Evangelización, reciprocidad y mitayos en las naciones originarias

 

Cambio

El proyecto, que contempla una muestra fotográfica de objetos y una instalación, plantea elementos historiográficos y sociales relativos al descubrimiento de la riqueza argentífera en el Cerro Rico de Potosí, que llevó a la corona española a emplear todos los métodos posibles en la extracción de minerales.

De conformidad con los documentos de investigación de los organizadores,  la muestra refleja la vida cotidiana de clases y segmentos sociales dominados en el período colonial, compuestos entre otros por los hatunrunas, dedicados a oficios de pescadores, pastores, artesanos, y agricultores.

También los mitimaes, grupos de trasladados desde otras zonas geografías, constituidos por personas migrantes obligadas y extraídas de sus comunidades por autoridades para cumplir funciones  económicas, sociales, culturales y políticas.

Igualmente los yanaconas, servidores perpetuos del inca a cargo del cuidado del ganado de los nobles, la pesca, alfarería y la construcción. 

Los piñacunas o piñas, del mismo modo constituido por esclavos de cocales, con el antecedente de haber sido  prisioneros de guerra o ser rebeldes al imperio incaico.

El contexto económico y cultural es la efectivización del tributo con un sistema de  turnos de trabajo llamado mita.

La mita era un sistema de trabajo obligatorio por turno, como forma de pagar una especie de impuestos: cada año los mitayos destinaban algunos meses a trabajar para el imperio, ya fuera  en las minas, en las construcciones u otras áreas de trabajo.

En su composición y organización social, los pueblos practicaban los principios de reciprocidad y complementariedad, a través del ayni, una costumbre de trabajo para el otro; la minka, con dedicación a faenas colectivas en construcciones comunes y otras, el arreglo de sistemas de agua, el recojo de la cosecha y la apertura o mantenimiento de caminos.

LA MITA TOLEDANA

Observando estos asuntos el virrey Toledo  implementó hacia 1572-1575 el sistema de la mita andina en favor del imperio hispano, convirtiéndolo en  un sistema de trabajo forzado y de sometimiento de los indígenas obligados a  enviar a todos los varones entre los 18 y 50 años para cumplir con trabajos en Potosí, sea dentro de las minas, en los ingenios o en la acuñación de monedas.

Consolidado el dominio español sobre las posesiones mineras en Potosí, primero en las minas de Porco y luego en el Cerro Rico de Potosí, los réditos eran para beneficio de la corona española, según documentos testimoniales que reflejan la riqueza argentífera del famoso Sumaj Orko.

La muestra artística refleja aspectos relativos a los procesos de explotación, con tecnología artesanal local muy simple —las huayras, por ejemplo, como sistema doméstico de fundición de plata en hornos pequeños con aberturas hacia los vientos— y el reclutamiento forzoso de grandes contingentes de mano de obra para el trabajo rotatorio en las minas, que consistía en un servicio obligatorio, aunque no de esclavitud ya que se trataba de una labor remunerada, escasamente por cierto, pasando con el tiempo de una etapa artesanal a una escala industrial.

Trabajaban seis días de la semana, de lunes a sábado, y descansaban el domingo, “día del Señor”. 

Sin embargo, se les pagaba sólo por cinco días, pues además de las diversiones y los excesos del fin de semana, el lunes se perdía en la organización y reunión de los mitayos integrados por ocho a diez personas en las canchas del Guayna, que eran grandes espacios asignados a la diversas naciones: carangas, qaraqaras, charcas, soras, quillacas, asanaques, etc., sin contar a los que provenían de La Paz o del norte del lago Titicaca, o del Cusco y sus alrededores.

DIVISIÓN DEL TRABAJO

Los trabajos eran divididos entre los barreteros, encargados de hacer caer el mineral en grandes trozos de roca, que eran partidos a golpes en pedazos más pequeños, los brociris, y una vez broceado el mineral era arrastrado hasta la bocamina, donde el apiri lo recogía para llevarlo hasta las canchas, en las que se controlaba toda la producción. 

Este trabajo del apiri fue absorbido por los cumuris, que con sus llamas realizaban el traslado del mineral a las canchas. (MNA)

El Tatacachu

La galería en la que nos encontramos es una especie de pequeña capilla. A los costados hay dos asientos tallados en la roca, frente a nosotros se ve como un pequeño altar, y en éste un nicho con el Tatacachu adentro. El Tatacachu es una imagen de Cristo crucificado, adornado con cintas y serpentinas, que se colocan para el Carnaval. Tatacachu es muy importante en la mina. Sin su presencia, los mineros no podían trabajar. Y Tatacachu mantiene a raya y dentro de la mina a su terrible dios, el Tío, divinidad casi infernal, temido y amado por los mineros. Carlos explica cómo rendir homenaje al Tatacachu, ofreciendo hojas de coca en el altar. Mientras él sigue hablándome sobre el Tatacachu y sus rituales, decido recurrir a las hojas de coca, tener que ir a los túneles y apoyar el esfuerzo de correr casi como lo hacen los mineros. Me doy cuenta de que, de lo contrario, no podría soportar la tensión y la dificultad de moverme rápidamente en un entorno casi sin aire.

