[Opinión] Un guiño al pasado

Democracia Directa

En 2009, 2014, 2015, 2016 y 2017, Bolivia se consolidó como la primera en crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en Suramérica a pesar de un contexto externo desfavorable.

¿Pero cómo fue posible? Los nostálgicos neoliberales atribuyen el hecho a los altos precios de las materias primas, algunos economistas ponen en duda el modelo económico boliviano y dicen que hay un piloto automático, pero no.

Este crecimiento sostenido se debió al desempeño de los sectores no extractivos, los cuales representaron más del 80% de la producción nacional en 2017.

En efecto, considerando la composición de la producción boliviana, la industria manufacturera representó en 2017 el 18,6% del producto, seguida por el sector de establecimientos financieros (14,3%), agropecuaria (13,8%) y el rubro de transporte y comunicaciones (12,8%).

Todas éstas –además de construcción, comercio, servicios básicos, entre otros– son actividades vinculadas a la demanda interna y son generadoras de empleo, las cuales en conjunto presentaron un crecimiento positivo en 2017.

Y no sólo se trata de indicadores macroeconómicos fríos, sin rostro.

En 2010, el Informe sobre Desarrollo Humano (IDH) titulado “Los cambios detrás del cambio: desigualdades y movilidad social en Bolivia” impactó con su retrato de una clase media en pleno ascenso.

Entre 1999 y 2012 la cantidad de población en el estrato medio de ingresos creció en más de tres millones de personas (de 2,1 millones a 5,3 millones).

En 2015, el Informe Nacional sobre Desarrollo Humano en Bolivia del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señaló que “Bolivia es un país distinto al imaginado hace dos décadas”.

Sostiene que “la serie de cambios trascendentales por los que transita ha conformado una estructura social inédita en su historia. Esa estructura se deriva de varios fenómenos. Por un lado, la transformación de las condiciones materiales, reflejada en un crecimiento económico sin precedentes, cuya característica central es la inclusión de un gran contingente poblacional a la vida económica, particularmente en las áreas urbanas”.

Estos fenómenos provocaron transformaciones en la ocupación territorial en el país, traducidas en una mayor urbanización y en la aparición y consolidación de más regiones metropolitanas, impulsadas también por la demanda de las poblaciones.

Son importantes los logros conseguidos y bloques mundiales como la Unión Europea reconocen esos avances.

La tarea de las autoridades está en consolidar la permanencia de esa clase media y de adecuar las condiciones para las nuevas zonas metropolitanas, con el fin de que no se revierta el escenario positivo del país, pero además con la misión de expandir esos logros que requieren como condición sine qua non la estabilidad y el trabajo conjunto.

Que los empresarios sugieran ajustar el modelo económico, no es más que un guiño al pasado, porque no plantean una alternativa concreta.

El Modelo Económico Social Comunitario Productivo impulsado por el Gobierno de los trabajadores mostró su éxito y los empresarios no pueden decir que no ganaron. La clase empresarial está ante la oportunidad histórica y debe despojarse de cualquier postura partidaria.

Produzcan, que ésa es su razón de ser.