Octubre Negro y el cinismo de Goni

 

El descaro de Gonzalo Sánchez de Lozada, el otrora ícono del neoliberalismo, no tiene límite. Además de haber sido parte de la maquinaria del terror instalada desde el Estado en 2003, en Bolivia; de haber causado más de medio centenar de muertes y otro medio millar de heridos de bala en la llamada ‘guerra del gas’, hoy pretende que sean las víctimas —y sus abogados— las que paguen el juicio que se le instauró en Estados Unidos.

Bajo la figura de “daños y perjuicios”, Sánchez de Lozada y su ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín —ambos prófugos de la justicia boliviana y protegidos por el Gobierno de Estados Unidos—, pretenden seguir lucrando, esta vez con el dolor de los bolivianos.
El pueblo está en vísperas de recordar los días más oscuros de la vida democrática boliviana que se tradujo en una verdadera masacre en la ciudad de El Alto. Aquellas jornadas previas a la fuga del expresidente neoliberal estuvieron manchadas de sangre de bolivianos inocentes, de dolor de madres que quedaron viudas y de hijos que quedaron huérfanos.

Las calles y casas de El Alto fueron impactadas por el fuego a discreción de las fuerzas militares desplazadas por orden del ‘Zorro’ Sánchez Berzaín. Aún quedan huellas de aquel Octubre Negro. Entonces Bolivia entera dijo basta, “ni un muerto más”, y tomó las calles para exigir la renuncia de Sánchez de Lozada, que persistía en aferrarse al poder, luego de cerca de un mes de protestas sociales que terminaron por restar toda legitimidad a un Gobierno que había decidido matar a un pueblo que defendía el gas y se negaba a su venta por Chile hacia Estados Unidos.

Han pasado 15 años desde esas fechas luctuosas. Y también pasaron algunos meses desde que la Corte Federal de Fort Lauderdale estableciera que Goni y sus cómplices fueron responsables de las muertes de familias alteñas fruto de la represión militar, por lo que —en primera instancia— fueron conminados a pagar 10 millones de dólares a las víctimas, aunque el juez James Cohn revirtió la decisión de manera sospechosa.

Los autores de los crímenes de octubre de 2003 y quienes fueron parte de aquella estructura no respetan a los muertos ni a la patria.