Masacre de palestinos en la Franja de Gaza

Militares israelíes dispararon ayer a matar a una multitud de al menos 50.000 palestinos que protestaban en la Franja de Gaza en contra del traslado de la Embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén; masacraron a 58 personas y dejaron al menos 2.410 heridos, la mayoría víctimas de disparos de bala o de metralla, otras por golpes y/o contusiones provocadas por los envases de gases lacrimógenos y el resto por asfixia a causa de su inhalación, informó la prensa internacional. 

Los hechos señalan que no fue casual que Estados Unidos e Israel hayan programado el traslado de la legación diplomática norteamericana el día en que Israel celebraba 70 años de su creación, el 14 de mayo de 1948, una vez que el último de los soldados británicos abandonó Palestina y los judíos, liderados por David Ben-Gurión, declararon en Tel Aviv la creación del Estado de Israel, de acuerdo con un plan previsto por las Naciones Unidas.

Y pese a que el presidente Donald Trump había sostenido que el traslado de su embajada de Tel Aviv a Jerusalén “contribuiría al proceso de paz”, lo cierto es que la Franja de Gaza vivió ayer la jornada más violenta y sangrienta, con el mayor número de muertos en un día desde 2014.

La Gran Marcha del Retorno, que se inició el 30 de marzo, rechaza que unilateralmente Trump reconozca a Jerusalén como capital de Israel —decisión no compartida por la Unión Europea—, porque no sólo mina la paz, sino que echa por tierra la fórmula: dos pueblos dos estados, que puso en marcha el proceso de diálogo en Oslo, en 1994, y que prometía crear el Estado de Palestina.

En ese contexto, la masacre de ayer es producto de una implícita alianza entre las élites israelíes y el neofascista Presidente de Estados Unidos.

Ahora bien, mientras Trump suministra a Israel ayuda militar irrestricta y respalda el sojuzgamiento y la violación de los derechos humanos del pueblo palestino, algo se ha quebrado en la fórmula sionista: su presunta legitimidad.

Es que el conflicto entre Israel y Palestina no es una guerra, es el genocidio sistemático de un heroico pero indefenso pueblo, un pueblo que lucha por su ancestral territorio, su derecho a la vida y ser parte de los países del mundo.