La Casa Grande del Pueblo abre sus puertas a la gente

Cerca de las 20.00 de este jueves quedó oficialmente inaugurada la Casa Grande del Pueblo con la participación de cientos de bolivian@s que abarrotaron la planta baja de la moderna edificación que, a partir de ese momento, abrió sus puertas para que el pueblo utilice sus ambientes en el legítimo ejercicio de su derecho como único propietario de la moderna infraestructura.

Tuvieron que pasar 193 años desde el nacimiento de Bolivia, el 6 de agosto de 1825, y fue un presidente indígena, Evo Morales Ayma, quien lideró una gesta histórica que en 12 años de la Revolución Democrática y Cultural enfrentó al colonialismo interno y externo, y lo derrotó. Sí, Evo venció al racismo colonial y republicano, a la discriminación señorial de los habitantes originarios de esta tierra, y a un sistema que tenía como símbolo de poder oligárquico al viejo Palacio Quemado.

Este 9 de agosto quedará como el día en el que millones de bolivian@s cerraron definitivamente una oscura etapa de una historia marcada por el heroísmo de un pueblo que resistió a dictadores de diverso cuño que tomaron a sangre y fuego el viejo palacio, y a presidentes que en democracia gobernaron a favor de intereses ajenos a la patria.

En octubre de 1982 el pueblo recuperó la democracia, expulsó a la última dictadura militar e instaló en la vieja casona de la plaza Murillo a Hernán Siles Zuazo, presidente que sería traicionado por el MIR y derrocado ‘constitucionalmente’ con la reducción arbitraria de un año de su mandato.

La derecha reaccionaria abonó el terreno para volver al poder que disfrutó en las dictaduras (1964-1982). El 6 de agosto de 1985 asumió Paz Estenssoro y el 29 de ese mes, en el Palacio Quemado, promulgó el nefasto DS 21060 que enajenó la riqueza de la patria bajo el falaz argumento de que “Bolivia se nos muere”.

Mentira, Bolivia no se murió ni se morirá mientras el pueblo se gobierne a sí mismo. Ahora bien, el gobierno de Evo recuperó la patria para los bolivianos y generó el más fecundo período de prosperidad del que se tenga memoria, y con la inauguración y apertura a la población de la Casa Grande del Pueblo, Bolivia sepultó definitivamente el viejo Estado colonial, racista, inquilino y excluyente.