Se abre el proceso

Felipe Cuevas Méndez 

Después de la histórica victoria popular del 1J, comienza un nuevo proceso de lucha para el pueblo mexicano, un proceso general enmarcado por viejos y también nuevos conflictos; con enormes tareas democráticas y revolucionarias, que toca las fibras en todas las vertientes de la vida del pueblo, hasta en la indispensable reconfiguración de posiciones, creencias o supuestos.

Las derechas, en especial los neoliberales, no pierden el tiempo, se esfuerzan por amagar, subrayan que aun fuera de Los Pinos y marginados en las cámaras nada cambiará en lo fundamental, porque así lo dicta una suerte de mandato divino del cual se sienten acreedores por el mérito de mantenernos doblegados hasta ahora. En efecto, creen que es su derecho a dominar; oligarcas, monopolios y clases políticas se hinchan de patriotismo, llaman al ‘México fiel’ para que no se salga de control, que siga siendo el país inconsciente, el país de los invisibles, para que esta inmensa falla tectónica no vuelva a ocurrir. Porque el sistema haría aguas, pero ahora caben mil preguntas, si el capitalismo neoliberal se hundiese, el daño será para sus detentores.

Aunque la burguesía es la que sabe cómo funciona el capitalismo en las condiciones del país, conoce de sus estructuras y sabe de todas sus debilidades en virtud del esquema de dependencia en que se construyó, y se reserva el derecho de actuar para intentar quebrantar la resistencia que va surgiendo; en el tema de la zozobra tecnocrática de la cual pregonaban que ocurriría después de su fecha fatídica, nada ha pasado, lejos de eso hay un sentido popular de estar en perspectivas de luchar frente a aquella zozobra implementada por las leyes de hierro del capitalismo tecnocrático en cuanto a nuestro futuro incierto que sólo los ricos tenían resuelto.

La lucha arrecia, pero en otras formas, la burguesía se sabe blindada en sus esquemas económicos y políticos, policiacos y militares, ideológicos y culturales, le queda mucho piso en las relaciones sociales dominantes; además se siente sobreprotegida por el Hegemón del norte. Se siente muy superior al pueblo llano, está satisfecha con los llamados a la calma, cree que exorcizó todos los fantasmas, confía en su buena estrella. De tal suerte que recomienza sus embestidas, clama porque nada pare o se contravenga a sus reformas, que nada altere sus grandes negocios ni sus maneras de erigirse en clase dirigente y rectora del Estado burgués; pero también aquí, como en las elecciones, algo anda mal, y aún no sabe a ciencia cierta qué es. Las cosas se tornan imprevistas, no tolera que los acontecimientos la rebasen o que surjan contratiempos inesperados, ya ni sus televisos atinan de momento en su labor desorientadora, pero no ceden en presión.

Nuevos escenarios se abren, los de abajo se vuelven atrevidos, los cálculos no encajan a los burgueses, porque todavía en posesión de los medios de producción y capitales a manos llenas producto de tanta explotación y saqueo, llegamos a las circunstancias de su pérdida de consenso social, lo cual no es poca cosa. Es ésta la materia fina con la que debemos trabajar, es lo que los vientos de lucha nos traen, así que se debe aprender el oficio una vez más sobre la base de las nuevas experiencias y condiciones de la lucha de clases, no apostar al fracaso, sino a empujar el proceso hacia la izquierda.