Energía limpia y reservas de gas

Uno de los buenos anuncios gubernamentales recientes está relacionado al desarrollo de las energías limpias, generadas por plantas solares fotovoltaicas, eólicas y geotérmicas, principalmente, es decir  alternativas a las grandes termoeléctricas que queman gas natural y combustibles fósiles y a las que funcionan con base en carbón, éstas inexistentes en el país.

Otro reporte oficial da cuenta de las tarifas bolivianas de electricidad, que se encuentran entre las más bajas de Latinoamérica, tanto para el masivo consumo residencial en los domicilios de las familias, como el extendido uso industrial —mucho más barato todavía— de grandes complejos como el teleférico o el sistema de factorías manufactureras y comerciales, a las que se suman, desde que vieron la conveniencia de hacerlo, los talleres y microempresas.

La paulatina incursión del Estado en la generación de energías limpias, entre las que se incluye, aunque no del todo, a las hidroeléctricas, sujetas a la crítica medioambiental, permite sustituir, por una parte, el consumo de las reservas gasíferas como materia prima para generar una energía convencional generalmente cuestionada en su rendimiento, eficiencia y pérdidas, y, por otra, reducir las emisiones contaminantes.

Y es ahí donde encajan perfectamente las perspectivas nacionales de producción de energías limpias, pues de inyectar actualmente 70 megavatios de fluido alternativo, en 2025 su aporte ascenderá a 450 MW, casi un cuarto de la energía general producida hoy en Bolivia.

Motivos adicionales para reducir paulatinamente el uso masivo de combustibles fósiles altamente contaminantes para la atmósfera de las ciudades del eje central —productoras con su parque vehicular, de esas grandes cantidades de hollín que los vientos amazónicos trasladan a la cordillera devastando los glaciares— y simultáneamente no malbaratar los reservorios de gas, tendiendo más bien hacia su industrialización y mejor valor exportador, como se ha hecho desde el año pasado en la planta de urea de Bulo Bulo, y se hará con los complejos petroquímicos para fabricar plásticos blandos y duros.