Soberanía y dignidad bolivianas frente a la oligarquía chilena

Eduardo Paz Rada / Sociólogo y docente de la UMSA

Un nuevo episodio, marcado por el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, se ha producido en las conflictivas relaciones entre Chile y Bolivia, que tienen como origen la invasión militar chilena alentada por el imperialismo inglés en 1879 para explotar los ricos yacimientos de salitre y guano en el Litoral boliviano, lo que provocó el enclaustramiento marítimo, convertido en símbolo internacional de injusticia respaldada por la violencia de las armas.

Durante cinco años, la demanda legal presentada en 2013 por el gobierno de Evo Morales Ayma —que pedía diálogo para superar un conflicto internacional— se asentó en el tribunal internacional con la exposición de memorias y contramemorias, alegatos y contraalegatos de las partes, y que culminó con una interpretación jurídica unilateral y pragmática del Tribunal, dejando de lado la jurisprudencia previa y los fundamentos de la convivencia pacífica internacional, a pesar de reconocer que Bolivia se creó con una amplia costa en el océano Pacífico y la necesidad del diálogo.    

Si bien la decisión de la CIJ del 1 de octubre último, que sostiene que “Chile no tiene ninguna obligación de negociar con Bolivia una salida soberana al océano Pacífico” en función de los argumentos esgrimidos en el proceso, ha sorprendido a chilenos, bolivianos y a la comunidad internacional, el problema central de las relaciones entre los dos países se mantiene incólume. La sorpresa fue muy grande, tanto que el Gobierno chileno había preparado una ofensiva discursiva con el argumento de no ceder un milímetro de la soberanía de su territorio, y su presidente, Sebastián Piñera, se negó a estar presente en la sede de la Corte. 

En Bolivia se generó un marcado desconcierto, puesto que se esperaba una decisión que tome en cuenta los hechos históricos, las conversaciones y acuerdos verbales entre las partes durante todo el siglo XX, los compromisos de las autoridades chilenas de resolver el problema del enclaustramiento y la necesidad de encontrar justicia. En la mayoría de la población boliviana, en particular de los sectores populares y nacionalistas, se reafirmó el espíritu patriótico por el derecho marítimo, en tanto que algunos sectores políticos y mediáticos manifestaron que las gestiones legales internacionales fueron mal desarrolladas.

ENFRENTAR EL COLONIALISMO MENTAL

El colonialismo mental de quienes pretenden utilizar mediocremente el resultado de La Haya contra el Gobierno popular es ya una tradición histórica de los sectores de la oligarquía boliviana, sus gobiernos y sus voceros, los que durante dos siglos han servido a los intereses de la oligarquía chilena y han enajenado el país y los recursos naturales a favor de las grandes corporaciones imperialistas, y no solamente el guano y el salitre, sino el cobre, la plata, el estaño, la goma y los hidrocarburos.

Corresponde recordar que “la resistencia y la persistencia” son las características del movimiento indígena aymara, quechua, guaraní, chiquitano y mojeño y de todo el pueblo boliviano que, después de siglos de la dominación colonial e imperialista,  ha conseguido dar un salto histórico monumental desde la rebelión de octubre de 2003 y el ascenso de una democracia participativa desde 2006, y así comenzar un proceso de liberación nacional-popular.

El liderazgo de Evo Morales, expresado en el apoyo masivo y movilizado en todas las regiones del país y en tres elecciones sucesivas con resultados de 54%, 64% y 61%, le permitió conseguir un consenso nacional sobre la base de la construcción y defensa de la soberanía y la dignidad nacionales como principios fundamentales tanto en el ámbito interno como en el internacional. En ese contexto, el Gobierno chileno ha estado y está en el banquillo de los acusados en los últimos 12 años también por su política neoliberal y por la entrega de los recursos marítimos y los puertos a corporaciones privadas.

Con paciencia, Bolivia, desde el momento que asumió la presidencia Morales en 2006, cambió las orientaciones de la política internacional del país y, en el caso del conflicto con Chile, inició el diálogo abierto con sus autoridades máximas, a pesar de no tener relaciones diplomáticas: invitó al presidente Ricardo Lagos a su posesión el 22 de enero de 2006 y tuvo un encuentro en su vivienda horas antes de este acto; posteriormente, Lagos retribuyó la invitación y Morales estuvo, en marzo de 2006, en la posesión de Michelle Bachelet, con quien desarrolló una agenda muy importante.

LIDERAZGO Y ESTRATEGIA BOLIVIANA

En esa oportunidad, el Presidente boliviano asistió en Santiago de Chile a diversos actos públicos con sectores populares, entre ellos un mitin en el Estadio Nacional, en el cual recibió la solidaridad y el apoyo de dirigentes sociales, políticos de izquierda e intelectuales a la demanda de “mar para Bolivia”. Posteriormente, en el marco de las cumbres presidenciales de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), entre otras, se abrieron mesas de negociación que establecieron una Agenda de 13 puntos, incluido el tema de la demanda marítima. El papa Francisco se pronunció a favor del pedido boliviano.

A pesar de los avances realizados con Bachelet y Piñera, en su primer mandato, este último desarrolló una táctica de dilación y distracción suspendiendo varias reuniones bilaterales en 2011, al parecer por las fuertes presiones de los sectores más conservadores de la Armada y la oligarquía chilenas, situación que obligó al gobierno de Evo Morales a recurrir al Tribunal de La Haya.

Una primera reacción del Gobierno de Chile fue rechazar, en julio de 2014, la jurisdicción de la CIJ para conocer el asunto; sin embargo, después de varios alegatos de las partes, la Corte se pronunció en sentido de tener competencia sobre la petición boliviana. Esta decisión desconcertó a las autoridades chilenas y generó optimismo y beneplácito en Bolivia.

La presentación de la memoria boliviana y la contramemoria chilena, las audiencias orales de réplica y dúplica, realizadas en La Haya durante los últimos tres años por los equipos jurídicos nacionales e internacionales de ambas partes, se dieron en el marco de una fuerte polarización de declaraciones y discursos de las autoridades de los dos países que llegaron inclusive a conflictos de frontera, a la disputa por las aguas del manantial Silala (que generó otra demanda de Chile contra Bolivia en La Haya) y a ejercicios militares a ambos lados de los límites. En el caso chileno, estos ejercicios, “Estrella Austral 2018”, realizados en agosto último, contaron con la presencia de militares de élite de Estados Unidos. El episodio de la Corte terminó el 1 de octubre de 2018. 

En la experiencia histórica reciente, los procesos de integración latinoamericana y caribeña de la década 2006-2016, con  CELAC, Unasur, ALBA, Mercosur, al margen de Estados Unidos, fueron la mejor instancia de acercamiento de gobiernos y pueblos para avanzar en la solución de problemas bilaterales, y abrieron el campo estratégico de la integración y unidad de la Patria Grande para el siglo XXI pensadas por Bolívar, San Martín y O’Higgins, y hoy están más vigentes que nunca.