La victoria de Bolivia en La Haya

Juan Carlos Zambrana Marchetti

“Chile no tiene obligación jurídica de negociar con Bolivia”, fueron las históricas palabras con que la Corte Internacional de Justicia cortó de raíz un sueño boliviano que estaba creciendo demasiado. 

Este fallo ratifica en pleno siglo XXI una injusticia propia del siglo IXX, perpetrada por la voracidad desmedida de un imperio (Inglaterra) y su capacidad para implantar sus intereses comerciales, y su modalidad de despojo,  a un pueblo latinoamericano como Chile para juntos despojar a un pueblo pacífico como Bolivia no sólo de inmensas riquezas naturales, sino además de su salida soberana al mar.

Si este fallo impone la injusticia es simplemente porque esa ‘Corte’ no fue creada para impartir justicia, sino más bien como un sistema legal internacional diseñado para ratificar la letra muerta de los tratados de ‘paz’, mediante los cuales los vencedores les imponen todo el rigor de su soberbia a los vencidos por más injustas que hayan sido las guerras que los enfrentaron. Por un mínimo respeto a la humanidad, esta ‘Corte’ tiene que cambiar de nombre. Nada de Corte ni de Justicia porque el nombre correcto es ‘Tribunal de Interpretación de tratados’.

Con respecto a Chile, no hay mucho que decir, ya que nada ha ganado ni perdido. Más bien vuelve a sentirse cómoda en su lema nacional de “por la razón o por la fuerza”… pero más que todo por la fuerza.

Sobre Bolivia, por el contrario, hay mucho que decir, ya que este resultado adverso tiene enormes consecuencias no sólo para su política exterior y su política interna, sino también para la vida misma de ese pueblo humilde que hoy vuelve a sentirse despojado.  

De hecho, Bolivia también ganó con este fallo porque es equivalente a la bofetada en la mejilla que nos hace despertar de un sueño psicótico para obligarnos a ponerle atención a la realidad de nuestro entorno. Nos despierta y nos obliga a contemplarnos detenidamente para recordar lo que somos y adónde vamos.

Los bolivianos, hoy por hoy, somos el pequeño pueblo eternamente saqueado que logró librarse de las garras de un sistema mundial diseñado para justificar el saqueo transnacional. La nación de indios y mestizos que logró vencer al colonialismo y a la ‘democracia’ títere para atreverse a ser gobierno. Bolivia tiene el gobierno plebeyo que expulsó a las agencias del imperialismo para terminar con el saqueo y empezar a gobernar en beneficio de su propio pueblo. Es el gobierno que batió todos los récords de crecimiento económico sostenido, integración social y reivindicación cultural con un modelo mixto de capitalismo con responsabilidad social y con una participación social productiva. El pueblo ahora tiene un modelo de desarrollo que es reconocido internacionalmente.

Pero por sobre todo, Bolivia es el referente mundial para los pueblos explotados, sobre relaciones internacionales. Bolivia inspira a otros pueblos a defenderse del imperialismo y a sostener con orgullo la soberanía nacional. El mundo necesita el liderazgo de Bolivia porque sin ese ejemplo de pueblo valeroso, nuestra América se llenará de naciones títeres que traicionan al legado de nuestros libertadores, aceptando bases militares extranjeras para lanzar, desde allí, nuevos ataques a pueblos soberanos.

Bolivia, después de la ratificación de la injusticia en La Haya, es más valiosa que nunca para el mundo por su indomable espíritu de lucha democrática contra la injusticia.