Bolivia nació atada al colonialismo

Foto: Carlos Barrios
El cuadro de M. Machaca retrata el instante en que los diputados firman el Acta de la Independencia.

Gonzalo Pérez Bejar

Pese a los 16 largos años de revolución, guerras e intrigas, la creación de Bolivia no se concretó con la verdadera ruptura del pasado colonial, porque muchos de los privilegios se mantuvieron para los descendientes españoles durante la República.

Los denominados doctores de Charcas (ahora Sucre) —como Casimiro Olañeta, Manuel María Urcullo, Ángel Mariano Moscoso y José Mariano Serrano— fueron los artífices de una nueva página en la historia de Bolivia. Charles Arnade los describe como “los dos caras” en su libro La dramática insurgencia de Bolivia.

Entre los actores de esa épica jornada del 6 de agosto de 1825 no estaban las clases humildes o campesinas, sometidas a látigo y cadenas por más de tres siglos al yugo de la explotación, y que motivaron el levantamiento de indígenas como Túpac Katari.

Si bien éste se constituyó en el primer grito libertario y que se expandió al resto del continente, irónicamente fue el último territorio en expulsar al Ejército español, que había conquistado el nuevo continente en 1492.

El nacimiento de la nueva República estuvo marcado por intrigas, y el gestor principal de esto fue Casimiro Olañeta (sobrino del general realista Pedro Olañeta), señala Arnade.

Observa que muchos de los hombres que tomaron las armas para combatir la opresión ibérica no participaron en las sesiones donde se firmó la Declaración de Independencia.

Héroes de la revolución como Juana Azurduy de Padilla o Eustaquio Méndez Arenas, conocido como ‘Moto Méndez’, líder guerrillero de la Republiqueta de Tarija, fueron olvidados.

José Miguel Lanza y José Ballivián fueron los únicos veteranos que participaron en la sesiones, pero no tuvieron peso en la decisión final asumida el 6 de agosto de 1825.

Intrigas

Arnade describe todo el proceso que emprendió Casimiro Olañeta para ejecutar su propia iniciativa, toda vez que el último bastión del Ejército español que se encontraba en el Alto Perú había sido diezmado y estaba a punto de declarar su derrota.

Su propósito era convencer a uno de los hombres de confianza del libertador Simón Bolívar, José Antonio de Sucre, para que apoye su proyecto y convoque a los delegados de las cinco provincias altoperuanas para que decidan sobre su futuro en una asamblea. En esa época, Bolívar no estaba de acuerdo en dividir a los Perús, porque eso significaría dividir aún más el proyecto de la Gran Colombia.

Olañeta aprovechó la división que se dio dentro del Ejército realista (uno al mando del general Pedro Olañeta, su tío, y el otro encabezado por el coronel José María Valdez) y emprendió su propia campaña, no con el uso de las armas, sino con ideas y manipulación.

Así logra la convocatoria para el 9 de febrero de 1825 en Oruro, donde se definiría el futuro de las provincias del Alto Perú. La convocatoria incluía el procedimiento electoral para designar diputados en La Paz, Santa Cruz, Potosí, Charcas y Cochabamba.

La Asamblea se reunió el 10 de julio en Chuquisaca y no en Oruro, como decía la primera convocatoria.

La designación de los delegados fue compleja. Los representantes de las pequeñas aldeas y gente “llena de ideas arraigadas y hábitos de guerrilla” fueron dejados de lado y eso permitió habilitar a los “dos caras” para ser elegidos. La ley electoral fue elaborada por Casimiro Olañeta y Mariano Calvimontes, afirma Arnade.

El historiador sostiene que “no existe relación entre la generación revolucionaria e idealista de 1809 y la generación ‘dos caras’ de 1825. Ésa fue una asamblea de doctores insinceros que nunca alentaron en el corazón el bienestar del pueblo, sino estuvieron movidos por esperanzas de ganancia personal: Casimiro Olañeta, José María Serrano y Manuel María Urcullo”.

Al momento de tomar una decisión, “el general José Miguel Lanza, gran líder de las guerrillas y el único veterano de distinción de la Asamblea, fue invitado a ocupar la presidencia durante este sublime momento. Fueron los tornadizos dos caras, temerosos de que Lanza pudiera votar contra la separación, los que le hicieron la jugada pidiéndole presidir la votación”.

La posición de los asambleístas estaba entre tres posibilidades: 1) seguir unido a Buenos Aires, incorporándose al conjunto de las Provincias Unidas; 2) mantener la adhesión al Perú, reconociendo las medidas de incorporación impuestas por el virrey Abascal; 3) o independizarse de manera absoluta del Alto Perú, no sólo con relación a España sino también con referencia a las Provincias Unidas del Río de la Plata y al Perú.

