Fortaleza del Estado y la Casa Grande del Pueblo

Cuando el 22 de enero de 2006 Evo Morales Ayma fue posesionado como presidente constitucional de Bolivia por la voluntad soberana de su pueblo, la derecha reaccionaria —expulsada del poder por la rebelión popular de octubre de 2003— asumió, muy a pesar suyo porque estaba acostumbrada a mandar desde el Palacio Quemado, el papel de oposición a la administración del primer indígena que gobernaría un país de mayoría indígena.

Entonces, los estrategas del neoliberalismo decadente y en estado comatoso elucubraron varios escenarios para recuperar el poder perdido por su incapacidad y traición a la patria. Uno de ellos preveía que ‘el indiecito’, como peyorativamente se referían a Evo, “no duraría ni tres meses” y que era “inevitable” que la rancia y señorial ‘clase política’ retome las riendas del Estado, tras un supuesto lapsus electoral de un pueblo que, según ellos, “se había equivocado” al elegir en las urnas a uno de los suyos.

¡Sorpresa! El ‘indiecito’ no renunció; más al contrario, el 1 de mayo de 2006, tres meses y nueve días después de haber jurado a la Presidencia, Evo nacionalizó los hidrocarburos, recuperó la riqueza de los bolivian@s y le devolvió su dignidad y soberanía a la patria.

La nacionalización inició una nueva etapa en la economía, y junto al alza de los ingresos fiscales se asumieron millonarias inversiones públicas en el marco de un modelo de desarrollo productivo basado en la demanda interna. 

Con Evo, la pobreza se redujo del 63% (2004) al 36,4% (2017), más de tres millones de bolivian@s pasaron a la clase media, la economía creció en la última década a un promedio del 5% y espera cerrar 2018 con el 4,7%, el mayor de Suramérica.

Bolivia cubre las necesidades de su pueblo, construye carreteras, escuelas, hospitales y aeropuertos, sistemas de agua potable y de riego, plantas de energía eléctrica e industrializa sus recursos naturales, entre otras obras.

Entonces, una oposición colonialista y clientelar miente cuando dice que el moderno edificio fue construido para Evo, para una persona, craso error político. 

La Casa Grande del Pueblo es el símbolo y consecuencia de una economía que crece sostenidamente, y es el ejemplo de la soberanía e independencia de Bolivia.