Patrones para entender la crisis

 

Richard Ruiz Julién

A pesar del riesgo de morir de sed en el desierto del Sahara, ahogados en el Mediterráneo o vendidos como esclavos en Libia, muchos africanos están dispuestos a arriesgar vidas en busca de “pastos más verdes”.

Según expertos, está bien establecido que los jóvenes constituyen la mayoría de aquellos que se ponen en peligro a través de las rutas desde el África Subsahariana hacia Europa.

Pero los especialistas subrayan diferencias importantes por país que pueden orientar a las autoridades hacia respuestas y políticas más específicas en cuanto al tratamiento de la crisis.

Josephine Appiah-Nyamekye y Edem Selormey, de Afrobarometer, presentaron los resultados preliminares de la ronda actual de encuestas relacionadas con las aspiraciones de migración.

El documento confirmó la narrativa básica de los medios de comunicación, así como la percepción de que esta apuesta es particularmente atractiva para las nuevas generaciones, muchos bien educados en busca de mejor remuneración.

Además, el estudio recogerá las intenciones, incluso los destinos preferidos, y los impulsores en 35 naciones de la región.

Los datos iniciales de nueve países —Ghana, Benín, Costa de Marfil, Kenya, Malawi, Uganda, Malí, Zambia y Zimbabwe— muestran que, en promedio, un tercio de los encuestados consideró abandonar sus lugares de orígenes.

La propensión es mayor en Malawi (donde el 28% dice haber pensado ‘mucho’ en irse), seguido de Zimbabwe, Benín y Ghana. Es más bajo en Mali, donde ocho de cada 10 entrevistados (80%) dicen que no consideraron en absoluto emigrar.

África tiene la población con un promedio de edad más bajo en el mundo (según las Naciones Unidas), pero muchos están considerando buscar fortuna en otro lugar.

Una cuarta parte o más de las personas de entre 18 y 35 años en Malawi (32%), Ghana (26%) y Benín (25%) aseguran haberse planteado con frecuencia la idea de ir a residir fuera del continente o en mejores economías de la región.

En tanto, quienes estudiaron son más proclives que los que no tienen niveles de escolaridad: uno de cada cuatro encuestados con calificaciones postsecundarias valora la posibilidad de emigrar, en comparación con el 20% de aquellos con educación secundaria, el 13% con primaria y el 8% sin ninguna.

Las proporciones son particularmente grandes en Malawi y Zimbabwe, dos países caracterizados por la pobreza y la crisis laboral, y vulnerables a los efectos perniciosos de la fuga de cerebros; ingenieros, trabajadores de la salud y otros recursos humanos vitales optan por mejores oportunidades en el extranjero.

Esto es coherente con las percepciones de los africanos sobre el desempleo como el problema más importante de sus territorios, lo cual requiere la atención del Gobierno, apuntó Tefere Megisto, investigador del Centro de Estudios Estratégicos.

Pero, por desgracia, para la mayoría un viaje de esperanza termina en desesperación o muerte; informes de capturados, sometidos a tratos inhumanos, a veces incluso vendidos como esclavos provocan indignación mundial, recordó Megisto.