En esta larga pausa en la galería, Carlos me cuenta sobre las leyendas del Cerro Rico y el ritual del Carnaval. Es en esta fiesta que el Tatacachu es sacado de la galería y llevado a la iglesia para una ceremonia religiosa. Durante una semana, el Tatacachu se quedará fuera de la mina, y luego los mineros tomarán un descanso del trabajo. En ese lapso, sin embargo, los mineros no salen del cerro. Junto con las ceremonias con Tatacachu ofrecen sacrificios frente a la bocamina. Los mineros mayores matan a las llamas, y luego rocían con su sangre la entrada de la mina y las chozas de los alrededores, donde se reúnen y guardan sus herramientas. Sólo al final de la semana de Carnaval, cuando el Tatacachu regresa a su capilla-galería, traído y acompañado por miembros de la cooperativa, el trabajo puede reanudarse. (Tomado de Potosí - La città d’argento e l’inferno delle sue viscere 20-23.07.2010, en: http://suoleirrequiete.blogspot.com/2010/12/potosi-la-citta-dargento-e-l...)

Solidaridad y compensaciones en las naciones originarias

La exposición sobre los mitayos y el cerro rico recupera también los principios de reciprocidad de las naciones originarias durante el coloniaje, e integra diversos objetos y herramientas de la época, además de una instalación que plantea elementos historiográficos y sociales relativos al descubrimiento de la riqueza argentífera en el antiguo territorio de los qaraqaras.
Llegó a La Paz gracias a un esfuerzo conjunto de la Casa Nacional de la Moneda, el Museo Nacional de Arte y la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (BCB), y tiene lugar en los espacios museográficos del Taypi Q’atu, del MNA, una casona dieciochesca que albergó a una de las mayores fortunas de La Paz hacia 1790, la del comerciante y cocalero Tadeo Diez de Medina y Mena.
Esta exhibición provoca una reflexión sobre la Colonia y las naciones originarias. Se destaca la historia de la mita, un sistema de trabajo obligatorio por turnos que se hacía como forma de pago de impuestos.
Cada año, los mitayos destinaban algunos meses a trabajar para el imperio, ya sea en las minas, en el ejército, en las construcciones u otras áreas de trabajo.
Sin embargo, los pueblos no dejaron de practicar los principios de reciprocidad y complementariedad a través del ayni, una costumbre de trabajo, y la minka, remarca José Bedoya, director del MNA:
Esta es una exposición que ha sido preparada por la Casa Nacional de la Moneda, una especie de trabajo previo para convertirse en el museo de la historia económica del país, y para ello hay varios procesos de investigación que se están llevando a cabo. La historia de la mita es fundamental para entender toda la trayectoria colonial y precolonial del país; cómo después, con las transformaciones políticas y sociales,  se va transformando el trabajo en la mina.

¿Contexto, sólo colonial o hay elementos indígenas?

El MNA acoge esta exposición de un museo hermano como el potosino, sin embargo, puedo decir que abarca lo republicano, incluyendo toda la etapa del estaño, la nacionalización de las minas, pero además hay el enfoque económico, social y mitológico de la mina. Como todos sabemos, existen hitos importantes como es la base de la religiosidad minera, el Tío de la mina, el Tatacachu y otros símbolos centrales de estas tradiciones. En la concepción andina se pide permiso a las divinidades de la mankapacha para explotarla y también se le rinde tributos, se las alimenta para que ellas nos devuelvan en riqueza, en el caso de este sector productivo, en mineral.

¿Respondió el público?

Es una muestra interesante porque es fundamental para entender nuestra historia minera del país, porque somos un país de esencia minera. Es una exposición con un sentido didáctico y en ese sentido es la propuesta. Aparte de observar algunos aspectos estéticos, en general la exhibición es un dispositivo didáctico que cumple su propósito. Finaliza este 30 de septiembre y veremos si se amplía.  Hubo visitas programadas con colegios, también visitas espontáneas, yo creo que este tipo de exposiciones son muy útiles para trabajar en la educación. (Javier Prado).