No repetir el pasado

La situación de los argentinos empobrecidos por la crisis económica y sus secuelas de inflación descontrolada, carestía recurrente, acaparamiento de productos y eventuales saqueos protagonizados incluso por niños después victimados trasciende las fronteras cotidianamente desde hace varios meses.

Lo hace a tal punto que en varias oportunidades el Presidente se ha referido a los riesgos que pueden implicar para Bolivia la constante migración de divisas o los altibajos del comercio con ese país y el drama de su población humilde, sobre todo, a la que el pueblo boliviano expresa su solidaridad ante los efectos del desempleo y la reducción del poder adquisitivo de los ingresos familiares, que los deja inermes ante la adversidad.

El retorno del neoliberalismo a nuestro vecino del sur ha impactado duramente precisamente en estos sectores populares, altamente vulnerables a las tradicionales políticas de ajuste de los organismos internacionales, que fijan grandes opciones para la remisión de los capitales nacionales periféricos hacia los centros imperiales concentradores de la riqueza mundial, pero que dejan sólo miseria en la fuente de sus opulencias: los países de donde extraen los recursos naturales.

Ciertamente a esa circunstancia se ha referido estos dos últimos días el presidente Morales en Potosí, después de resaltar la excepción boliviana a partir de la nacionalización de sus hidrocarburos, para cuestionar la situación en la que se encuentran las naciones que han retornado al neoliberalismo, como Argentina, ya entregada al Fondo Monetario Internacional, y condicionada en su vida futura por un oneroso préstamo de 50 mil millones de dólares.

Recordar, como lo hizo el Jefe de Estado, la manera en que entre los bolivianos y sus gobernantes mandaban hace sólo 13 años el Banco Mundial y el FMI —que decidían las políticas económicas e imponían estipulaciones para privatizar las empresas estatales y prácticamente chantajeaban a las autoridades en su objetivo de enajenar nuestros recursos naturales— es sencillamente no sólo una lección aprendida, sino un pasado que la ciudadanía no debe repetir. Ello se expresará en las elecciones generales de 2019.