Obispos censuran al padre Toribio Ticona

El nuevo cardenal, monseñor Toribio Ticona Porco, desde que fue ordenado sacerdote el 29 de enero de 1967, prefiere que cuando se dirijan a él lo llamen sencillamente “padre Toribio”. Sin duda, una muestra de su humildad y de su profundo compromiso con los pobres y desamparados, con los marginados y excluidos.

Su conducta no es producto de la casualidad o del oportunismo, menos una pose para ganar simpatía en algunos segmentos de la sociedad, sino una genuina muestra de su compromiso con sus hermanos de clase y de sangre, con el pueblo del que es parte.

Apenas fue designado Cardenal por el papa Francisco, un tal Germán Mazuelo publicó un artículo difamatorio y lo acusó de no tener “las cualidades morales para ser un digno Príncipe de la Iglesia”, y que su nombramiento es una “afrenta a la Iglesia en Bolivia”.

Mazuelo intentó barnizar semejante ponzoña atribuyendo al padre Toribio “una vida marital con una mujer” y que “la señora y los hijos” se enorgullecen del “obispo de Patacamaya”.

Un ataque artero por su extracción indígena, porque antes de ingresar al seminario, Toribio trabajó como lustrabotas, canillita, albañil, minero y fue alcalde; y nunca ocupó un cargo destacado en la jerarquía eclesiástica. No obstante, la afrenta del sujeto de marras fue contundentemente desmentida.

Además, el Cardenal no sólo expresó su simpatía y cercanía con el presidente Evo Morales, de quien se declaró su amigo y elogió su fructífera gestión a favor del pueblo, sino que libre de una emboscada mediática valoró que la Casa Grande del Pueblo “forma parte del progreso de Bolivia”.

En ese contexto, la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) cuestionó los dichos del padre Toribio y oficiosamente aclaró que el Cardenal no es “la voz oficial de la Iglesia en Bolivia”, sino que ese privilegio corresponde al Consejo Episcopal Permanente y que el purpurado sólo tiene “derecho a voz”.

Empero, su respuesta fue su humildad, su dignidad y su apego a una Iglesia comprometida con los pobres. “Vivir pobremente y servir a mi gente”, ésa es la convicción de vida del padre Toribio, por eso lo discriminan, por eso lo censuran.