Celebrar al sol, celebrar a la eternidad

Gastón Ugalde

Todas las hojas son del viento
Menos la luz del sol.
Spinetta

Pablo Cingolani*

La montaña es mujer. O mejor: la montaña Mullumarka es mujer. A lo lejos, si uno se atreve, uno puede verla recostada, suave, descansada, a pesar de tanta geología y tanta tormenta. Uno puede ver su pecho erguido, su ombligo (el abra), su vientre, ferviente. La dama es extraña: su cabellera es roja, rojiza, de ahí su nombre. Montaña roja, comarca roja, rojo propicio, dador de lluvias, de estrellas, de dones.
 
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Mullu es rojo y también es blanco. El mullu rojo es molusco, es ostra, es almeja, es siempre bienvenido, es ceremonial, es poder, es casta, es popular, es valioso: hace llover. El mullu blanco es mineral, es piedra, se labra, se estima, es siempre bienvenido, es ceremonial, es poder popular, es el poder del cosmos en poder de cada uno, protege, procura, permanece: es illa.
 
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Montaña roja, piedras blancas (las hay, tapizando la quebrada), dime: tu nombre, ¿será montaña roja o será montaña de las piedras blancas? Más allá de tu misterio, clarito está tu camino, clarito se ve desde tu abra a la Montaña Mágica: adonde todas las huellas van, de donde todas las huellas vienen, vienen y van, van y vienen, así hasta que no haya memoria o ésta, la tan arisca, regrese.
 
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Vamos y venimos
Siempre
Sobre las mismas heridas
Vamos aprendiendo
Caminando con la pacha
Caminando con el cosmos
Así vamos cicatrizando
Así seguimos aprendiendo.[1]
 
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Apolinar es mi último nuevo único amigo. “Único amigo”: son los salvadores. Algo te procuran, algo propician. Es yungueño. Vive en Chasquipampa. Tiene un taxi. Destartalado y sucio. Nos trajo desde la medianía del cerro hasta la carretera en Lipari. 30 pesos. Traca-traca: la próxima te cobro menos. Siempre hay un antídoto contra el capitalismo.
 
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¿Cuál es el antídoto mayor contra la insania que promueve el modo de producción hegemónico?  Es compartir el ajayu, el alma, la energía, el espíritu con el cerro. Volverse rojo. Volverse blanco. Volverse mullu. Volverse marka. Volverse Mullumarka. Volverse piedra. Te creo, amigo, te creo. Te creo, Apolinar, te creo. Sólo perdurarán las montañas. Nunca fueron ni serán del tiempo.
 
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Ay, madre mía, me pintó Spinetta en el corazón, lo veo (clarito lo veo al flaco) volando encima de la cumbre del Mullumarka, agrego su epígrafe al texto y lo termino así: Sólo perdurarán las montañas. Nunca fueron ni serán del tiempo ni del viento. Las montañas son como la luz del sol. ¡Jallalla Kollasuyu! ¡Jallalla el sol! ¡Jallalla Mullumarka! 
Río Abajo, 23 de junio de 2018

*Escritor argentino