Espinal, 50 años en Bolivia

Claudio Sánchez *

El 6 de agosto y el año 1968 tienen para Bolivia un significado especial. No se trata de una fecha cualquiera. En aquel día, hace 50 años, llegaba al país el sacerdote jesuita Luis Espinal Camps. Nadie puede saber si él podía intuir que se convertiría en una figura gravitacional para la sociedad y la cultura bolivianas.
A Espinal se lo suele recordar más en el día de su asesinato; no resulta tan justo que así suceda, porque fue un hombre que amó la vida. Su compromiso y militancia así lo demuestran. Estaba, más bien, en contra de la muerte. Tal vez por eso sus ideas y acción sigan tan vivos hasta ahora.
La herida que provocó su tortura y asesinato ha sido uno de los duros golpes para uno de los campos donde más aportó. Hablamos de la crítica de cine. Al haberse apagado su luz, el año 1980, la camada de críticos que le seguía parece dispersarse, desilusionarse, necesitar —de alguna forma— olvidar la atrocidad del hecho, y para esto no encuentran mejor forma que deshacerse del oficio que los asociaba. Además, las urgencias fueron otras, la última dictadura fue contundente, y lo que vino no fue mejor. Los primeros años de la democracia y su (casi) inmediata incorporación al sistema neoliberal socavaron las estructuras de la reflexión más comprometida, aquella que había impulsado Espinal.
 Entre los años 80 y 90, el sistema institucionalizado intentó por todos los medios dejarnos sin memoria. Y aquí hay que reconocerle algo al pueblo boliviano, y es su capacidad de insistir —a través de la tradición oral— en mantener vivos los recuerdos. No somos un pueblo sin memoria, somos un país que —como lo plantea la propia cosmovisión andina— ve atrás para avanzar.
Aquí y ahora, en un gesto también de rebeldía, ver a Espinal se convierte en un hecho concreto de resistencia frente a la invasión avasalladora de criterios y formas que no nacen en los intereses más profundos de la identificación de valores propios que resignifiquen toda acción en beneficio de la construcción de un ideario nacional. Desde el cine, y por supuesto desde la crítica, se puede alcanzar la plena reflexión sobre  quiénes somos y qué queremos en ejercicio pleno de nuestra ciudadanía, es entonces cuando mantenemos vivo a Espinal, cuando lo convocamos para confirmarle que su lucha no fue en vano.
 
* Crítico de cine