Fracaso imperial en la OEA contra Venezuela

Estados Unidos fracasó este martes en su intención de suspender a Venezuela del seno de la Organización de los Estados Americanos (OEA), ya que pese a la intensa presión que ejerció sobre los gobiernos de América Latina y del Caribe, no alcanzó los 24 votos imprescindibles para aprobar una propuesta a todas luces injerencista.

Para suspender a un Estado miembro se debe alcanzar dos tercios de votos afirmativos, lo que no ocurrió en la 70 Asamblea General de la OEA, y aunque se contaron 19 votos a favor de la suspensión de Venezuela, cuatro países votaron en contra —entre ellos Bolivia— y 11 se abstuvieron.

El texto promovido por el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, fue presentado por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, México y Perú, con el copatrocinio de Costa Rica, Guatemala y Paraguay.

Aunque el lobby de Washington contra Venezuela fue muy fuerte y no logró la suspensión de Venezuela, el hecho de que una exigua mayoría de los países miembros de la OEA desconociera las elecciones del 20 de mayo, podría ser interpretado como un respaldo regional a una intervención militar imperialista, so pretexto de una ‘alteración del orden constitucional’.

Ahora bien, el fracaso de la política injerencista de Estados Unidos estuvo precedido por anuncios triunfalistas de su embajador ante la OEA, Carlos Trujillo, quien, 24 horas antes de la votación, afirmó: “Tenemos los 24 votos para aprobar el temario y los 18 para apoyar y pasar la resolución”.

No obstante, esa pretensión imperial tropezó con una actitud firme y decidida de naciones que votaron en contra y/o se abstuvieron de ser cómplices de la descarada intervención imperial en asuntos internos de un país soberano.

Además, es pertinente aclarar que Venezuela denunció a la OEA en abril de 2017 y su salida del ‘Ministerio de Colonias de Estados Unidos’ se concretaría —por voluntad propia— formalmente el 28 de abril de 2019.

En ese contexto, el esperado debut de Pompeo en la OEA fue un rotundo fracaso, una derrota que demostró al imperio que no pudo ni podrá doblegar a un pueblo soberano que hace 20 años optó en las urnas ser dueño de su destino.