Más de 186 casas destruidas dejó la erupción en Guatemala

Rescatistas después del descenso de un lahar en Guatemala.
Foto: Twitter

Agencias  / Guatemala

Al menos 186 viviendas quedaron destruidas luego de la erupción del Volcán de Fuego en la localidad de Escuintla, Guatemala, el 3 de junio, de acuerdo con la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred).

Unas 750 casas se encuentran en situación de riesgo, cinco de las carreteras aledañas fueron afectadas y una de las vías de conexión está destruida, mientras que dos sistemas de suministro eléctrico están averiados por la emisión de lava y cenizas del volcán. 

Conred indicó que tres centros educativos de la zona se vieron afectados en su infraestructura y una de las escuelas quedó inhabilitada tras su destrucción. Alertó que no descartan otras emisiones debido a la reactivación de la actividad volcánica registrada el martes.

El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) reportó recientemente el aumento de la actividad explosiva de gases volcánicos proveniente del cráter.

Hasta ahora 114 personas murieron y 197 se encuentran desaparecidas luego del siniestro ocurrido hace nueve días y que afectó en su mayoría a las regiones de Escuintla, Sacatepéquez, Chimaltenango, El Progreso y Quiché.

Las autoridades solicitaron ayuda humanitaria internacional para solventar la crisis que afecta a 1.714.373 personas, indicó Telesur.

Lluvias y explosiones

Las lluvias en Guatemala incrementan el peligro de nuevos lahares (avalancha de productos volcánicos). El volcán mantiene explosiones con columnas de cenizas de hasta 3.000 metros sobre el nivel del mar, según PL.

Bomberos se mantenían limpiando la Ruta Nacional 14 después del descenso de un lahar a las regiones de Las Lajas y el Jute, el cual transportó material fino y pastoso con bloques de hasta tres metros de diámetro, informó la Conred.

Las precipitaciones, sobre todo en horas de la tarde y noche, provocaron el descenso de piedras, árboles y lodo que quedaron en las barrancas luego de la potente expulsión del 3 de junio, y obligan al constante monitoreo del coloso.

“El material arrastra troncos y ramas de árboles, desciende a altas temperaturas y emana olor a azufre y vapor”, explicó el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología.