El Mundial de los “invasores”

Goles son amores

Ricardo Bajo H.

Columnista / Cambio Deportivo

Cuando la Francia multicolor ganó su primera Copa del Mundo en 1998, Jean-Marie Le Pen, líder de una ultraderecha minoritaria (6% de los votos), dijo que esa selección “invadida” por negros, árabes, caribeños y caucásicos (los Thuram, Desailly, Zidane, Vieira, Henry, Karembeu, Djorkaeff,…) no era su equipo, no era “su” selección francesa, “pura”. De los 23 jugadores de aquella selección ganadora, 17 provenían de familias de inmigrantes. El señor Le Pen no celebró, era un “loco”. 

La hija de Le Pen, la señora Marine, disputó en 2017 la segunda vuelta contra el actual presidente (Emmanuel Macron) y obtuvo el apoyo de 10 millones de franceses (34% de los votos). Ya no son cuatro “locos”. La ultraderecha vence realmente cuando sus “valores” logran permearse en la sociedad. Y eso se logra, vía crisis y desigualdad, inoculando miedo, mucho miedo (al otro, al extranjero, al negro, al africano).

Dicen ahora que Europa (la envejecida) está siendo invadida. Ahora que la Francia multicultural llega a otra final mundialista, la nación del “arcoíris” sigue imponiendo su poder “invisible”: la fuerza de la inmigración, la venganza de las colonias. De los 23 jugadores ‘bleus’, 13 tienen padre o madre de origen africano.

El fútbol es muchas veces espejo de lo peor de nosotros mismos, pero, a veces, también es un grito antifascista. El miedo al otro, al extranjero, al negro, al africano es menos miedo cuando el rostro del orgullo nacional es la cara de un señor veloz, inalcanzable, de padre camerunés y madre argelina, llamado Kylian y apellidado Mbappé; y de otro señor nacido en Camerún, cuyo apellido goleador no es “puro”, es Umtiti. Éste es el Mundial (antirracista) de los “invasores”. Gracias fútbol.