El calvario de los prisioneros durante la Guerra del Chaco

Revista Fuentes 54

Los excombatientes que retornaron a Bolivia fundaron la logia militar política Razón de Patria para construir un país distinto al de entonces.

Jackeline Rojas Heredia 

Entre los testimonios de soldados que cayeron presos de los paraguayos durante el conflicto bélico que enfrentó a Bolivia con Paraguay, el sargento Alberto Saavedra Peláez narró parte del contenido de una carta enviada por el cautivo Aliaga que dice: “Lo bueno que tenemos es trabajo, no nos falta”, y al despedirse añadía: “Alko jina tratahuancu” (nos tratan como al perro) Tu hijo que te quiere…”.
La misiva y otras historias fueron rememoradas en el resumen investigativo escrito por Airton Chambi Ocaña y publicado en la edición 54 de la revista Fuentes, de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional, que también recuerda el cese de hostilidades (12 de junio de 1935) y el Tratado de Paz firmado por los países mencionados (21 de julio de 1938).
El trabajo se sustenta en varias fuentes, periódicos de la época, cartas y testimonios que por un lado reviven uno de los más amargos episodios en la vida del país que terminó dejando a Bolivia sin toda una generación de “jóvenes promesa”, como revela y reclama la escritora y periodista Laura Villanueva (Hilda Mundy), quien durante la Guerra del Chaco publicó columnas críticas contra ese enfrentamiento y la masacre juvenil de entonces. 
El autor explica la influencia y aporte que aquellos excombatientes tuvieron en la construcción posterior del país, especialmente durante la primera década posguerra (1936-1946) a través de la consolidación de la logia militar Razón de Patria (Radepa).
También revela la crueldad que domina al ser humano cuando tiene poder sobre otro. Sin afirmar que del lado boliviano no hubo crueldad, el lector descubre que para los presos nacionales también existió un “camino de la muerte” y muchas acciones carentes de la más mínima piedad. “…Nos moríamos lentamente de inquietud, de hambre y sobre todo de sed ¡Dios mío qué sed! ¡Qué sed que nos volvía locos! Así estuvimos cuatro días y así nos encontraron los ‘pilas’. Estábamos prisioneros: un soldado Alberto Salazar, del 2do. Batallón, otro del regimiento Pérez y un tal Mamani de la tercera compañía y yo, éramos cuatro. Los paraguayos nos sacaron a culatazos a Isla Poy (Costas, 1933:10)”.
La crudeza de las narraciones, décadas después, aún provoca dolor en el alma. Son historias que relatan desde el instante de las detenciones el penoso traslado de los presos hasta las condiciones en las que permanecieron en cautiverio. 
El drama es estremecedor y da cuenta que en ocasiones los prisioneros buscaron morir antes que continuar en cautiverio, otros lograron el milagro de escapar y quienes fueron recapturados sufrieron atroces castigos.
“No teníamos  comida, los ‘pilas’ nos daban galleta, dura como piedra, había que golpear para poder abrirla y comer alguito, también nos daban caldo con mote y maicillo, eso nomás, teníamos hambre. Maní crudo he comido, rascaba la tierra, buscando y eso comía; de los huesos que habían sobrado de las comidas que estaban votados en cualquier parte…” (Espinar 2014) “…en vez de hombres hallé sombras humanas (…) Había quienes presentaban los hombros deshechos por los malos tratos (…) Los más presentaban los rostros cruzados por el látigo del verdugo” (Calvo, 2002:106).
Las condiciones de los presos de guerra empeoraron por las enfermedades, la falta de atención médica, de comida y sobre todo la falta de agua. Una vez concluida la guerra, su liberación fue otro calvario, trámites burocráticos que duraron un año. Quienes retornaron a Bolivia no fueron precisamente hombres completos. Un grupo de esos hombres, quizá por toda la experiencia atroz sufrida y porque coincidieron en ideales similares, fundó Radepa. Tenían la clara intención de construir un país distinto, influyeron en los gobiernos de Toro, Busch y Villarroel. En este último, luego del horrendo asesinato, Radepa terminó por desaparecer.
Muchos otros asuntos de importancia se integran a la edición de Fuentes, sin embargo en este espacio quisimos resaltar el tema central, priorizar la historia y rememorar a los jóvenes que defendieron las fronteras bolivianas.