Juegos espectaculares, el legado boliviano

“Bolivia hizo unos Juegos espectaculares, ésa es la palabra que creo se puede utilizar en todos los títulos”, aseguró el presidente de la Organización Deportiva Suramericana (Odesur), el paraguayo Camilo Pérez, respecto a los exitosos XI Juegos Suramericanos que entre el 26 de mayo y este 8 de junio concitaron la atención deportiva internacional.
La evaluación de Pérez sobre el desarrollo del evento en Cochabamba es “altamente positiva” y no ahorró elogios para los escenarios en los que se desarrollaron las pruebas deportivas, porque no sólo estuvieron a la altura del desafío, sino que la mayoría podría ser sede de competencias de primer orden mundial.
Es que bajo el liderazgo del presidente Evo Morales, Bolivia invirtió más de $us 200 millones en la construcción de modernos escenarios deportivos, la organización del evento, equipamiento, servicios y apoyo logístico sin precedentes, que posibilitaron el éxito de los XI Juegos Suramericanos.
De ese monto, la mayor inversión la asumió el Gobierno nacional, seguido de la Gobernación y las alcaldías de Cochabamba, que cobijaron —como sede y subsedes— la más trascendente competencia deportiva a nivel regional.
Es cierto que con 4 medallas de oro, 15 de plata y 15 de bronce, Bolivia ocupó un digno décimo puesto en la clasificación de los XI Juegos Suramericanos, pero es indudable que en el balance final se bañó en oro.
Sí, Bolivia ganó la medalla de oro en esta cita deportiva porque tuvo en sus atletas a gallardos representantes que dejaron todo por su bandera; Bolivia se bañó en oro porque el cariño de su gente hizo que sus hermanos suramericanos y caribeños se sintieran como en casa; y se bañó en oro porque los Juegos le dejaron una impresionante infraestructura deportiva que, como nunca antes, decenas de miles de personas colmaron con su presencia.
Es muy trascendente que pese a una infame campaña opositora que intentó politizar el evento deportivo y deslucirlo bajo burdos argumentos, finalmente la verdad emergió con fuerza y se impuso a la impostura.
En ese contexto, Bolivia se bañó en oro, pese a que el neoliberalismo intentó boicotear un acontecimiento que selló la hermandad entre los pueblos.