“Si no hay café para todos, no habrá café para nadie”

 

Por Carlos Echazú Torres-La Resistencia

Latinoamérica está llena de cicatrices de todo tipo, algunas literales y paradójicamente hermosas como nuestra cordillera, algunas en la memoria pero que aún lastiman; como cuando ‘descubrieron’ los ‘exploradores’ lo que siempre estuvo expuesto porque durante siglos hemos estado aquí. Otro tipo de cicatrices se hicieron con la historia y marcadas por líneas que no existen en la realidad, pero dividen mejor que guillotinas en el papel de nuestra integración: las fronteras.

En este contexto, la lucha por la liberación de Latinoamérica trasciende esas cicatrices, supongo que algo así pensó el comandante Ernesto Che Guevara. El Che nació en argentina, pero rápidamente adoptó la nacionalidad latinoamericana, misma actitud que después lo llevó a pensarse a sí mismo como un habitante de este mundo.

Se apasionó por la guerra civil española desde muy temprano y comenzó a cuestionar la injusticia y la mala distribución de la riqueza, llegó a la conclusión de que la única forma de liberar la desigualdad de los pueblos era la unión entre oprimidos.

A medida que viajaba por nuestro continente fue comenzando a desarrollar esa capacidad hablada por muchos, pero lograda por pocos, la capacidad de sentir en lo más hondo cualquier injusticia realizada contra alguno en cualquier parte del mundo.

Hoy día se habla mucho de revolución y de revolucionarios, pero se hace muy poco por refrendar ello, no existe revolucionario corrupto ni deshonesto porque no es parte de su esencia, resulta antagónico. Una de las cosas que nos dejó el Che es que si queremos ser partícipes de la liberación de los pueblos, no sólo de nuestra Latinoamérica sino de nuestro mundo, debemos ser ejemplo de rectitud, esto no nos atañe en lo absoluto con lo religioso, sino con la integridad personal necesaria para construir un mundo nuevo.

Las características que han hecho que el Che Guevara sea un líder en su máxima expresión fueron su intachable moral, su integridad personal y su voluntad revolucionaria. Por esta razón luchó contra la dictadura cubana y se negó, por ejemplo, a torturar prisioneros. Fue en su momento presidente del Banco Central de Cuba y pese a ello era una de esas personas que a veces no tenía dinero en sus bolsillos, al punto de rechazar, incluso, los privilegios que los cargos que ocupaba le daban. Por esta razón su frase célebre combinaba esa dosis: “Si no hay café para todos, no habrá café para nadie”.

Después de la revolución cubana se enfrentó con muchos problemas económicos debido, principalmente, a la dependencia económica que gestada por años se tuvo a bien cortar. La revolución tuvo la obligación y necesidad de suprimir tales pactos a los que habían incurrido en la época de la dictadura, por eso es hasta impensable alcanzar a establecer la magnitud de los hechos y resolver cuestionantes de ésta naturaleza. ¿Cómo se sacaría adelante a un país secuestrado y recién liberado sin el trabajo y esfuerzo de cada uno de sus habitantes? Fue entonces cuando Ernesto Che Guevara se quitó la polera y comenzó a cortar caña, dando ejemplo de trabajo. Desde entonces la caña, fue y ha sido una de las principales fuentes de ingreso de Cuba.  

Si es que hay algo que la historia le puede reclamar al Che es que se lo necesitó, Latinoamérica lo necesitó, su muerte ha sido anticipada. Sus aportes hubiesen sido significativos para la generación de la independencia económica y sobre todo cultural de nuestra Latinoamérica.

Acá le rindo homenaje por los 90 años de su nacimiento, no al guerrillero, porque de él se habló mucho, sino al ejemplo, un ejemplo que necesitamos todos los que creemos en un mundo más justo y debemos luchar por él. Por un mundo más justo, mucho más necesario que imposible.

Hasta siempre comandante.