La última palabra se la tomó el 31 de julio de 1825, cuando los asambleístas (45 a favor y dos en contra) resolvieron sobre la independencia total de “los departamentos del Alto Perú, declarándose a sí mismos un Estado soberano e independiente de todas las naciones en el Viejo y el Nuevo Mundo”.

La independencia del Alto Perú fue declarada el sábado 6 de agosto, en el salón de asambleas de la Universidad de San Francisco Xavier.

ACTA DE INDEPENDENCIA DE LAS PROVINCIAS ALTOPERUANAS

Lanzándose furioso el León de Iberia desde las columnas de Hércules hasta los imperios de Moctezuma, y de Atahuallpa, es por muchas centurias que ha despedazado el desgraciado cuerpo de América y nutridosé con su sustancia. Todos los Estados del continente pueden mostrar al mundo sus profundas heridas para comprobar el dilaceramiento que sufrieron; pero el Alto- Perú aun las tiene más enormes, y la sangre que vierten hasta el día, es el monumento más auténtico de la ferocidad de aquel monstruo. 

Después de diez y seis años que la América ha sido un campo de batalla, y que en toda su estensión los gritos de libertad, repetidos por sus hijos, se han encontrado los de los unos con los de los otros, sin quedar un ángulo en toda la tierra, donde este sagrado nombre no hubiese sido el encanto del americano, y la rabia del español; después que en tan dilatada lucha las naciones del mundo han recibido diferentes informaciones de la justicia y legalidad con que las rejiones todas de América han apelado, para salvarse, á la santa insurrección; cuando los genios de Junín y de Ayacucho han purgado la tierra de la raza de los déspotas; cuando en fin grandes naciones han reconocido ya la independencia de Méjico, Colombia y Buenos Aires, cuyas quejas y agravios no han sido superiores á las del Alto Perú; sería superfluo; presentar un nuevo manifiesto justificativo de la resolución que tomamos. 

El mundo sabe que el Alto-Perú ha sido, en el continente de América, el ara adonde se vertió la primera sangre de los libres, y la tierra donde ecsiste la tumba del último de los tiranos: que Charcas, Potosí, Cochabamba, La Paz y Santa Cruz, han hecho constantes esfuerzos para sacudir el yugo peninsular; y que la irretractibilidad de sus votos contra el dominio español, su heroica oposición, han detenido mil veces las impetuosas marchas del enemigo sobre rejiones que, sin esto, habrían sido encadenadas, o salvándose sólo con el último, y mas prodigioso de los esfuerzos. 

El mundo sabe también, que colocados en el corazón del continente, destituidos de armas, y de toda clase de elementos de guerra, sin las proporciones que los otros estados para obtenerlos en las naciones de ultramar, los altoperuanos han abatido el estandarte de los déspotas de Aroma y la Florida, en Chiquitos, Tarabuco, Cinti, Tumusla en los valles de Sicasica y Ay paye, y en otros puntos diferentes: que el incendio bárbaro de mas de cien pueblos, el saqueo de las ciudades, cadalsos por cien os levantados contra los libres, la sangre de miles de mártires de la patria ultimados con suplicios atroces que estremece-rían á los caribes, contribuciones, pechos y ecsacciones arbitrarias é inhumanas, la inseguridad absoluta del honor, de la vida, de las personas y propiedades, y un sistema, en fin inquisitorial, atroz y salvaje, no han podido apagar en el Alto Perú el fuego sagrado de la libertad, el odio santo al poder de Iberia. 

Cuando, pues, nos llega la vez de declarar nuestra independencia de España, y decretar nuestro futuro destino y un modo decoroso, legal y solemne, creemos llenar nuestro deber de respeto á las naciones estranjeras, y de información consiguiente de las razones poderosas y justos principios impulsores de nuestro conductor; reproduciendo cuando han publicado los manifiestos de los otros estados de América con respecto a la crueldad, injusticia, opresión y ninguna protección con que han sido tratados por el gobierno español; pero si esto, y la seguridad con que protestamos á presencia del gran padre del Universo, que ninguna región del continente de Colón ha sido tan tiranizada como el Alto Perú, no bastase á persuadir nuestra justicia, apelaremos á la publicidad con que las legiones españolas, y sus jefes más principales, han profanado los altares, atacado el dogma, han insultado el culto, al mismo tiempo que el gabinete de Madrid ha fomentado, desde la conquista, la mas hórrida y destructora superstición: 

