Franz Tamayo: ‘hechicero del Ande’ que no creía en la letradura del indio

Obra de Maribel Huallata

Felipe Cori Tambo*

Franz Tamayo es conocido a nivel nacional, más que por sus poemarios, por su máxima obra de temática educativa titulada Creación de la pedagogía nacional, publicada en 1910. Al margen de ese libro no se conocen otros que estuvieran relacionados con la educación; sin embargo, en 1931, Franz Tamayo —conocido como ‘hechicero del ande’ por Fernando Diez de Medina— hace un prólogo para el libro Hacia el futuro indio, de María Frontaura Argandoña, en el que hace ciertas afirmaciones en relación con la educación del indio que llaman la atención.
El prólogo en sí consta de ocho párrafos, algunos son extensos y otros más cortos. El mismo parece que no hubiera sido escrito con una predisposición absoluta por Tamayo, sino casi de manera obligada; hace suponer esa situación por las siguientes frases: “Aquí debería yo acabar estás líneas de presentación”. “No tengo tiempo para profundizar el tema”. “Basta. No tengo tiempo”. Además imprime, como es característico de él, cierto tono de altivez en sus opiniones. 
En el primer párrafo, Tamayo empieza elogiando a la autora del libro por su producción intelectual y, sobre todo, por su corta edad. También va valorando su amplia experiencia de educadora en el campo de la educación. 
En el segundo trata de hacer conocer de manera profusa el contenido. Empieza señalando que el libro de Frontaura es un compendio de todas sus especulaciones sobre “la educación y valoraciones de nuestras razas indígenas”, que según su percepción sería un problema social y nacional nada claro, pero sí muy punzante. Además, señala que a pesar de que tenemos una raza innegable y un gran territorio, nuestra historia está llena de impotencia, miseria y desesperación. 
En el tercer párrafo es redundante en el elogio que hace a la forma del texto de Frontaura, no deja de señalar que hay “claridad de la exposición, la precisión del concepto”, asimismo “cierto calor febril anima las teorías, los postulados, las proposiciones”. 
En el cuarto párrafo, cuando dice: “Aquí debería yo acabar estas líneas de presentación si la seriedad que pongo en las cosas no me mandasen decir algo más pertinente al asunto”. Sin duda, medio que se rehúsa en continuar con el prólogo, pretextando que para decir algo oportuno siempre asume la debida seriedad, como si hasta ese acápite no lo estuviera haciendo de esa manera. En el quinto párrafo, después de señalar que la autora en su texto sugiere la alfabetización del indio y de mencionar sobre las especulaciones que hubiera hecho en su libro Creación de la pedagogía nacional y de no variar en sus ideas, termina el párrafo correspondiente afirmando de manera taxativa: “Yo no creo en la letradura india”. 
En el sexto párrafo, sin mayores ambages, expresa: “La letradura india no es, y muy lejos de ello, la panacea cultural que haga de nuestras razas indias una espléndida resurrección nacional y étnica”. En otros términos, la educación del indio, según él, no sería el mecanismo adecuado para redimir de la opresión de los gamonales de esos tiempos. Esa posición que sostenía Tamayo en su momento expresaba los fundamentos conservadores a partir de su condición social, ya que él también era un terrateniente como muchos en el pasado. Su hacienda estaba ubicada en Yaurichambi, perteneciente a la provincia Los Andes.
En el séptimo párrafo, justifica con una serie de argumentos el por qué no creía en la letradura del indio. En ese marco, partiendo de lo que ya se estaba haciendo en mínima proporción en relación con la educación indígena, afirma: “Hoy mismo el indio se alfabetiza, como dicen, y aprende a leer, escribir y contar. Sea por la escuela rural o urbana, o por el cuartel de conscripción, hoy el indio alcanza la letradura, y ¿cuál es el resultado? ¿Qué especie de hombre transformado nos devuelve la letradura?”. La respuesta que da a las dos preguntas que se formula es la siguiente: “es el gendarme que hoy mismo encontramos en las esquinas de nuestras ciudades. Y ese gendarme, indio letrado, es el mayor flagelo, después del colono español de la conquista, para sus propios congéneres”. Si algunos indios a partir de su letradura cometían abusos en contra de su misma gente, eso se debió a que la alfabetización o la educación primaria para los indígenas no estaba generalizada, sólo algunos accedían a ella, y esa situación ha hecho que no todos los indígenas estuvieran en el mismo nivel de conocimiento escolar para evitar los excesos de superioridad “intelectual” que señala el autor del prólogo. Franz Tamayo, sin duda, tiene una percepción estereotipada sobre la letradura del indio cuando remarca: “Haced llover sobre ese indio letrado letras y más letras; ornamentadle de la licencia y del doctorado; enseñadle a escribir libros y leyes; acumulad sobre él los cargos y los honores, y en último extremo haced caer sobre su pecho la misma medalla de Sucre, ¿cuál es el resultado que se tiene? La respuesta es otra bofetada: el mismo gendarme, indio letrado del principio, feroz, implacable y vengativo”. Esos males tan comunes en el accionar humano que señala no eran una exclusividad de los indios, también formaban parte del comportamiento de los otros estamentos de la sociedad, así como de los criollos y de los mestizos de esa época. En el último párrafo, termina con una posibilidad que dice de esta manera: “Otros son los caminos y otros los remedios que un día señalaré tal vez”. Ojalá realmente hubiera señalado cuál era la solución correcta para redimir al indio, porque tanto en su Creación de la pedagogía nacional y en este prólogo sólo se ha excedido en sostener que la instrucción primaria malea al indio. 
Para terminar, Tamayo no creía en la letradura del indio porque la misma sería el medio para que deje de ser un acumulo de virtudes y se vuelva, inevitablemente, un ser defectuoso en sus comportamientos. Ante esa situación, no planteó otra alternativa que no tenga que ver con la instrucción primaria para el indio. Su actitud conservadora no le permitía vislumbrar una educación generalizada que, posteriormente, se dio para el indio. 

*Educador y egresado de Sociología