Evo y Álvaro muestran sus cuentas bancarias

El 30 de noviembre de 2009, el presidente Evo Morales Ayma, y el 1 de diciembre del mismo año, el vicepresidente Álvaro García Linera, solicitaron a la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) levantar su secreto bancario. Y casi nueve años después, sus cuentas, créditos gestionados y todo movimiento financiero comenzaron a ser divulgados de manera transparente para conocimiento del pueblo.

 Es decir, la decisión de transparentar sus cuentas bancarias no fue asumida por los líderes del proceso de cambio para afianzar su candidatura con miras a las elecciones de 2019, sino que forma parte de una decisión política tomada antes de las elecciones de 2009, cuando el binomio oficialista se impuso en las urnas con 2.943.209 votos (64,22%).

Entonces, a partir de este 2 de agosto la UIF comenzó a publicar las cuentas y movimientos financieros que ambas autoridades realizaron desde el 22 de enero de 2006, fecha en la que asumieron por primera vez los destinos de Bolivia.

La decisión de Evo y de Álvaro de mostrar sus cuentas bancarias es un ejemplo de honestidad y una muestra de que no tienen nada que ocultar. Es un paradigma a ser imitado, no sólo por otras autoridades y servidores del Estado, sino por los líderes de los partidos políticos de oposición, quienes están obligados a predicar con el ejemplo.

No obstante, con excepción del alcalde paceño, Luis Revilla, ningún opositor, menos Samuel Doria Medina, renunciaron al secreto bancario. El acaudalado excementero y empresario de la comida chatarra, para justificar su negativa, dijo que el “cocalero” y el “terrorista” al “renunciar al secreto bancario no renuncian a nada”, porque “jamás tuvieron empresas”.

Es decir, Doria Medina se escuda detrás de una declaración demagógica y hueca para intentar ocultar que él fue el protagonista central de la enajenación de las empresas del Estado bajo el eufemismo de capitalización, un proceso oscuro y corrupto, una fábrica de nuevos ricos que dejó el neoliberalismo.

Y aunque arropado por una cáfila de analistas y políticos serviles, Doria Medina no renunciará al secreto bancario porque tiene mucho que ocultar, y sabe que no podría explicar con qué arte de magia acumuló tanta riqueza.