Les mostraremos un territorio con mas de trescientas leguas de extensión de norte A sur, y casi otras tantas de este a oeste, con rios navegables, con terrenos feraces, con todos los tesoros del reino vegetal en las inmensas montañas de Yungas, Apolobamba, Yuracaré, Mojos y Chiquitos, poblado de los animales los mas preciosos y útiles para el sustento, recreo e industria del hombre, situado donde existe el gran manantial de los metales que hacen la dicha del orbe, y le llenan de opulencia, con una población, en fin, superior a las que tienen las repúblicas Argentina, y la de Chile; todo esto les mostraríamos y les diríamos; ved que donde ha podido, existir un floreciente imperio, solo aparece, bajo la torpe y desecante, mano de Iberia, el símbolo de la ignorancia, del fanatismo, de la esclavitud e ignominia, venid y ved, en una educación bárbara calculada para romper todos los resortes del alma, en una agricultura agonizante guiada por sola rutina, en el monopolio escandaloso del comercio, en el desplome e inutilización de nuestras más poderosas minas, por la barbarie del poder español, en el cuidado con que en el siglo 19 se ha tratado de perpetuar entre nosotros solo los conocimientos, artes y ciencias del siglo 18; 
Venid, en fin, y si cuando contempláis a nuestros hermanos los indígenas hijos de del grande Manco Capac, no se cubren vuestros ojos de torrentes de lágrimas, viendo en ellos hombres los más desgraciados, esclavos tan humillados, seres sacrificados a tantas clases de tormentos, ultrajes y penurias, diréis, que respecto de ellos parecerían los Ilotas ciudadanos de Esparta y hombres muy dichosos los Níjeros Ojandalams del Indostan concluyendo con nosotros, que nada es tan justo como romper los inicuos vínculos con que fuimos uncidos a la cruel España. 

Nosotros habríamos también presentado al mundo una necesaria y grande manifestación de los sólidos principios con que después de las más graves, prolijas y detenidas meditaciones, hemos creído interesar a nuestra dicha, no asociar- nos ni a la república del Bajo Perú ni a la del Río de La Plata, si los respetables congresos de una y otra, presididos de la sabiduría, desinterés y prudencia, no nos hubiesen dejado en plena libertad para disponer de nuestra suerte. Pero cuando la ley del 9 de mayo del uno, y el decreto de 23 de febrero del otro, muestran notoriamente un generoso y laudable desprendimiento, relativamente a nuestro futuro destino, y colocan en nuestras propias manos la libre y espontánea decisión de lo que mejor conduzca a nuestra felicidad y gobierno; protestando a uno y otro estado eterno reconocimiento, junto con nuestra justa consideración, y ardientes votos de amistad, paz y buena correspondencia hemos venido por unanimidad de sufragios en fijar la siguiente: 

Declaracion

 La representación Soberana de las Provincias del alto Perú, profundamte penetrada del grandor e inmenso peso de su responsabilidad pa con el Cielo, y la tierra, en el acto de pronunciar la suerte futura de sus Comitentes, despojándose en las aras de la Justicia todo espíritu de parcialidad, interés y miras privadas; habiendo implorado, llena de sumisión y respetuoso ardor, la paternal asistencia del Hacedor Santo del orbe, y tranquila en lo íntimo de su conciencia por la buena fe, detención, moderación, justicia y profundas meditaciones que presiden a la presente resolución, declara solemnemente a nombre y absoluto poder de sus dignos representados: Que ha llegado el venturoso día en que los inalterables y ardientes votos del Alto Perú, por emanciparse del poder injusto, opresor y miserable del Rey Fernando VII, mil veces corroborados con la sangre de sus Hijos, consten con la solemnidad y autenticidad que al presente, y que cese para con esta privilegiada región la condición degradante de colonia de la España, junto con toda dependencia, tanto de ella, como de su actual y posteriores monarcas: que en consecuencia, y siendo al mismo tiempo interesante a su dicha, no asociarse a ninguna de las repúblicas vecinas, se erige en un Estado Soberano e Independiente de todas las naciones, tanto del viejo como del nuevo mundo y los departamentos del Alto-Perú, firmes y unánimes en esta tan justa y magnánima resolución, protestan a la faz de la tierra entera, que su voluntad, irrevocable es gobernarse por sí mismas, y ser regidos por la constitución, leyes y autoridades que ellos propios se diesen, y creyesen más conducentes a su futura felicidad en clase de nación. 

Y el sostén inalterable de su santa religión Católica, y de los sacrosantos derechos de honor, vida, libertad, igualdad, propiedad y seguridad. 

Y para la invariabilidad y firmeza de esta resolución, se ligan, vinculan y comprometen, por medio de esta representación soberana, a sostenerla tan firme, constante y heroicamente, que en caso necesaria sean consagrados con placer a su cumplimiento, defensa e inalterabilidad, la vida misma con los haberes, y cuanta hay caro para los hombres. 

Imprimase comuníquese a quien corresponda para su publicación y circulación. 

Dada en la Sala de sesiones en 6 de agosto de 1825, firmada de nuestra mano, y refrendada por nuestros diputados secretarios.
* Copia textual del documento original