En Palacio Quemado se administró el viejo Estado de economía reducida

Frontis de la casona republicana, en el centro del poder político del país.
Foto: APG

Cambio

La Casa Grande del Pueblo, que desde hoy se constituye en la sede del Órgano Ejecutivo, sustituirá al Palacio Quemado, que fue construido a mediados del siglo XIX para dirigir un Estado republicano muy pequeño, anterior y posterior a la invasión chilena de 1879.

El Palacio de Gobierno, cuya primera infraestructura fue inaugurada en 1561 y modificada en los siglos XVI y XVII, fue estrenado el 25 de marzo de 1853 por el presidente Manuel Isidoro Belzu.

Por entonces, la República administraba escasos ingresos fiscales, en contraposición con el presupuesto del Estado Plurinacional del siglo XXI, que bordea los $us 40 mil millones.

De acuerdo con José Alejandro Peres Cajías, entre 1825 y 1872, la economía nacional tenía como principal característica “el lento crecimiento” porque, entre otros factores, el sector minero no tenía la capacidad de emular el dinamismo del boom colonial (1770-1800).

Si bien Belzu (1848-1855) alentó la industria nacional y aplicar medidas proteccionistas para impulsar una economía en un país donde se tenían 1,4 millones de habitantes y 10.000 minas abandonadas, el gobierno de Mariano Melgarejo (1864-1871) se caracterizó “por vender la nación al mejor postor” y esa lógica se la puede constatar en la forma de administración del Estado.

Marcado por un “presupuesto deficitario desde su primer día en el cargo”, Melgarejo siempre estuvo dispuesto a firmar contratos “en extremo generoso a largo plazo por cantidades relativamente pequeñas”.

Herbert S. Klein, en su libro Historia mínima de Bolivia, atribuye a Melgarejo y a los contratos que firmó con empresas británicas sobre los campos de guano y nitrato en Mejillones como uno de los factores que llevó al “conflicto comercial” que generó la denominada Guerra del Pacífico con Chile.

A su vez, en la gestión del presidente Hilarión Daza (1876-1879), señala Klein, “el colapso de la tesorería central llevó a la salvaje extravagancia de instaurar préstamos ficticios, concesiones empresariales especiales y mayores desvalijos al tesoro nacional a manos de especuladores extranjeros y nacionales”.

El historiador señala además que “para finales de la década de 1870 tan sólo (la compañía minera) Huanchaca generaba mayores ingresos que el propio gobierno central”.

La ministra de Culturas, Wilma Alanoca, indicó que la inauguración de la Casa Grande del Pueblo dejará atrás “los símbolos y todo el legado de la Colonia”.

Dijo que en el Palacio Quemado “se reflejó toda la simbología europea porque su pensamiento era para con afuera, no era para los de adentro. Nunca pensaron en los pueblos, nunca pensaron en disminuir la brecha entre la pobreza y la riqueza, nunca pensaron en los derechos”.