresiones occidentales, por lo que golpear al Gobierno sirio es golpear a Irán y sus planes de interacción, y así frenar la posible influencia siria-iraní.

En ese sentido, urge que los pueblos libres del mundo condenen el alevoso ataque imperialista a Siria para frenar la impune represión, bombardeo, saña y arbitrariedad que conllevan la muerte de miles y el desplazamiento de millones de seres humanos, paradójicamente en nombre de la libertad y la democracia.

(*) Comunicador social y periodista. Es director de Cambio.