La democracia española tiene un respiro

Por Alejo Brignole *

Cuando el 11 de diciembre de 2011 España cambió de gobierno y asumió Mariano Rajoy como presidente por el Partido Popular (PP), el país inició su momento institucionalmente más bajo luego de la dictadura franquista.

La gestión estuvo signada no sólo por una corrupción galopante enquistada en todos los ámbitos de su estructura —tanto partidaria como gubernamental—, sino que además representó un claro ejemplo de democracia secuestrada por el poder corporativo. Eso sucede cuando un Gobierno —en este caso el español— sacrifica de manera deliberada el interés general en beneficio de los poderes fácticos: los grandes bancos, las empresas energéticas, el lobby militar-empresarial y la Troika europea dominada por el FMI.

Mariano Rajoy afianzó así una contracción pasmosa de los derechos ciudadanos, que se vieron abducidos por sucesivas legislaciones que beneficiaron a aquel poder corporativo mientras se aumentaban los dispositivos represivos en toda una sociedad castigada por la crisis, llegando a encarcelar a artistas por el solo hecho de criticar al sistema. Éste fue el caso del rapero español Valtonyc, que recibió una condena de tres años y seis meses de cárcel acusado de enaltecimiento del terrorismo, injurias graves a la Corona y amenazas a políticos en sus canciones.

La tristemente famosa Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana —llamada Ley Mordaza y sancionada por iniciativa de Mariano Rajoy— posibilitó arbitrar detenciones y juicios de sesgo totalitario como el señalado, pero sobre todo sirvió para detener la ola de protestas por las políticas neoliberales del PP.

Mientras la banca española era rescatada con los dineros públicos de la Unión Europea, la deuda privada y pública nacional alcanzaba en 2013 el 323% del PIB y cerca de medio millón de familias eran lanzadas a la calle por la crisis iniciada en 2008.

Esos desahucios bancarios españoles dieron la vuelta al mundo como un brutal ejemplo de democracia represiva sustentada en el monopolio de la fuerza estatal para asegurar los mecanismos desiguales que el capitalismo impone.

A través de estos pocos ejemplos se puede visualizar la naturaleza claudicante y sumisa al poder económico que tuvieron los casi siete años de gobierno del Partido Popular, que además tuvo como ejercicio habitual —muy risible, por cierto— condenar y criticar a los gobiernos bolivarianos de América Latina por supuestamente antidemocráticos.

Todos estos pecados institucionales pudieron ser sostenidos en buena parte por un poder judicial heredero del franquismo que avaló con sentencias la represión policial y política. También por una monarquía igualmente tumefacta, atrapada en escándalos de corrupción como el Caso Noos o la cacería de elefantes disfrutada por el anterior rey Juan Carlos en Botsuana, pagando 45.000 euros por la pieza y siendo además presidente de la entidad conservacionista Wild World Fundation (WWF).

Los rumores confirmados sobre las continuas infidelidades dentro de la familia real, tráfico de influencias para la venta de armas y fiestas con drogas y sexo de sus miembros estaban a la orden del día, pero debido a las restricciones impuestas a la prensa por la Ley Mordaza, no llegaban al público, convirtiendo a la España de la última década en una nación del todo vale, única en Europa.

Las propias autoridades europeas llegaron a pronunciarse ante el Gobierno español por sus nefastas directrices en materia de transparencia pública y derechos humanos. Otra vez, como antaño, España se aproximó más a sus vecinos africanos que al concierto de las otras naciones europeas más avanzadas y guardianas de ciertos derechos fundamentales (al menos retóricamente).

Hoy la familia real, liderada por el rey Felipe VI y la reina Letizia, muestra en público todas las grietas propias del sistema decadente en que se mueve. No resultan extrañas las escenas públicas llenas de tensión entre la reina madre doña Sofía y la nueva reina de origen plebeyo, la cual no duda en saltarse todos los protocolos aceptables para la decadente realeza europea.

Letizia Ortiz confirmó así los pronósticos más crudos de algunos analistas cuando fue elegida por Felipe: que terminaría siendo una mujer ciertamente vulgar para el ambiente regio, además de ambiciosa y territorial. Perfil que colaboró en desestructurar los cimientos primarios de la familia Borbón, hoy irremisiblemente dividida y degradada como una monarquía barata y prosaica (‘cutre’ sería la palabra que usaría un español).

Pero en todo este relato ciertamente de folletín, aunque impregnado de las más turbias miserias políticas e institucionales, brilló con fuerza el llamado Caso Gürtel, una trama mafiosa de dineros ilegítimos que salpicó al riñón mismo del Partido Popular.

Investigada por la Fiscalía Anticorrupción desde noviembre de 2007 —durante el anterior gobierno del partido socialista—, implicaba a los más altos cargos del PP por pagos no declarados, cajas paralelas y tráfico de influencias en obras y concesiones. En las pruebas obtenidas se incluían anotaciones sobre pagos periódicos destinados a “M. Rajoy”, aunque desde La Moncloa no dejaron de sostener que aquello era pura coincidencia, que no se relacionaba con el presidente de Gobierno.

La lista de absurdos y de ingredientes mafiosos en esta trama alcanzó cotas propias de una novela de Mario Puzo (autor de la saga El padrino), pues hasta la fecha ya han muerto 10 implicados judicialmente, incluida la poderosa alcaldesa de Valencia por el PP, Rita Barberá.

Misteriosamente, otros murieron por accidentes de moto, imprevistas caídas domiciliarias o sospechosas causas naturales cuando gozaban de plena salud. Casualmente morían siempre antes de prestar declaración en el marco de la causa.

Algunos se suicidaron, probablemente presionados a cambio de que no matasen a sus propias familias, hijos o esposas. Tal fue el caso de Miguel Blesa, uno de los máximos responsables de la entidad bancaria Caja Madrid.

En 2013, Blesa fue investigado por posibles irregularidades en la concesión de créditos al Grupo Marsans, por la compra del City National Bank of Florida en 2008 y la venta de acciones preferentes. Inteligentemente, Blesa prefirió dispararse en el pecho con un rifle de caza durante una excursión cinegética. Casi con seguridad las alternativas de ese corrupto fueron: o te suicidas o masacramos a tu familia.

También se sospecha que los autores de esa advertencia eran personas vinculadas al propio entorno de Rajoy, comprometido peligrosamente en la trama Gürtel.

Finalmente, y chapoteando en un lodazal de muy difícil escape, el gobierno del Partido Popular tuvo que aceptar una moción de censura por parte de las formaciones políticas del PSOE, de Unidos Podemos y del Partido Nacionalista Vasco.

Con 180 votos a favor, 169 en contra y una sola abstención, de los 350 diputados que integran el Congreso, Rajoy dejó de ser presidente de los españoles. El día 2 de junio juró el socialista Pedro Sánchez como nuevo jefe de Gobierno. Y aunque anunció que no se saldrá de la agenda marcada por la Unión Europa en materia económica, al menos se supone que abandonará las prácticas turbias y represivas del Gobierno saliente.

Con Rajoy concluyó una era infame que quedará en el vertedero de la peor historiografía española, a pesar de que una parte de los españoles menos pensantes y ausentes de reflexión crítica se proclamaban felices con Rajoy. Pero ya sabemos que nunca faltan ciudadanos dóciles que la prensa hipnótica recluta en favor del sistema.

* Escritor y periodista