La revolución en Uyuni

La lógica es sencilla para un proceso de tantas dimensiones: generar unidad ante la adversidad, lograr el poder sindical, todavía insuficiente, y crecer en el voto, ganar elecciones, obtener el poder político, nacionalizar los recursos naturales y redistribuir el producto de los ingresos incrementados.

Simple, aunque la concreción material de los anhelos suponga una larga y compleja cadena de luchas populares y el sacrificio de vidas, como el que tiñó de posterior tragedia, hace 15 años, el inicio de la insurgencia vecinal alteña contra el paradigma extremo de los gobiernos neoliberales: el gonismo.

Lo ha recordado ayer nuevamente el presidente Evo Morales, cuando inauguraba en medio de los salares altiplánicos la mayor planta de paneles fotovoltaicos del país, consolidando el ingreso de Bolivia a la era de las energías alternativas —a los contaminantes combustibles fósiles y el carbón—: eólica, solar, hidroeléctrica y, más temprano que tarde, geotérmica, hasta alcanzar el impacto hemisférico que suena cada vez más fuerte: Bolivia, corazón energético del sur, exportador y amigable con el medio ambiente, además.

El recuento de lo que Uyuni y sus alrededores obtuvieron en 12 años de nuevo gobierno despeja cualquier eventual duda sobre los beneficios que genera y debe generar aún más el Proceso de Cambio: allí están los diversos tramos, entregados o en pronta conclusión, de la carretera Uyuni-Potosí, con puntos clave como Tupiza y Oruro; la terminal aérea que ha quedado chica para el flujo internacional de turistas que seguramente, ante la oferta cultural y la inmensidad de la geografía, no extrañarán el Rally Dakar.

Uyuni está en la mira del mundo, ha enfatizado el Presidente, y ha anunciado también el estreno, en tres semanas, de la planta de cloruro de potasio, ya concluida con una inversión de 150 millones de dólares.

Sin duda, el crecimiento industrial muestra que el Gobierno está electrificando el país y que hay excedentes exportables de electricidad —a los que se suma la producción de la nueva planta solar— para corroborar que “nos sobra energía” y por lo tanto su abastecimiento está garantizado con mayores fluidos futuros provenientes de las hidroeléctricas y la geotérmica. “Vamos bien, y seguirá yendo mejor todavía”.