La guerra económica es esencia del capitalismo

 

La reciente reunión del G7 en La Malbaie, Canadá, terminó siendo un fiasco y una demostración de la verdadera esencia del capitalismo en su fase superior, el imperialismo. Allí, los verdaderos “amos del mundo” no son para nada los gobernantes de los países representados como el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón, Canadá, Estados Unidos, sino las grandes corporaciones financieras y de negocios imperiales. 

Estas se han encargado de impulsar guerras económicas entre ellas mismos y de expandirla —porque así se les antoja— hacia países como China y Rusia en el afán de imponer sus propias reglas del juego.

Un punto alto del encuentro del G7 lo marcó la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de no firmar la declaración final del encuentro. Motivos tendrá Mr. Trump, pero ha dejado con las cajas destempladas a sus aliados. A través de su cuenta en Twitter dijo que dejaba sin efecto la firma de la declaración por las “mentiras” del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, y porque Canadá “está cobrando inmensos aranceles” a los “agricultores, trabajadores y compañías de Estados Unidos”.

El G7 ha cuestionado a su vez los aranceles impuestos por Washington al aluminio y al acero, y adoptó medidas recíprocas para balancear las decisiones proteccionistas de Trump en medio de una declarada guerra comercial entre grandes corporaciones capitalistas. Tal conducta ha agudizado el desajuste crónico del Mandatario norteamericano que considera que el mundo debe marchar al ritmo del imperio. Esa controversia por los mercados, el control de la producción y precios, hacen a la esencia misma del capitalismo y sus variantes imperiales desde tiempos de la conquista. 

Las potencias del G7 proclaman, entre otras cosas, que “el comercio libre, justo y mutuamente beneficioso es un motor fundamental para el crecimiento y el empleo”, pero en realidad no les importa ni el bienestar de millones de seres humanos ni la estabilidad mundial, lo que priman son sus intereses y cuando pueden, como lo hacen sistemáticamente, imponen sanciones unilaterales contra países que no comulgan con ellos, y buscan su asfixia económica o su sometimiento pleno al capitalismo salvaje.

 

Al G7 no le importa el bienestar de millones de seres humanos ni la estabilidad mundial, sólo sus intereses.