¡Siempre es 26!

Fidel nunca dijo a su pueblo “cree”, sino le dijo “lee”, y los libros cubanos siguen siendo hoy de los más baratos del planeta... 

Por Alan Valdés Reina*
 

Así dicen los cubanos cuando premian un acto heroico o a quien se ha entregado por los demás. La simple mención del número “26” mentalmente les recuerda julio de 1953, cuando 122 jóvenes cubanos, de ellos dos mujeres y todos  encabezados por Fidel, asaltaron los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, clarinada que honra el inicio del himno nacional escrito un siglo antes: “Al combate corred…”
Ese día de 1953, Fidel tenía 26 años cumplidos, el segundo jefe de la gesta, Abel Santamaría Cuadrado, tenía 25 y Raúl, 22. Los demás estaban entre los 17 y los 30. El mayor, excepcionalmente, tenía 36. 
Fueron jóvenes dispuestos a los mayores sacrificios, convencidos de que la revolución sólo se logra si se forja en serio.  Al finalizar el  combate se contaron 80 muertos, la inmensa mayoría asesinados después del enfrentamiento, demostrando que el golpista Batista no era sólo el máximo ladrón de la República, sino también el mayor genocida de sus mejores hijos. 
Después de las muertes en combate de Martí y Maceo a finales del siglo XIX, Cuba ya había padecido tres intervenciones militares yanquis. Resultaba imposible creer que los independentistas lucharan más de 30 años y se sacrificaran tanto para que las únicas abundancias del país fuesen insalubridad, analfabetismo y hambre. 
Los cubanos merecían no ser un burdel infestado de muchas drogas, como los gringos afanosamente los esculpían. 
El 26 de julio, Fidel Castro se dio a conocer en Cuba y en el mundo, y su alegato de autodefensa —“la historia me absolverá”— resultó la descripción más exacta de los males que sufría el país y la receta martiana para resolverlos, citando como inspiración la revolución minera de un año antes en Bolivia. 
A partir de ese día, los cubanos contaban con un manual y un líder para alcanzar la victoria. Aquellos corajudos héroes asesinados no permitieron que murieran los sueños de Martí en el año de su centenario. 
El asalto al Moncada no resultó una victoria militar, pero sí indicó el camino correcto para alcanzar la real y definitiva independencia cinco años, cinco meses y cinco días después. Es por ello que cada 26 de julio se celebra en Cuba oficialmente como el Día de la Rebeldía Nacional.
¿Y después del Moncada qué celebran los cubanos? Pues se enorgullecen, entre muchas otras cosas, que el mulato guantanamero general de Brigada Arnaldo Tamayo Méndez sea el primer cosmonauta de América no nacido en EEUU; que Cuba tenga el lugar 16 en el medallero olímpico universal con 220 preseas, sea segundo lugar en las lides panamericanas y primer lugar de Centroamérica y el Caribe; que el 99,8% de sus mayores de 15 años sepan leer y escribir, que los niños cubanos se vacunen al nacer contra 12 enfermedades; que todo su sistema de salud sea universal y absolutamente gratuito y se practiquen sofisticadas operaciones de trasplantes de órganos y hasta de cambios de sexo; que sus 16 prestigiosas facultades de medicina gradúen anualmente miles de nuevos galenos, muchos de ellos provenientes de decenas de países pobres; que a diferencia de otros países que exportan materias primas o manufacturas, sus mayores ingresos provengan de la exportación de servicios relacionados con el conocimiento (11.543 millones de dólares como promedio anual entre 2011 y 2015); que la industria biotecnológica y farmacéutica sea hoy una absoluta realidad y con exclusividad produzca medicamentos no existentes en ninguna otra parte del mundo. 
Fidel nunca dijo a su pueblo “cree”, sino le dijo “lee”, y los libros cubanos siguen siendo hoy de los más baratos del planeta. Sólo para citar dos de sus más reconocidas y prestigiosas escuelas, Cuba sigue desarrollando su cine y su ballet, manifestaciones culturales que exhibe en el mundo y comparte con los 4,7 millones de turistas que los visitan al año para disfrutar la calidez de su pueblo y las 3.000 playas que poseen. 
La anterior pequeña muestra de desarrollo se ha logrado a pesar del criminal bloqueo económico, comercial y financiero, y toda la hostilidad y agresividad del imperio más poderoso que ha conocido la humanidad. Eso que algunos llaman tozudez política, para los cubanos es simple dignidad. Fue la primera lección aprendida del primer héroe del Moncada, quien inspirado en Martí fue el primero en poner el pecho en el combate. A ése todos lo conocen y sencillamente le dicen Fidel. 
Los pioneros cubanos se llaman “moncadistas” del primero al cuarto grado y usan pañoleta azul. En quinto y sexto, con pañoleta roja, se llaman pioneros José Martí. Desde el primer día de clases, todos siempre, antes de entrar al aula, dicen: “Seremos como Che”. Ésa es “el arma más poderosa” de Cuba y la que más teme el imperio, porque simboliza la rebeldía heredada del Moncada y el internacionalismo que legaron Máximo Gómez y Che Guevara. 
Con esa mezcla patriótica, 350 mil cubanos derrotaron la invasión sudafricana a Angola, liberaron Namibia y extirparon el apartheid de África, heroicidad esparcida en sólo 15 años y que sirvió para tratar de resarcir en parte la deuda de gratitud contraída con el 36% de su población que es negra y mestiza, cuyos antepasados fueron arrancados como esclavos de ese sufrido continente. 
Así también es como sus maestros  alfabetizan en cualquier parte del mundo. La brigada Henry Reeve eliminó el ébola y hay decenas de miles de médicos en los lugares más apartados de la Tierra; de ellos, 764 en los nueve departamentos de Bolivia. Por la felicidad de esos niños es que los cubanos celebran y brindan con alegría cada 26 de julio, practicando el principio martiano de “no dar lo que nos sobra, sino compartir lo que se tiene”, y a la vez de luchar para que la paz se imponga, pero con justicia social.
Para mantener el legado dejado por los héroes del Moncada, el ejemplo de los internacionalistas que imitan al Che y la rebeldía invencible de Fidel, los dignos cubanos siguen brindando con Cuba Libre, elaborado con el ron genuino de su tierra, convencidos de que siempre es 26.  

*Cubano residente en Estados Unidos